La nueva China

La mayoría de los titulares económicos sobre China se centran en la desaceleración de su crecimiento económico y una posible crisis causada por la disminución de las exportaciones y un alto ratio de deuda sobre PIB. Sin embargo, un análisis más completo de la economía nos llevaría a conclusiones considerablemente más optimistas.

La economía China es desde 2014 la primera del mundo en términos de PIB en paridad de poder de compra y alrededor del 2024 será la primera en términos nominales (IMF World Economic Outlook, Octubre 2016). El despegue de China, la transformación económica más importante de este siglo, no ha hecho más que empezar, y su futuro se sustenta en tres factores interrelacionados.

Una transición de un modelo económico basado en la inversión y las exportaciones a uno centrado en el consumo

Si desagregamos el PIB de China, la inversión continúa siendo el primer componente de la economía. De hecho, su aportación al PIB aumentó en los últimos años, principalmente debido a la relevancia del sector inmobiliario y determinados sectores industriales.

Sin embargo, esto no debe esconder el fuerte crecimiento del consumo interno. Entre 2000 y 2010, el consumo en China se duplicó, pasando de 650 millones de dólares a 1.400 millones (Towson and Woetzel, excerpt from the book The One Hour China Book, Towson Group 2015).

De hecho, desde 2015 el consumo se ha convertido en el principal contribuyente al crecimiento del PIB, con un peso del 70% en 2016. Al mismo tiempo, la inversión se ha estabilizado alrededor del 35% y las exportaciones e importaciones mantienen desde finales de 2015 una contribución negativa al PIB, que en el tercer trimestre de 2016 rondó el -5%. 

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Figura 1: Desglose de los factores contribuyentes al crecimiento del PIB de China. Fuente: Euromonitor’s China Economic Database

El análisis de las exportaciones y la inversión, frecuentemente el foco del análisis de la economía china, ya no son suficientes. Lo relevante es el análisis de cómo una economía sustentada en el pasado en estos dos factores se desplaza hacia una economía basada en el consumo. 

La creación de la clase media más numerosa del mundo

La transformación de China hacia una sociedad de consumo está causado por el desarrollo de la clase media del país. No ha habido en el mundo una transformación de la clase media como la que está teniendo lugar en China: Antes de 1990, la clase media china era inexistente. En 2000, 5 millones de hogares tenían ingresos entre 11.500 y 43.000 dólares reales. En 2016, el número ha aumentado a 225 millones y en 2020, la clase media China será mayor que la europea.  (The Economist, 225m reasons for China’s leaders to worry, July 9, 2016).

A futuro, la situación no es muy diferente. El crecimiento del consumo mundial estará sustentado en gran medida por China. Según la consultora McKinsey & Company, la población china en edad de trabajar (entre 15 y 59 años), contribuirá un 15% al crecimiento del consumo mundial entre 2015-2030, solo igualado por el consumo que generará la tercera edad en el mundo desarrollado (16%). Si sumamos el consumo generado por la tercera edad en China (8%), no existe ninguna economía o grupo de países con la relevancia de China en los próximos años.

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Figura 2: Distribución del crecimiento del consumo mundial, 2015-2030. Fuente: McKinsey & Company

El uso masivo de internet y la capacidad tecnológica del país

China está en camino de convertirse en el próximo Silicon Valley. Pero, como afirma Michael Moritz, presidente de Sequoia Capital, uno de los principales fondos de capital riesgo de Silicon Valley: “subestimamos a China, en particular en Europa. Hay un gran desconocimiento sobre el tamaño, potencial y ambición de las compañías tecnológicas chinas.”

Con alrededor de 750 millones, China es el país con mayor número de usuarios de internet, muy por delante de la India y EE.UU., con 480 y 300 millones respectivamente (Internet Live Stats, Junio, 2016). Para la nueva clase media internet es el medio fundamental para informarse, comunicarse, y por encima de todo comprar productos y servicios. Y lo ha hecho utilizando como dispositivo principal el teléfono móvil.

El desarrollo del sector de internet en China ha hecho que las compañías de este país sean las únicas que pueden competir con las estadounidenses en términos de capitalización bursátil. Entre las 10 principales compañías, 6 son de EE.UU. y 4 son Chinas: Alibaba, Tencent, Baidu y JD.com, nombres que serán desconocidos para muchos.

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Figura 3: Ranking de compañías de internet por capitalización bursátil en miles de millones de dólares. Bloomberg, 16/12/2017.

El desarrollo de internet en China y la valoración de sus compañía tecnológicas, no solo está causado por la escala del mercado, sino también por sus modelos de negocio y tecnología; uno de los resultados principales es el fuerte desarrollo del comercio electrónico y de los servicios financieros digitales.

En 2015, el comercio electrónico alcanzó los 660.000 millones de dólares, el doble que en EE.UU. Pero quizás más significativo es que el 50% de ese comercio (aproximadamente 325.000 millones de dólares) se realizó a través del móvil, 3 veces mayor que la cifra de EE.UU. (eMarketer, InternetRetailer).

En paralelo, China ha creado el mayor ecosistema de servicios financieros por internet, reflejado, por ejemplo, en la penetración de pagos por el móvil, tanto online como offline. Los dos líderes en pagos por el móvil, filiales de Alibaba and Tencent, tienen cada una unos 400 millones de usuarios, frente a los 200 de PayPal (datos de las compañías).

La escala del liderazgo de China en el sector del móvil también se refleja en los dispositivos, donde China se ha convertido en el principal fabricante de smartphones con marcas completamente desconocidas en Europa y con cuotas en China superiores al 85%.

La Unión Europea y la nueva China

El futuro de China no está exenta de retos y riesgos: corrupción, contaminación medioambiental, desigualdades entre las zonas rurales y urbanas, la calidad de los servicios públicos como sanidad y educación son problemas muy relevantes a los que debe enfrentarse el país.

Incluso con todo ello, es difícil pensar en un escenario que no sitúe a China como el país más relevante para el mundo en este siglo.

El replanteamiento de la estrategia comercial de EE.UU. con la llegada de un nuevo presidente, lleva a pensar que la influencia de China aumentará más rápido de lo previsto, en particular en Asia, la región donde se espera el mayor crecimiento económico en los próximos años.

Por todo ello, es urgente e importante reflexionar sobre el grado de atención que la Unión Europea debería dedicar a entender el futuro económico de China y diseñar una estrategia acorde. 

El desplazamiento de la economía mundial hacia Asia no llega en el mejor momento para la UE, sumida en una crisis que afecta a los pilares sobre los que fue construida y que deja poco espacio para otros asuntos. Asimismo, la relevancia económica de China trae consigo un reto adicional para la UE: cómo articular una relación económica con un país no democrático, uno de los principios fundacionales de la Unión.

Pero la UE no puede perder más tiempo. Desde una perspectiva económica, el siglo XXI es el siglo de China. La capacidad para establecer una estrategia que responda a esta nueva realidad marcará en gran medida la prosperidad económica de la UE en el futuro.

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