La hipótesis PP+Cs+PNV+CC+CN

La combinación de unas malas expectativas electorales previas, con un importante aumento en votos y escaños han propiciado un efecto óptico que amplifica la victoria conseguida por el PP en el 26J. A esta ilusión contribuye, además, el notable refuerzo electoral y político conseguido por Mariano Rajoy, cuyas expectativas de llegar a la presidencia del gobierno eran bastante complicadas antes de las elecciones por las condiciones (léase, vetos) de sus potenciales socios de investidura o gobierno.

Descartado por el momento el apoyo por parte de los socialistas, que por otra parte ya no es matemáticamente imprescindible, la principal hipótesis para la formación del gobierno es ahora la colaboración más o menos puntual del PP con Ciudadanos, el PNV y los dos partidos canarios (Coalición Canaria y Nueva Canarias). La base de esta hipótesis y lo que le da verosimilitud no es solo el criterio numérico (entre todos tienen mayoría absoluta) sino su conexión ideológica entorno al eje izquierda-derecha: se trata de partidos de la franja derecha o central del espectro político que podrían llegar a acuerdos entre ellos porque su ideología no está extremadamente alejada.

Sin embargo, hay algunos obstáculos a esta hipótesis que no se han considerado suficientemente y que podrían dificultar sobremanera su ejecución. Para facilitar su comprensión, analizamos las dificultades del pacta con los dos principales socios (C’s y PNV) aun sabiendo que también por la parte canaria podría haber complicaciones.    

La colaboración entre el PP y Ciudadanos

Esta presenta tres obstáculos no menores:

a) En primer lugar, el partido de Albert Rivera tuvo como uno de sus leit-motiv de campaña el veto a la candidatura de Mariano Rajoy a la presidencia. Como hemos señalado antes, el éxito de Rajoy ha sido interpretado como un aval electoral que difícilmente puede hacer viable este veto. El razonamiento que lo apoya es que el partido que vete a Rajoy perderá apoyo electoral. En lo que no parecen haber caído los que defienden estas posturas es que aquellos votantes a quienes esta condición les molestaba ya dejaron de votar a Ciudadanos el 26J. Es probable que los votantes que terminaron votando al partido de Albert Rivera sí tengan reticencias fuertes a garantizar la investidura de Rajoy. Las encuestas pronto aclararan esta cuestión (sic).

b) En segundo lugar, la posible colaboración gubernamental entre ambos partidos enfrenta la típica maldición de que el “pez grande se come al chico”. Dicho de otro modo, si Ciudadanos decide entrar en un gobierno del PP… es posible que este termine siendo presa de una OPA hostil por parte de los populares. Es lo que le pasó a Unió Valenciana en los años 1990s con el PP de Zaplana y lo que les ha pasado a los liberal-demócratas británicos tras su colaboración con los conservadores. Se podrá argumentar, y las encuestas pronto podrán ayudar a esclarecerlo, que los votantes que ha retenido Ciudadanos constituyen su base más estable y que, además, son los más alejados ideológicamente del PP. De ser esto cierto y existir dos espacios electorales complementarios entre PP y C’s esto permitiría dar mayor estabilidad a la colaboración gubernamental entre ambos partidos. Pero como ya hemos señalado antes, primero habría que vencer las reticencias de estos electores a dicha colaboración con el PP (especialmente si es con Mariano Rajoy). Una alternativa más “segura” podría ser la de la colaboración parlamentaria puntual (investidura, presupuestos) de Ciudadanos sin entrar en un gobierno del PP. De todos modos, esto supondría dejar a los populares casi todos los réditos de la gestión del gobierno a cambio de unos cuantos triunfos que pudieran capitalizar los de Rivera.  Esto nos devuelve o bien al primer punto (la cabeza de Mariano Rajoy), o bien al tercero: el de las políticas públicas.

c) No hace falta ser el genio de la botella para saber que si Albert Rivera pudiera elegir un deseo político, este sería cambiar el sistema electoral. No en vano, Ciudadanos es el partido a quien más votos cuesta obtener escaños (casi el doble que al PP). El problema con esta reforma es que implicaría abrir una reforma constitucional que quedaría a expensas de la colaboración de otros partidos (PSOE, Podemos) y que previsiblemente llevaría aparejado un referéndum… Curiosamente, este fue el deseo que también se pidieron los liberales demócratas frente a los tories y que luego les llevó a la miseria. Obviamente Ciudadanos puede tratar de jugar sobre seguro y capitalizar otras políticas (anticorrupción, contrato único…), pero ninguna tendrá la dimensión simbólica y los réditos políticos de cambiar el sistema electoral.

La colaboración PP-PNV… y de estos con C’s

Estos días ya empiezan a abundar las comparaciones entre el pacto PP-PNV de 1996 y  la complejidad de un pacto actual: Las relaciones entre el PNV y el PP son prácticamente inexistentes y el PNV ahora está a muy pocos meses de las elecciones autonómicas y frente a una dura competencia electoral con Podemos y EH Bildu. Así pues, para el PNV el problema no es tanto la coherencia en el eje izquierda-derecha sino en el eje centro periferia y, más específicamente, en las derivadas que podría tener su apoyo al PP en la competición regional. Si el PP quiere llegar a un acuerdo con el PNV antes de las elecciones vascas deberá aumentar su puja. El PNV también lo hará sabiendo que cualquier acuerdo con el PP será duramente atacado por sus rivales.   

No sabemos todavía las condiciones que pondrá el PNV pero… ¿Estaría dispuesto el PP a implicarse activamente en la política de reconciliación del PNV cambiando, por ejemplo, su política penitenciaria? ¿Aceptaría nuevas cesiones en términos de autogobierno o de financiación autonómica para el País Vasco? El capital político ganado por Rajoy podría servir para facilitar cesiones incómodas por parte de los populares. Pero no hay que descartar que estas acaben provocando fisuras dentro del PP. Al fin y al cabo, una parte del éxito de los nacionalistas vascos se medirá en función de las resistencias que obtengan entre los populares. 

La otra cara de la moneda de los acuerdos entre el PP y el PNV tiene que ver con la incomodidad que este tipo de acuerdos pueda plantear en Ciudadanos (y viceversa). Hasta el momento, la investidura del presidente se basaba en los acuerdos de un partido de ámbito nacional (UCD, PSOE, PP) con varios partidos regionales. Esta vez el pacto incluirá una novedad. No serán uno sino dos los partidos de ámbito nacional implicados en el acuerdo. Esto podría complicar un poco más las cosas porque la postura de Ciudadanos es diametralmente opuesta a los planteamientos del PNV en cuestiones territoriales. El ejemplo más claro es la oposición de C’s al cupo vasco. En estas condiciones, si el PNV plantea al PP un pacto centrado en concesiones territoriales para mejorar sus bazas electorales en el País Vasco esto podría causar notable incomodidad en Ciudadanos. Si el partido de Rivera accediese a aceptar sin más los acuerdos PP-PNV, esto volvería a erosionar la credibilidad de sus planteamientos no solo en el País Vasco, posiblemente también en la política española. 

En síntesis: A primera vista la hipótesis de un pacto con diversos partidos del centro y la derecha (C’s+PNV+CC+NC) parece consistente. Sin embargo esta no lo es tanto desde un punto de vista organizativo ni si se introducen en la ecuación las derivadas de la competición territorial. Aunque nada de esto sirve para invalidar la hipótesis de colaboración entre estos partidos, sí cuestiona cuando menos, su aparente facilidad y pone en duda, sobre todo, su posible estabilidad a medio plazo.

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