La politización de las visiones sobre la clase política: combustible para el cambio en el sur de Europa

Como apuntaba Peter Mair “la clase política se ha convertido en una cuestión de contestación”. Así lo demuestra el crecimiento de partidos con mensaje anti-élite a la izquierda y a la derecha del espectro político alrededor del globo. En Europa, además, el proceso de integración ha estado expuesto a múltiples crisis que han afectado en distintos grados a los sistemas políticos de los Estados miembro y a las instituciones supranacionales. El resultado: pérdida de legitimidad de la UE y una profunda insatisfacción ciudadana con las élites políticas, fenómenos que allanan el camino para que se establezca un “paisaje populista euroescéptico”.

En el Sur de Europa, la Gran Recesión y la crisis institucional que han supuesto los rescates han abierto una ventana que brinda una oportunidad de oro para que partidos populistas euroescépticos crezcan electoralmente. Así ha pasado en Grecia, paradigma de la crisis económica, donde el número de votantes que apoyan a partidos euroescépticos ha crecido considerablemente desde 2012, dando lugar a una nueva dimensión en el sistema de partidos. En el discurso de Syriza, quien más provecho ha sacado de esta nueva división, convergen el euroescepticismo y el populismo, además de los postulados económicos clásicos de la izquierda radical.

¿Puede suceder (o sucede) lo mismo en otros países recatados? Para responder, exploraré de manera comparativa el rol del euroescepticismo y el populismo en los sistemas de partidos español y portugués, países que se han visto duramente afectados por la crisis económica y las políticas de austeridad, usando la encuesta a expertos sobre partidos políticos de Chapel Hill 1999-2014.

Antes de la crisis económica, las sociedades española y portuguesa compartían niveles de euroescepticismo muy bajos tanto en los partidos como en la opinión pública (también la griega). Existían pocos partidos euroescépticos y si los había eran siempre moderados y estaban dentro de las fronteras de la izquierda radical. Los malos resultados electorales de estos partidos – Bloco de Esquerda (BE) y Coligaçao Democrática Unitaria (CDU) en Portugal, Izquierda Unida (IU) y partidos nacionalistas de izquierdas en España – mostraron la dificultad que suponía movilizar a los ciudadanos en plataformas euroescépticas. Sin embargo, después de los respectivos rescates, nos encontramos con resultados diferentes: mientras que el sistema de partidos portugués permanece prácticamente estable, a pesar de que el BE gana peso electoral – pasa de un 5.2% y 8 diputados en 2011 a un 10% y 19 diputados en 2015; en España el sistema de partidos pasa de bipartidista a multipartidista, fundamentalmente por la emergencia de Podemos, partido que sitúa a la izquierda radical española en una posición de la que nunca antes había disfrutado (21% y 69 diputados en las elecciones de 2015).  

Que en ambos sistemas aumenta el grado de politización de la integración europea tanto como en Grecia, se puede apreciar en que todos los partidos, con pocas excepciones, le dan más importancia desde el inicio de la crisis (desplazamiento hacia los cuadrantes de la derecha).

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En cuanto a la posición hacia el proceso de integración europea, después de la Gran Recesión, el euroescepticismo (cuadrantes inferiores) continúa entre los partidos de izquierda radical. En ambos casos (y en Grecia) han emergido nuevos partidos políticos euroescépticos (MPT en Portugal, Podemos y Amaiur en España), pero existen importantes diferencias en la evolución del euroescepticismo. En general, la posición sobre la integración europea de los partidos de izquierda radical portugueses es más negativa que la de sus contrapartes españolas, además de que esta se acentuó durante el periodo de implementación de las medidas de austeridad, generando una mayor polarización. En España, sin embargo, el euroescepticismo solo puede ser definido como moderado o blando, incluso después de la crisis.

Por último, el populismo se revela como el factor determinante para que se dé una transformación del sistema de partidos. A pesar de las limitaciones del indicador utilizado (relevancia relativa de la retórica anti-élite), que capta solo una parte del concepto de populismo (para saber más sobre las diferentes definiciones de populismo: EL POPULISMO COMO RESPUESTA y EXPLICANDO EL POPULISMO), podemos identificar la existencia de partidos populistas euroescépticos en el cuadrante inferior derecho. En Portugal BE, CDU y MPT obtienen posiciones medias-altas en relevancia de la retórica anti-élite, mientras que en España BNG, Amaiur e IU alcanzan posiciones moderadas y Podemos recibe la máxima puntuación.

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Los datos muestran que el potencial de transformación de los sistemas de partidos está relacionado con existencia de organizaciones que movilicen de determinada manera ciertos potenciales políticos. En primer lugar, son necesarias plataformas que enfaticen la redistribución de la riqueza en un contexto de crisis económica e implementación de las medidas de austeridad. Niveles medios (y no altos) de euroescepticismo también son necesarios, pero no suficientes.  Solo podrán transformar el sistema de partidos aquellas fuerzas que integren en su discurso todo lo anterior y además muestren niveles muy altos del uso de la retórica anti-élites. Esto es, que enfaticen las deficiencias de los partidos tradicionales a la hora de atender las demandas de la sociedad, para lograr canalizar el descontento de la ciudadanía contra las élites políticas.

Y esto es porque, como reza el título de este artículo, la politización de las visiones públicas (negativas) sobre la clase política no solo está en discusión en la arena política, sino que, además, éstas son el combustible potencial para el cambio en el Sur de Europa.

Autoría

3 Comentarios

  1. Juan Ignacio Marcos Lekuona
    Juan Ignacio Marcos Lekuona 11-24-2016

    La retórica antielite quedará solo en retórica, si no viene acompañada de un crítica del sistema burocrático de gobierno/dirección, empeñado en la política y el control desde arriba. Este empeño se apoya en una cultura de llamada a la disciplina en lugar de una cultura del “discurso crítico” que podría aglutinar una “nueva clase” competidora de la clase dineraria (Gouldner).
    Los analistas deberíamos ir más allá del análisis y crítica de las ideas y trabajar el análisis, la crítica y el entrenamiento en nuevas prácticas políticas. Sin unas prácticas que hagan real unos procesos políticos de abajo arriba, en dialéctica con la política de arriba abajo, las elites políticas – viejas o nuevas- seguirán colaborando finalmente con la clase dineraria, con propaganda más o menos “rebelde”.

  2. Anna Bosco
    Anna Bosco 11-27-2016

    Las figuras sono demasiado pequeñas para que sea posible leerlas. El articulo parece interesante, pero seria mucho mejor con figuras mas grandes.

    • mlopezplana
      mlopezplana 11-27-2016

      Hola Ana,

      Gracias por tu comentario. Tienes toda la razón. Ahora mismo hemos pedido a la autora unas gráficos con una resolución más buena.

      Marc

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