La trampa de las expectativas independentistas

El día 26 de octubre se convierte en el día más triste del régimen de la Constitución de 1978: se ha puesto de manifiesto la grave crisis constitucional en la que no encontramos inmersos. El Parlament, en una nueva huída hacia adelante, ha proclamado la independencia de Catalunya sin contar con el más mínimo respaldo del Estado ni de la comunidad europea. Por no contar no cuenta ni con el respaldo mayoritario de la sociedad catalana. La nueva República democrática nace con un sustrato poco democrático.

Por otra parte, en su discurso en el Senado, Rajoy no ha hecho siquiera amago de hacer una oferta de mejora del pacto constitucional, de ofrecer un relato alternativo a los que no queremos irnos, y por supuesto, tampoco a los que han decidido que se van.

Pero hoy no hay equidistancia que valga: quien ha roto con el pacto constitucional han sido 70 de los 135 de los Diputados del Parlament. Y esta declaración va a suponer, sin solución de continuidad, la suspensión material de la autonomía de Catalunya por la aplicación de las medidas adoptadas por el Gobierno en aplicación del 155 CE y validadas, en su gran mayoría por el Senado.

Esta ha sido una semana verdaderamente trepidante en la que, mientras en Madrid el Gobierno actuaba con aparente calma, en Barcelona, las instituciones catalanas y, particularmente, el President de la Generalitat iba dando tumbos según pasaban los días y las horas. Fue un error que Carles Puigdemont no asistiera a la Comisión de las Comunidades Autónomas en el Senado, como nos explicaba Ana Carmona en estas mismas páginas. Pero, sin duda, el error garrafal ha sido la decisión final de Carles Puigdemont de no convocar unas elecciones autonómicas.

La “astucia” incorporada por Mas en la hoja de ruta independentista ha llevado a Catalunya, a sus instituciones y a su autonomía política a un callejón sin salida. A estas horas Mariano Rajoy ya a anunciado el cese del President y sus Consellers. Esta decisión quizá provoque alguna imagen desagradable, triste, con cierta violencia incluso, pero la vuelta a la “legalidad constitucional” será asegurada. La Administración se irá amoldando tanto orgánica como materialmente a las órdenes de Madrid. El Parlament también ha sido disuelto ya y las elecciones finalmente han sido convocadas por Rajoy para el 21 de diciembre. Ante esta escenario surgen varias dudas. En primer lugar, cómo reaccionará la ciudadanía, la hasta ahora movilizada que creía haber llegado a Ítaca, y la que hoy ha visto como se le imponía la independencia de su país. En segundo lugar, cómo reaccionarán los partidos políticos independentistas, hoy soberanos, ante la convocatoria de elecciones autonómicas. Pasaremos días y semanas muy difíciles. Y, me temo, será largo el camino hasta que la Generalitat recupere su autonomía y, lo peor, la sociedad catalana tardará mucho en reconstruirse. Las élites soberanistas nos hicieron caer en la trampa de las expectativas.

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1 Comentario

  1. julio
    julio 10-28-2017

    Errata. No es “a anunciado” sino ha anunciado.

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