Las causas importan: más allá de la crisis de refugiados en Europa

Inmersos de lleno en la actual crisis de refugiados, nuestros medios se están volcando en informar y analizar sobre lo que sucede en la Unión Europea (UE) sin prestar excesiva atención, con algunas excepciones notables, a lo que sucede en los países de origen de estos refugiados. Más preocupante es que puede decirse lo mismo de la UE y sus 28 Estados miembro. Centrados en la búsqueda de soluciones cortoplacistas para dar respuesta -de momento sin éxito- a la situación de los refugiados que están en Europa, no se han planteado acciones que intenten paliar las causas que generan estos flujos de personas que huyen de la violencia y la inestabilidad en varios países de África y Oriente Medio.

Estos días se habla básicamente de Siria, cuya crisis humanitaria dura ya cuatro años con un claro impacto regional, que ahora afecta también a Europa. Pero erramos en el diagnóstico si asociamos la actual crisis de refugiados solo a Siria. Yemen, Sudán, Somalia, Eritrea, Sudan del Sur, Nigeria, República Centroafricana o Irak, son países que también están alimentando la peor crisis de refugiados y desplazados desde de la II Guerra Mundial y que afecta de lleno a Europa. Parece pues necesario intentar buscar respuestas globales a una crisis de refugiados que también lo es.

Hasta la fecha, el debate en la UE se está centrando básicamente en cómo gestionar las fronteras exteriores y en qué hacer con parte de los refugiados que han llegado a suelo europeo. El debate sobre la necesidad de avanzar en una política de asilo europea se ha quedado fuera de una agenda en la que la prioridad está centrada en las cuotas de personas a las que reubicar. Pero más allá de los deberes pendientes ‘en casa’, la UE y la comunidad internacional en general, debe empezar a pensar también en acciones en origen, que intenten dar respuesta a las razones por las que millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares, huyendo de situaciones de violencia extrema y vulneración generalizada de derechos. 8,3 millones de personas solo en 2014 en África y Oriente Medio.

Cada conflicto o crisis requiere de soluciones específicas y meditadas, que atiendan los retos de forma inmediata y en el medio y largo plazo. Pero todas estas situaciones comparten unos lineamientos comunes basados en propuestas de índole humanitaria, de seguridad y de política exterior que, sin animo de exhaustividad, deberían empezar a considerarse.

Así, se debería garantizar de modo prioritario la asistencia humanitaria de todos los refugiados tanto en territorio europeo como en África y Oriente Medio. En los últimos años, Naciones Unidas ha lanzado diversas alertas mundiales ante la falta de fondos para atender a los miles de refugiados y desplazados generados por el aumento de la violencia. En Siria solo se ha recaudado el 37% de los fondos necesarios para asistir a la población civil. No es el primer año que esto sucede. En Yemen no se ha alcanzado ni el 20% de los fondos, en un conflicto de máximo nivel humanitario internacional. Es urgente la convocatoria de una conferencia internacional de donantes para refugiados, y no sólo de sirios como propone Noruega (aunque haya que felicitarse por la iniciativa). Esta asistencia humanitaria además debe ir acompañada por, esta vez sí, de un operativo naval europeo de salvamento en el Mediterráneo, con recursos y fondos, y cuyo ámbito de actuación sea al menos el mismo que la operación Mare Nostrum implementada por Italia entre 2013 y 2014. El número de muertos y desaparecidos estos últimos dos años no admite más dilaciones.

La creación de corredores humanitarios debería ser otra apuesta clave que la UE debe hacer suya, bajo el paraguas de Naciones Unidas, y cuya función básica sea la de suministrar ayuda humanitaria y la evacuación de población civil víctima de la violencia. Dada la naturaleza de la mayoría de conflictos actuales tendrá que verificarse si estos corredores humanitarios cuentan con la autorización de todas las partes implicadas en el conflicto. La militarización de estos corredores humanitarios o la necesidad de establecer zonas de exclusión aérea para garantizar su seguridad no debería quedar descartada, lo que requeriría un acuerdo entre los Estados miembros que no se ha dado hasta la fecha. Del mismo modo, sería necesario abordar la posibilidad de crear zonas de seguridad y bajo qué condiciones. Anteriores precedentes de infausto recuerdo para Europa no debería eximirnos de explorar esta opción en conflictos como el de Sudán del Sur, Siria o Yemen.

Y en todos ellos debería plantearse de forma inmediata el embargo en el comercio de armas. La industria armamentística europea y norteamericana está agravando conflictos que posteriormente requiere de la respuesta y recursos de nuestros propios gobiernos y sociedades.

La apuesta por el multilateralismo de la UE, defendida por la alta representante Mogherini desde el inicio de su mandato, debería acompañarse de una ofensiva diplomática con el fin de recabar apoyos de la comunidad internacional para, caso por caso, plantear propuestas concretas de resolución de conflictos. La UE, siendo conscientes de sus limitaciones actuales, debería tener voz propia en la escena internacional. Y seguramente debería, aunque le cueste, retomar el diálogo con Rusia, especialmente sobre Siria. Es importante reforzar alianzas con instituciones regionales e internacionales para dar respuesta a corto plazo a la crisis de refugiados, y repensar soluciones o iniciativas en el medio y largo plazo de resolución de conflictos. Por contra, no es admisible el apoyo a lideres dictatoriales, como en Eritrea, Gambia o Sudan, para que ayuden en el control de determinados flujos, cuando sus regímenes son uno de los causantes de otros.

Estas son algunas de la muchas propuestas en las que la UE debería haber empezado ya a trabajar y actuar. Es evidente que la actual crisis de refugiados no va a solucionarse en un corto espacio de tiempo. Pero también resulta clave entender que, sin atajar las causas, la crisis de refugiados puede alargarse en el tiempo. Europa no debería seguir mirándose el ombligo.

Sergio Maydeu, Analista de Relaciones Internacionales, también es autor de este artículo

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1 Comentario

  1. jose luis pinilla
    jose luis pinilla 10-04-2015

    podría reproducir el articulo en la Revista Ventana Europea dedicada a informar a los emigrantes de habla hispana de las misiones católicas en Europa? http://www.ventanaeuropea.es/Blog/index.php/staff/

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