La creación de empleo beneficia más a los varones

El análisis de la situación de las mujeres en el mercado de trabajo nos lleva a concluir, sin duda, que tienen una posición de desventaja. Su tasa de empleo es inferior en 11 puntos a la de los hombres y sus condiciones de empleo peores (mayor temporalidad y parcialidad, segregación ocupacional, brecha salarial). Dadas las mayores dificultades de acceso a un empleo, sobre todo de calidad, deberían realizarse políticas de empleo con perspectiva de género. Pero, ¿responden a esta perspectiva en España?

Durante los años de crisis, la igualdad de género dejó de ser una prioridad. Como muestran Gálvez y Rodríguez-Madroño (2017), el presupuesto dedicado a este tipo de políticas se redujo a la mitad entre 2008 y 2014 y los avances asociados a la Ley de Igualdad de 2007, en muchos casos, se han esfumado.  

La Estrategia Española de Activación para el Empleo 2017-2020 dedica uno de los ejes específicamente a la Igualdad de oportunidades en el acceso al empleo, incluyendo las actuaciones dirigidas a promover la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, así como la igualdad entre mujeres y hombres en la entrada, permanencia y promoción en el empleo. Las referencias al género se limitan a estas actuaciones, de manera que en los Planes Anuales de Política de Empleo están prácticamente ausentes. De la misma forma, los indicadores de seguimiento únicamente se ofrecen de forma desagregada por género en esas medidas de igualdad de oportunidades.

La falta de desagregación nos impide ver lo que está ocurriendo en esta fase de recuperación: las brechas de género comienzan a aumentar como se puede observar en el siguiente gráfico. Sí, las tasas de empleo aumentan y las de paro disminuyen, tanto para hombres como para mujeres, pero para nosotras con más lentitud. Es decir, vuelve a suceder lo que ya pasó en otras recuperaciones: la creación de empleo beneficia más a los varones, de manera que las brechas en términos de empleo aumentan nuevamente.

Por esta razón, es necesario que todas las políticas de empleo tengan perspectiva de género. Pensar que la política es neutra es erróneo, porque cuando se ofrece el mismo programa, la misma acción, a personas que presentan distintos problemas de empleabilidad –hombres y mujeres–, quienes tienen más dificultades tendrán un peor resultado. La perspectiva de género debe estar en todas las medidas que se lleven a cabo porque todas las mujeres, independientemente de su edad, de su nivel de estudios y de su situación personal, por el hecho de serlo tienen una dificultad añadida a la de ellos en sus mismas circunstancias.  

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