Larga vida a la Universidad presencial

Los economistas son expertos en explicar con precisión por qué se han equivocado en sus previsiones. Soy economista. Se me propone y me propongo reflexionar sobre la Universidad del futuro (previsión) y del impacto de la digitalización y la tecnología (previsión con prospectiva). Me releeré con curiosidad dentro de 10 años.

¿Hacia la obsolescencia de la institución universitaria?

De igual manera que en otros sectores de actividad, cuando se considera el futuro de la institución universitaria, atacada por la transformación tecnológica, emerge en algunos la pregunta última: ¿sobrevivirá? Es una pregunta legítima, porque la respuesta negativa no es descabellada. Algunos expertos en educación o en tecnología auguran la desaparición de la Universidad. Si eso sucede será porque la formación superior dejará de ser el espacio y el tiempo adecuado donde prepararse para afrontar los retos profesionales e intelectuales de mañana, dejando el paso a otras organizaciones más flexibles y adaptadas a ese rol.

Muchos seguimos con gran interés el desarrollo de los MOOC, los Massive Open Online Courses, con el crecimiento en cantidad, calidad y atractivo de materiales y contenidos en la plataforma de referencia internacional Coursera, y los buenos pasos adelante que da la plataforma orientada al mundo iberoamericano, Miriada X. Su impacto formativo positivo es ya una realidad.

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Los MOOC no son ahora sustitutos directos de la formación impartida en la Universidad, pero sí que muestran cuáles son las grietas que pudieran hacer tambalear, o al menos redefinir, el perfil de esta institución casi milenaria. Sus elementos distintivos frente al método presencial de enseñanza y acreditación de conocimientos dan las pistas sobre los ingredientes que podrían configurar la formación superior de pasado mañana.

  • ‘No rivalidad’ de uso. Los economistas definimos los bienes técnicamente privados cuando son rivales y excluibles. Rivales porque el consumo por parte de un usuario impide que lo consuma otro. Excluibles porque permiten sistemas control de acceso en su producción y consumo. Si hay no rivalidad, una vez que se ha producido el servicio lo pueden consumir tantos usuarios como se quiera. La Enseñanza Superior tiene un cierto componente de no rivalidad. Pero el aula es el límite para la enseñanza en Universidad presencial. Ese límite desaparece con los MOOC. Es la m de Massive. Un curso online lo pueden consumir básicamente al mismo coste un estudiante que ocho millones. Son los ocho millones de usuarios matriculados hasta 2017 en la asignatura Machine Learning en Coursera, a cargo de Andrew Ng, profesor de la Universidad de Stanford. Esos contenidos online pueden, por tanto, redefinir totalmente la estructura de costes del producto enseñanza universitaria.
  • Evaluación externa de calidad. Si el curso está disponible en línea, cualquiera puede acceder a los contenidos que conforman ese curso. Esa visibilidad permite evaluar y diagnosticar cada MOOC de manera completa y transparente.
  • Comparabilidad de calidad. Los MOOC pueden ser desnudados ex ante, ya que todos los contenidos y exigencias están visibles en la red. Y son evaluados ex post por los que han cursado la asignatura. Es cierto que eso también sucede (afortunadamente) en cursos presenciales, pero la diferencia estriba en que para los online el resultado de la evaluación es siempre pública y proviene de fuentes abiertas, de estudiantes de todo el mundo. Eso aumenta la comparabilidad de resultados. A ello hay que volver a añadir la m de massive. El curso ya mencionado de Machine Learning ha sido calificado ya por más de 515.000 estudiantes, que le asignan una nota media de 4,9 sobre 5.
  • Acceso al mejor contenido. Los MOOC introducen en el sistema de Educación Superior la oportunidad de acceder al mejor contenido docente del mundo, con criterios de validación medibles. Los mejores de cada asignatura se convertirían así en lo que ahora son los manuales de éxito y uso internacional. Es entonces cuando empiezan las cuestiones que dan vértigo: si se puede recibir formación con los profesores más didácticos del mundo, con un coste de producción casi nulo, ¿por qué consumir docencia de segundo o tercer nivel, a un coste real alto, vía matrícula o impuestos?
  • Autogestión de tiempos y ritmos. Frente a la formación presencial, atada a horarios y plazos innegociables, la formación online permite la gestión personalizada de los conocimientos impartidos y de los trabajos a realizar. La flexibilidad es otro gran factor diferencial.
  • Autogestión de contenidos y recorridos. La flexibilidad se extiende no sólo a la gestión de una asignatura, sino a la de las asignaturas a cursar y, por lo tanto, del recorrido personal a seguir. La personalización formativa es, en general, muy limitada en la formación presencial. Si el foco se pone en la titulación, la flexibilidad no aporta valor. Si se pone en la formación, puede aportar un tremendo valor añadido.

El conjunto de pistas ligadas al desarrollo de los MOOC anuncian, por tanto, algunas de las transformaciones que puede experimentar la enseñanza universitaria. Los contenidos impartidos en la Universidad tenderán a convertirse en commodity, un producto que puede consumirse indistintamente en cualquier fuente y origen. Es improbable que el producto local físico (Universidad presencial local) sea el elegido, cuando se puede alcanzar ese mismo contenido a un coste muy inferior y con una calidad superior. Por supuesto, se pueden plantear y diseñar barreras legales y administrativas para impedir la huida. Esa protección de lo local trae su propia penitencia: formarse con peores contenidos o peor transmisión de conocimientos, a un coste social mayor, frente a aquellos estudiantes que en sistemas abiertos estarán recibiendo una formación de mayor calidad e impacto. La resistencia es o inútil o perniciosa.

Larga vida a la universidad presencial

Todos los elementos reseñados conspiran contra la enseñanza presencial, y tienden a anunciar un previsible jaque mate a la Universidad-edificio.

Sin embargo, mi diagnóstico y previsión es que a la Universidad presencial le queda mucho tiempo de vida, con transformaciones. Aunque pueda parecer paradójico, su ventaja competitiva principal frente a la digital es la rigidez que impone la formación presencial atada al espacio y al tiempo. En la presencial una parte esencial de la transmisión de conocimientos o de la puesta en común sucede en el aula con la presencia (y, normalmente, interacción activa) de docentes y estudiantes.

Impartir conocimientos de manera física en un aula es lo opuesto a la flexibilidad de lo online: la clase se imparte a una hora y en un lugar concreto en el que hay que estar. La experiencia que tengo del mundo universitario presencial y del ámbito de los MOOC es que esa rigidez no es una debilidad, sino que para la formación del común de los mortales es una fortaleza. La razón experiencial es clara: la flexibilidad que aporta la formación en línea obliga al estudiante a una toma de decisión constante sobre el cuándo, el cuánto y el cómo para cada clase que debe cursar. Y la respuesta muchas veces es: después. Tal negociación interna no existe en el mundo presencial: la única decisión posible es ir o no a la clase; lo que lleva  a asumir las sanciones, y eso empuja a asistir. En la decisión ‘online’ no se renuncia, sino que se posterga. El resultado final es que la tasa de abandono de los cursos empezados en Coursera es enorme (en torno al 95%), mientras que la de los presenciales es mucho menor. La formación en línea está diseñada para superhéroes con fuerza de voluntad para resistir a todas las solicitudes de la vida del joven que se confabulan contra el estudio. La presencial, para proteger y preservar el interés formativo del humano medio. La tecnología y lo digital lo transformará casi todo, pero afectará de manera muy limitada a la fuerza de voluntad y a los hábitos de trabajo y esfuerzo de los jóvenes.

Las ventajas competitivas de la Universidad presencial

Tras salvar a la Universidad presencial, todo lo dicho permite identificar cuál puede ser su lugar propio en ese conflicto seguro entre dimensión analógica y dimensión digital.

La Universidad del mañana debería integrar de manera pacífica la mejor docencia online como herramienta de aprendizaje complementaria dentro y fuera del aula. Desempeñará un papel insustituible cuando lo que suceda en el aula no pueda ser reproducido en un curso masivo en línea. Y eso pasa fundamentalmente por la interacción rica entre docentes y alumnos.

La lista de las habilidades más relevantes en 2020, según el informe The Future of Jobs (WEF, 2016) es una buena hoja de ruta para configurar el papel que se puede asignar al espacio de aprendizaje en el aula:

  1. Resolución de problemas complejos.
  2. Pensamiento crítico.
  3. Creatividad.
  4. Gestión de personas.
  5. Coordinación.
  6. Inteligencia emocional.
  7. Criterio y toma de decisiones.
  8. Negociación.
  9. Flexibilidad cognitiva.

Esa Universidad del mañana de aulas con interacción rica entre docentes y estudiantes no se corresponde muchas veces con la de hoy. Por eso el reto de la digitalización es una gran oportunidad.

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