La trata de seres humanos en Libia, un 3,4% de su PIB

La crisis del barco Aquarius (629 personas que viajaban desde costas libias hacia territorio europeo en busca de una vida mejor) ha devuelto a los titulares el drama que viven las miles de personas que llegan a Libia procedentes de otros países con el objetivo de emprender desde  allí el viaje hacia Europa. Y, con ello, el debate político y ciudadano sobre la implementación de política de migración de asilo de la UE y la decisión del Gobierno español de recibir en nuestro país a estas personas.

Este análisis intentará explicar por qué Libia ha sufrido un significativo incremento de la trata de seres humanos en su territorio y, a su vez, la tragedia que ello supone para las personas que caen víctimas de las redes del crimen organizado que se dedican a este tipo de abominables actividades ilícitas.

¿Por qué Libia?

Tras la caída del régimen de Gadafi (2011), se instaló en Libia un profundo vacío de poder que llevó a la extrema inestabilidad e inseguridad que sufre este Estado en la actualidad.

Tres gobiernos rivales entre ellos y cientos de milicias y grupos armados compiten por el poder y el control del territorio y emplazamientos militares estratégicos.

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La extrema fragilidad estatal del país y la porosidad de sus fronteras en el sur le convirtió en un destino clave para los flujos migratorios que huyen de situaciones adversas como las que se refieren a conflictos armados, crisis humanitarias, violencia o pobreza endémica procedentes del Sahel, del África subsahariana, occidental u oriental y de otras regiones como Oriente Medio.

Sin embargo, el tráfico de seres humanos en Libia no es un fenómeno nuevo. El régimen de Gadafi favorecía a tribus y grupos aliados en el control de este tráfico ilícito y tras su caída, se abrió la competición por el control de las rutas del tráfico de personas.

Economía (de guerra)

Una de las consecuencias directas del conflicto ha sido el significativo deterioro que ha sufrido la economía libia.

Así, en un país con un elevado porcentaje de población joven (aproximadamente un 30% tiene entre 0 y 14 años) y destacados niveles de desempleo y corrupción, son varios los factores que incrementan de forma acusada la vulnerabilidad de sus ciudadanos: Su bajo Índice de Desarrollo Humano (puesto 102º en 2015), su bajo PIB per cápita (puesto 130º en 2016), la gran dificultad para emprender negocios (ocupa el puesto el puesto 185º del Índice Doing Business, la elevada inflación, la baja confianza en el sector bancario, la falta de liquidez, la caída de las exportaciones de petróleo (clave para la economía libia) o el papel clave de la economía sumergida.

Por su parte, la acción de organizaciones terroristas y el crimen organizado (y su interacción) facilitó la aparición de una economía informal y de guerra que explota al máximo posible los beneficios que genera la trata de personas que llegan a Libia a través de las diferentes rutas.

En este contexto, individuos, redes, milicias, clanes tribales y comunidades compiten por la primacía del mercado ilícito de tráfico de inmigrantes, refugiados y personas en busca de asilo (por ejemplo, proporcionando alojamientos, transportes o realizando reventas).

Según datos de Tim Eaton (en Libya´s War Economy. Predation, Profiteering and State Weakeness, de Chatham House, abril de 2018), el tráfico de seres humanos en Libia supuso 978 millones de doláres en 2016 (un 3,4 % del PIB del país en 2015).

País de tránsito

Desde 2016, Libia se ha convertido en el principal punto de concentración de personas procedentes de distintos orígenes que desean migrar a Europa a través de la conocida como ruta del Mediterráneo central.


Fuente: Comisión Europea

En este sentido, datos recientes (de marzo de 2018) de la Organización Internacional para las Migraciones (marzo de 2018) cifraban en 662.248 el número de personas que conformaban los flujos migratorios en Libia.

Durante su estancia en territorio libio, la vulnerabilidad de estas personas en tránsito es extrema y las que caen víctimas de las redes del tráfico de personas sufren con frecuencia todo tipo de vulneraciones de derechos humanos, explotación sexual, extorsión y demás vejaciones en centros de detención legales e ilegales y a lo largo y ancho del territorio libio.

Al respecto de la situación en Libia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó las Resoluciones 2376 y 2380, en las que solicitaba establecer medidas más duras contra el tráfico de personas y la esclavitud moderna en el país.

Además, a principios de este mes el Consejo de Seguridad impuso por vez primera sanciones a seis individuos acusados de traficar con migrantes y refugiados desde Libia.

Asimismo, cabría destacar que tras el acuerdo de cooperación para la lucha contra la inmigración ilegal y el tráfico de seres firmado entre Libia e Italia a principios de 2017, el número de llegadas de personas a través del Mediterráneo se ha reducido, al igual que el número de muertes de los que se naufragan en el camino.

Pero esta circunstancia se debe a que este acuerdo bloquea la salida de personas hacia Italia, incrementando a su vez el poder de actores no estatales (como milicias armadas) o autoridades locales y guardia costera No se debe, pues, a que ataque las causas de las migraciones.

Fuente: Organización Internacional para las Migraciones

Diversas fuentes han indicado sus sospechas sobre la existencia de más de 100 niños viajando solos en el barco Aquarius.

En este tipo de crisis, las mujeres y los menores migrantes son los más vulnerables a caer víctimas del tráfico de seres humanos, abusos y explotación, tanto en tránsito como en los países de destino.

Pero los niños y niñas que viajan solos o separados de sus familiares sufren riesgos añadidos durante su viaje. La acción del crimen organizado, familiares o personas deshonestas o lagunas de protección en la legislación relativa al asilo o al refugio y políticas de protección en las fronteras o territorios nacionales dejan a los menores desamparados o en compañía de adultos indeseables, en riesgo de sufrir violaciones de derechos humanos.

Una cuestión de derechos humanos

Además de aplicar la legalidad internacional y de continuar estrechando la cooperación, también internacional, para luchar contra las redes del crimen organizado, será clave la creación de incentivos positivos en los países de origen que garanticen la seguridad humana de las personas y en los de tránsito y destino para que aquellos que viven de la economía informal derivada del tráfico de seres humanos, corrupción y crimen organizado abandonen esta actividad.

La lucha contra el tráfico de seres humanos es una cuestión de derechos humanos ante la que no se puede permanecer impasible.

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