La soledad existe

Cuando, a mediados de la pasada década, el área estadística del actual Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco se planteó un estudio periódico sobre las necesidades sociales de la población, una de las dudas planteadas se centró en la conveniencia de incluir o no fenómenos difíciles de aprehender como la soledad. A la espera de la tercera oleada de esta operación estadística, esa incógnita hace tiempo que quedó despejada. La soledad es bien medible, como también demostraba recientemente el estudio sobre “La soledad en España”, dirigido por Juan Díez Nicolás. Y existe como problema en las sociedades modernas.

Como otros fenómenos sociales enquistados en la vida social, la soledad tiene rasgos estables y en gran medida duraderos. Según la Encuesta de Necesidades Sociales vasca, afecta más a las mujeres aunque es el factor edad el que resulta más decisivo. Entre un 40 y un 45% de las personas con problemas de soledad son mayores de 65 años, una proporción que se acerca o supera el 65% al incluir a las personas entre 45 y 64 años. La soledad tiende de hecho a aumentar de forma continuada con la edad aunque con una excepción: su impacto resulta también llamativo entre personas de 25 a 34 años.

Las situaciones de limitación o dependencia personal, incluso cuando son leves, también influyen de manera decisiva en los problemas de soledad. Alrededor de la mitad de las personas solas tienen limitaciones relacionadas con la salud. La soledad también tiene una incidencia muy superior entre personas extranjeras, aunque esta problemática tiende a reducirse claramente, al menos en Euskadi.

Resulta también destacada la vinculación de la soledad con las dificultades económicas. Su impacto aumenta de manera sustancial conforme se deteriora la situación económica del hogar y la persona se aleja del mundo del empleo.

La soledad puede sin duda ser abordada desde la política y los procesos de intervención social. Así ocurre de hecho, aunque no siempre se sea consciente de ello, cuando se actúa para atender a las personas. Se hace política de prevención de la soledad cuando se atiende correctamente a la población en los servicios públicos o se apuesta por prevenir la pobreza con políticas de garantía de ingresos. También cuando se ofrecen recursos suficientes a las personas mayores o se promueven acciones de tiempo libre para personas con discapacidad.

Los datos del estudio dirigido por Juan Nicolás hablan de un 7,9% de personas que se sienten realmente aisladas en España, una situación que tiene elementos en común con la idea de problemas graves de soledad/tristeza que se maneja en la Encuesta de Necesidades Sociales del País Vasco. Desde 2006, esta encuesta recoge cifras bastante estables, en torno al 1,8-1,9%, de personas con esta problemática. Una hipótesis es que esta tasa claramente inferior pueda reflejar, al menos en parte, la mayor apuesta de Euskadi por el desarrollo de las políticas sociales.

Son numerosos los estudios que señalan la importancia que, para la estabilidad psíquica y la salud física, tiene la experiencia de situaciones que acentúan el estrés soportado por la población, tales como la pobreza, el desempleo o la enfermedad. Pero sabemos también que la presencia de la soledad acentúa las consecuencias de estos problemas. Es una puerta abierta a la depresión y a otros procesos de deterioro psicosocial en las personas.

La soledad tiene mucho que ver con la necesidad de ser escuchado en aquellas circunstancias que el vocabulario francés recoge con el término de détresse, unas circunstancias en las que se mezcla la angustia, el sufrimiento y la necesidad de atención o socorro. El término desamparo se acerca un poco a esa sensación pero no consigue reflejarla del todo.

En el pasado que yo recuerdo, era un teléfono el que se encargaba de escuchar a las personas solas, el Teléfono de la Esperanza, La Mano Tendida, etc. En la tesis de Luis Cibanal sobre estos recursos de ayuda, el Director de uno de los centros de acogida telefónica comentaba la cuestión clave que es preciso abordar ante la soledad y sus crisis. No se trata de ofrecer consejos morales o una asistencia psicológica especializada. Al principio, al menos, la persona que sufre sólo necesita a alguien que escuche: “A menudo basta con media hora de conversación para que se manifieste una situación más relajada. Se ha producido un contacto, la persona ya no se siente tan sola y agradece a la que la ha escuchado”, decía.

No es casual, creo, que la sensación que deja normalmente la soledad, esa détresse de la que hablan los francófonos, no tenga una traducción fácil y directa en un país cuya verdadera marca, la apreciada por quienes lo conocen, es la alegría y voluntad de vivir. Un rasgo que, durante los años 60 o 70, los emigrantes españoles podían ver en franca decadencia en muchos lugares de Europa en los que la televisión había sustituido ya casi por completo a las charlas de vecindad. Eran países, o al menos espacios en esos países, en los que incluso podía parecer normal que algunos vecinos no se saludaran en la escalera o en el ascensor. Con esa realidad tenía que ver la pregunta que, a primeros de los años 80, se planteaba Cibanal al observar que algunas personas necesitaban llamar a un teléfono para poder hablar con otras. ¿Por qué las personas no se comunicaban entre ellas?, se preguntaba.

Y es que el avance o retroceso de la soledad tiene mucho que ver con la actitud de la sociedad. La primera vez en la que pensé que todo había empezado a cambiar en nuestro país es cuando una persona joven se sentó a mi lado en el tren y no me saludó. Es un comportamiento cada día más habitual pero que aún sorprende a quienes vivimos aquellos largos trayectos en los que los pasajeros no podían dejar de ofrecerse unos a otros parte de sus bocadillos o galletas. Un rasgo de incivilidad y atraso, dirán algunos.

Pero la modernidad no siempre trae el progreso. A veces viene de la mano de otros acompañantes, entre ellos la soledad. En ocasiones deseada, y orgullosamente reivindicada. Pero en otras no.

Autoría

3 Comentarios

  1. Luis
    Luis 10-25-2015

    Excelente artículo… La soledad no es socialmente neutra…

  2. Julio
    Julio 10-26-2015

    Un gran enfoque. Un síntoma social

  3. FERRERO IGLESIAS, JOSE MANUEL
    FERRERO IGLESIAS, JOSE MANUEL 11-18-2015

    Los números de esta tabla representan a millones de personas. Según la última encuesta de población activa cerca de cinco millones de parados y algo más de diez y siete millones de cotizantes a la Seguridad Social, eso representa los veinte tres números de la tabla. Ahora entremos al grano. Los números cubiertos con una trama, representan a los casi cinco millones que ahora hay en el paro; los números sobre cuadrado blanco, son los que ahora hay trabajando, que totalizan veinte tres millones de población activa. Esta sería la población laboral conjunta en los seis primeros meses del año, parados más activos.
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    En el segundo semestre, pasarían al paro los millones cifrados con los siguientes cinco números y los cinco anteriores pasarían a trabajar.
    En el primer semestre de 2017 pasarían al paro los cifrados con los números con trama y a trabajar los anteriores y así sucesivamente hasta completar el ciclo, donde se iniciaría de nuevo el proceso.
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    Como se puede observar nadie estaría en el paro más de seis meses y todos tendrían un periodo de trabajo continuado de dos años y medio como mínimo. Las vacaciones correspondientes al periodo de trabajo se acumularían para descansarlas durante el periodo inactivo, por lo que el paro se pagaría solo tres meses y medio. Pero el período de paro no sería de inactividad, sino que sería de paro y formación, obligatoria.
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    Llevando a cabo este plan (ya sé que es difícil) podíamos negociar la indemnización por despido, porque nadie se vería exento de ingresos.
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    Al tener todo mundo ingresos, aumentaría el consumo y es de suponer que se reactivaría la economía y el número de parados disminuiría y consecuentemente el gasto en el paro. Nadie podría rechazar un puesto de trabajo, el que lo hiciera saldría del sistema. Los cinco millones los veríamos reducidos en muy poco tiempo
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    PERIODO DE PARO Y FORMACIÓN
    PERIODO DE TRABAJO
    Dentro de este planteamiento general hay muchos matices que serían susceptibles de negociación entre empresas y trabajadores, (un piloto de avión o un maquinista de tren no tendría que rotar por las características de su puesto).
    La emergencia social que vive nuestro país en lo que se refiere al empleo, hacen necesarias políticas imaginativas que contribuyan a la distribución de la riqueza, pero a través del trabajo y no solo de la subvención. Este plan necesariamente tiene que ir unido a un proyecto de reindustrialización generalizado del país como propone IU, un cambio de modelo productivo.
    Esto es un planteamiento de emergencia, porque a medida que se reactivara la economía las personas afectadas serían cada vez menos y el gasto en paro sería cada vez menos.
    ¿Debería someterse este plan a un estudio más detallado por personas más expertas en materia económica y social?

    José Manuel Ferrero

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