La igualdad de género en la UE y las redes transnacionales de la sociedad civil

La igualdad de género se convirtió en un objetivo para la Unión Europea a partir de la segunda mitad de la década de 1950, cuando se incluyó el principio de igual salario por igual trabajo (artículo 119 del Tratado de Roma). A día de hoy, la UE tiene el compromiso de promoverla en “todas sus actividades” y puede aprobar actos legislativos para combatir la discriminación. Existe un amplio abanico medidas legislativas y no legislativas que promueven la igualdad de oportunidades y buscan incrementar la participación femenina en la población activa o en programas formativos. Estas medidas incluyen una estrategia para la igualdad de género (2016-2019) y un Plan de Acción en Materia de Género. También se creó en 2006 un Instituto Europeo para la Igualdad de Género, cuyo objetivo es recabar y comparar información sobre los efectos de las políticas europeas y nacionales en esta materia. La Comisión estima que la UE invertirá 5.850 millones de euros en los diferentes planes entre 2014 y 2020.

A pesar de ello, siguen existiendo diferencias salariales entre hombres y mujeres. Un informe de la Comisión de 2014 mostraba que la tasa de empleo para los hombres de entre 20 y 64 años era del 75%, mientras que sólo alcanzaba el 63,5% para las mujeres. Ellas están sobrerrepresentadas en los sectores con salarios más bajos e infrarrepresentadas en los niveles de toma de decisión. Esto también sucede en el terreno de la investigación científica: cuando en 1999 la Comisión dio los primeros pasos hacia políticas de igualdad en este sector, estableció un objetivo de alcanzar al menos un 40% de mujeres en las becas Marie Curie, grupos de expertos y comités de evaluación y seguimiento de la financiación científica. Doce años después, y a pesar de algunos progresos, las mujeres seguían infrarrepresentadas en los puestos de investigación científica en Europa: según el informe ‘She figures’ de 2015 , sólo en 14 estados miembros había al menos un 40% de mujeres en los comités científicos y de administración. En 2011, las mujeres representaban poco más de un tercio de los investigadores en todos los sectores. El informe señala que las investigadoras están especialmente ausentes en ingeniería y tecnología, así como en ciencias naturales.

Los ciudadanos europeos se muestran favorables a realizar más esfuerzos para alcanzar la igualdad de género. Según un estudio del Parlamento Europeo con datos del Eurobarómetro sobre percepciones y expectativas, el 55% de los encuestados quieren una mayor intervención de la UE en las políticas de igualdad entre hombres y mujeres. Una amplia mayoría de los ciudadanos (76%) cree, además, que la igualdad de oportunidades debería ser una prioridad de la UE. Esto puede ayudar a explicar la amplia presencia en Bruselas de actores de la sociedad civil europea comprometidos con los derechos de las mujeres y con el progreso de la igualdad de género. Cada vez un mayor número de estas organizaciones crean redes de causa u ‘organizaciones paraguas’ para ejercer influencia ante las instituciones europeas.

La creciente presencia de estas organizaciones tiene dos consecuencias. La primera es meramente financiera: el presupuesto europeo para sostener el activismo de la sociedad civil en este ámbito para 2016 y 2017 rondó los 30 millones de euros. Sin embargo, acceder a dicha financiación requiere una costosa asistencia profesional para preparar las solicitudes y una anticipación de muchos meses a la convocatoria. La mayoría de asociaciones de la sociedad civil carece del personal y los recursos necesarios para participar en dichas convocatorias y, por ello, las organizaciones paraguas sustituyen crecientemente a las pequeñas ONG en las solicitudes de financiación y actúan como distribuidoras de los fondos entre todos los miembros de la red.

La segunda consecuencia afecta a las tácticas de influencia: aunque las redes emplean las mismas que las asociaciones –por ejemplo, la recogida de firmas para proteger la investigación sobre políticas de igualdad en el presupuesto europeo–, tienen efectos multiplicadores a escala europea y nacional al implicar a una gran cantidad de actores diversos y ámbitos diferentes.

Por ejemplo, el Lobby Europeo de Mujeres es una de las organizaciones mejor establecidas en el sector europeo de los grupos de interés cívico. Esta red representa a más de 2.000 organizaciones de la sociedad civil en los 28 estados miembros de la UE. En el sector citado más arriba, la Red Europea de Mujeres Científicas, creada en 2005, actúa en favor de la igualdad de oportunidades para las investigadoras, así como por que ellas tengan una voz más fuerte en la determinación de las políticas de investigación de la UE. La plataforma representa a más de 100 redes de científicas y organizaciones que promueven el papel de las mujeres en la ciencia en más de 40 países. Otras defienden causas ligadas a la identidad de género como OII Europe, que lucha los derechos de las personas interesexuales en la UE.

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