La Italia populista y el futuro de la Unión Económica y Monetaria

A finales de junio se va a celebrar el Consejo Europeo en el que se discutirá el futuro de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y en el que van a participar, por primera vez, Pedro Sánchez y Giuseppe Conte como representantes de dos de los cuatro grandes países de la UE. Macron y Merkel ya han presentado sus propuestas; ambicioso él, contenida ella. ¿Qué van a decir los primeros ministros de los grandes del sur? ¿Va el órgano ejecutivo de la Unión Europea a reforzar realmente la UEM? ¿Es necesario?

Hay muchas razones para responder afirmativamente a la última pregunta. El Gráfico 1 presenta la fundamental. Muestra el crecimiento de Estados Unidos,  Japón y la eurozona (EZ) en lo que llevamos de siglo, con esta última dividida en dos grupos: EGIP (España, Grecia, Italia y Portugal) y el EZ-noEGIP (los otros 15 países).

Como se puede ver, EE.UU. y los dos grupos de la eurozona crecían de forma parecida en los ocho años que precedieron a la crisis financiera de 2008, pero ésta fue más pronunciada en la EZ y la mayor diferencia se produjo en los años 2011-2013 por la crisis del euro. Entonces EGIP entró en una recesión, mientras que el resto de la eurozona se estancó. No se reaccionó a tiempo pero al final, en 2012, sí que se consiguió gracias las nuevas políticas del Banco Central Europeo –precedidas del “haremos lo que haga falta…” de Draghi– y la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

Así, a partir de 2013 EZ-noEGIP volvió a crecer como Estados Unidos y de forma parecida EGIP, pero las diferencias de niveles de renta entre estos grupos se mantienen; en particular, la división dentro de la ‘eurozona’ es profunda. Es decir, si bien las dos instituciones europeas han desempeñado un papel fundamental en evitar que la crisis del euro fuese catastrófica para la UE y se volviese a crecer, no ha sido suficiente para cerrar los ‘gaps’ dentro de la ‘eurozona’ y de ésta con EE.UU., y posiblemente tampoco para evitar una nueva crisis del euro. Es necesario reforzar la UEM.

Vayamos con las otras preguntas.

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Va a ser relativamente fácil ponerse de acuerdo en que es necesario completar la Unión Bancaria y reforzar la Unión Económica y Fiscal, aunque es posible que Conte diga, sin estruendos, que lo que es necesario es cambiarla para “dar prioridad a los intereses nacionales”. En cambio, Sánchez no sólo se presentará con el aval de un Gobierno europeísta, sino también como el nuevo paladín de la socialdemocracia europea, apoyando a la Comisión y fotografiándose con Merkel y Macron. Pero la atención se va a centrar en Conte; no por su personalidad, sino por las dos cosas que representa: Italia y el populismo. Las dos hacen más necesario y más difícil reforzar la UEM.

En el Gráfico 2 podemos ver lo que ha pasado dentro de EGIP en relación al resto de la eurozona. Da una mejor idea de dónde estamos y por qué la atención se centra –se debe centrar– en Italia. Es cierto también que muestra un hecho alarmante: una Grecia estancada en el nivel en que estaba a principios de siglo. De hecho, de 2000 a 2017 la renta per cápita griega sólo ha crecido un 1%. Sin embargo, en Italia, que no ha sufrido una crisis tan grave, la renta ‘per cápita’ ha disminuido un 2% y la productividad está estancada; sólo ha crecido un 1%.

Estamos hablando del tercer mayor país de la eurozona, cuna de la UE (Tratado de Roma de 1957) y de buen número de líderes europeos –de Altiero Spinelli a Mario Draghi–, y que además se ha mantenido en la austeridad los últimos 20 años, con 10 gobiernos. Como muestra el Gráfico 3, su nivel de deuda siempre ha estado muy por encima del requerido 60% del PIB (es del 130,7% este año) y sólo ha tenido un déficit (primario) en 2009, mientras que en España los últimos 10 años hemos tenido déficits (también primarios).

En otras palabras, no es sorprendente que el euroescepticismo haya cundido en Italia y, en particular, que la retórica populista “nuestros gobernantes no han defendido nuestros intereses” tenga eco, tanto más cuanto –como recientemente ha reconocido Merkel– la UE no ha ayudado a Italia frente a la tragedia migratoria.

Es posible que aumente la teatralidad y la retórica en el Consejo, pero también es posible que aumente el realismo, que se entienda que un problema como la inmigración africana necesita una solución común y que viejas disputas sobre cómo reforzar la UME tienen fácil solución o, al menos, mejores vías que algunos de los parches propuestos al Consejo.

Una de estas viejas disputas está basada en la idea de que en una unión con países tan diversos muchas políticas son impracticables porque pueden fácilmente acabar siendo transferencias de los países que hacen buenas políticas y crecen, como Alemania, a los que no las hacen y languidecen, como Italia. Ante ello, abogar por la solidaridad está muy bien, pero no es una solución al problema cuando a menudo sí que la hay. Por ejemplo, se está de acuerdo en que un seguro común de depósitos permitiría completar la Unión Bancaria, pero la reticencia es grande dado que los riesgos bancarios son muy distintos (aquí también Italia está en el grupo de cabeza de los países con préstamos impagados). Sin embargo, se puede ofrecer un seguro común de depósitos –digamos 100.000 euros–, pero a coste distinto según el nivel de riesgo del país en que operen los bancos. Se dirá, ¿cuál es la ventaja respecto a hacerlo por separado? Esto las compañías de seguros lo saben: es más fácil (económico) mantener unas primas constantes cuando se opera en una zona más amplia, ya que se comparten riesgos. Con un seguro europeo de este tipo la tasa de los bancos sería más alta de la media en Grecia, pero no hubiese habido corrida bancaria en el 2012.

El mismo principio se puede utilizar, por ejemplo, para diseñar un sistema de seguro de desempleo a nivel europeo, como hemos hecho en uno de los trabajos del proyecto Ademu.

Más ambicioso es abordar un problema central de las políticas fiscales en la UE: la incapacidad de hacer políticas adecuadamente contracíclicas y de compartir riesgos. Grecia, España y Portugal hemos sido ejemplos de exuberancia y endeudamiento (público y/o privado) en tiempos de vacas gordas (pre-2008) y de austeridad en tiempos de vacas flacas (post-2008); Italia, un ejemplo de la austeridad en tiempos de decadencia. En otro de los trabajos del proyecto Ademu mostramos cómo se puede transformar el MEDE en un fondo europeo de estabilidad que permita desarrollar estas políticas.

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