La encrucijada del Partido Popular

Desde su (re)fundación en 1989 el Partido Popular ha desempeñado un papel clave en la democracia española. Durante años ha mantenido una militancia y una base electoral enormes, que le han permitido gobernar en España, en numerosas comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos. Ha logrado reunir a un amplio espectro ideológico, evitando el crecimiento de una derecha populista semejante a la de otros países europeos. Se trata, además, del único partido con implantación en toda la geografía española, lo que lo convierte en un importante factor de vertebración territorial. Todo ello está ahora en peligro. ¿Por qué?

Intentaremos resumir las causas de la crisis en los siguientes puntos. Alguna de ellas no es exclusiva del PP:

  1. La selección de las élites: una proporción excesiva de las personas que han ido ocupando los puestos directivos en los últimos años carece de experiencia fuera de la política y no puede presentar méritos profesionales, académicos ni de ningún tipo. La consecuencia es la incompetencia en la gestión y la desconexión de los sectores más dinámicos de la sociedad, que no se sienten representados.
  2. Una cultura organizativa caracterizada por el hiperliderazgo y el pensamiento de grupo: las opiniones no se manifiestan abiertamente, los órganos de reflexión y debate no funcionan, las decisiones se bloquean hasta que el líder se pronuncia, no se hace autocrítica, se imaginan enemigos internos y externos, etcétera.
  3. La pérdida de referentes ideológicos: las circunstancias que afrontó el PP en su vuelta al Gobierno, pero sobre todo el carácter de Mariano Rajoy y su círculo de confianza, explican que el partido se volcara en la gestión, descuidando cuestiones que tienen un alto impacto en su electorado (la defensa de la vida, el tratamiento de las víctimas del terrorismo, la disminución de impuestos, etc.). Ello ha alimentado la caricatura del PP como una tecnocracia sin alma, que quiere el poder por el poder y que practica un pragmatismo feroz.
  4. La inexistencia de comunicación estratégica: “El problema es que comunicamos mal” es la frase más repetida por el militante popular. Ya hemos visto que el problema no es sólo de comunicación, sino de liderazgo, organización y de contenidos. Pero es cierto que ha habido un desprecio olímpico e incomprensible hacia la comunicación. Se han ignorado los parámetros de la política moderna. En la crisis catalana, por ejemplo, hemos asistido a una batalla entre un movimiento populista posmoderno, que se movía como pez en el agua en los medios y las redes sociales, frente a un PP que parecía anclado en el siglo pasado.
  5. Las divisiones y enfrentamientos más o menos soterrados entre partido y Gobierno (y dentro de éste), personificados en Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Los militantes y ciudadanos han asistido entre preocupados y divertidos a un enfrentamiento cada vez más indisimulado, para el que no hay explicaciones ideológicas sino más bien personales.

La mayoría de militantes eran conscientes de estos problemas y coincidían en la necesidad de regeneración del partido. Pero Rajoy no la impulsaba y nadie se atrevía a cuestionar sus famosos tiempos. La moción de censura, el retiro inmediato del presidente y la renuncia de Feijóo a liderar el partido son una cadena de acontecimientos imprevistos que han acelerado la Historia y han colocado al PP en una encrucijada, frente a una decisión que no estaba preparado para tomar. Nadie creía que el sistema de elección del presidente a doble vuelta que se incluyó en la última reforma de los estatutos del partido fuera a tener la importancia que tendrá.

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De los tres candidatos con posibilidades de victoria, Pablo Casado parece el mejor colocado estratégicamente. Su campaña es la que más visibilidad pública está consiguiendo, a medida que su discurso se ha desacomplejado. Si consigue pasar la primera vuelta, en la que votan todos los militantes inscritos, es probable que la rival descartada le ceda el voto de sus compromisarios en la segunda. Pero tanto Santamaría como Cospedal cuentan con importantes apoyos en el aparato, se mueven bien en la sombra y pueden dar la sorpresa, dejando atrás al joven político abulense.  

Si la crisis se cierra en falso, con un liderazgo que sea percibido como continuista, que no genere ilusión y que no cuente con la simpatía de medio partido, el PP estará abocado al fracaso. Un partido sin fuerza propia, encajonado entre Vox y Ciudadanos y desaparecido en territorios tan importantes como Cataluña sería una mala noticia para la democracia española. Si, por el contrario, la crisis se resuelve con el surgimiento de un liderazgo renovado y fuerte, que ataque los problemas que hemos descrito, el PP estará en condiciones de volver al Gobierno aprovechando los más que previsibles errores de Pedro Sánchez y la confusión estratégica de Ciudadanos.

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