La consulta de Podemos: luces y sombras de la participación directa low cost

El grado de participación era seguramente el principal interrogante político de la consulta organizada por Podemos a sus miembros. El éxito de participación de esta convocatoria, con un porcentaje cercano al 50% del censo, aleja uno de los principales fantasmas de la dirección del partido que había visto como ésta baja de modo drástico en todas las votaciones y consultas desde la asamblea de Vista Alegre en 2014. La ingeniosa distinción entre miembros activos e inactivos con la que el partido pretendía leer los resultados no será necesaria por el momento, aunque probablemente volvamos a este debate en el futuro. Más allá del éxito en las cifras de participación, la consulta ofrece luces y sombras que conviene examinar. 

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Luces

Podemos no es pionero ni de las consultas internas a los miembros, ni del uso de las TIC como mecanismos de voto (el premio seguramente le correspondería a ICV). Sin embargo, nadie puede negarle el mérito de haber sido el gran difusor de ambas herramientas. Su uso desacomplejado de las TIC ha permitido masificar la participación en los partidos políticos españoles: que 150.000 miembros hayan participado directamente en la toma de decisiones de un partido hoy será un efímero titular en la prensa, pero esto solo ha pasado cuatro o cinco veces en toda la historia de España (de las cuales sólo dos corresponden al PSOE).

La participación masiva también es resultado de un cambio en la noción de miembro de los partidos. Podemos no tiene miembros en el sentido clásico (duvergeriano) del término porque tradicionalmente esta se vinculaba al pago de cuotas regulares. Los miembros de Podemos son inscritos pero no están obligados a contribuir a la financiación del partido (aunque puedan hacerlo voluntariamente). Para algunos esto explicará los niveles de participación… sin embargo conviene recordar que esto tampoco lo inventó Podemos sino el PP y el PSOE: Desde principios de los años 2000 ambos partidos incluyen entre los afiliados a aquellos que no pagan su cuota. Sospecho (pero no puedo probarlo) que por esta razón España es una excepción en la crisis de afiliación que viven prácticamente todos los partidos occidentales.

Podemos también tiene el mérito de haber normalizado y desdramatizado el uso de la democracia directa entre los grandes partidos. Mientras que buena parte de los partidos españoles, con las importantes excepciones de ICV e UPyD, ha recurrido a la participación directa como meros experimentos o en cuentagotas, Podemos la ha hecho obligatoria y ha removido todas aquellas barreras normativas que la impiden, como los polémicos avales en las primarias. Atrás quedan ya los debates tremendistas sobre la democratización de la participación interna, aunque de vez en cuando nos vengan ecos del pasado.   

A medio camino entre las luces y las sombras está la cuestión del fair play y la seguridad. En términos generales los procesos de participación electrónica en los partidos han sido poco cuestionados. Sin ser un experto, las garantías de seguridad parecen suficientes. Y, cuando ha habido sospechas de manipulación, estas han sido investigadas y los procesos se han repetido, como en la Rioja. Sin embargo, quizás deberían mejorarse los sistemas para garantizar la independencia en las agencias encargadas de certificar los procesos internos.

Sombras

Como sus oponentes se han encargado de recordar, la principal sombra de esta consulta radicaba en las opciones que se ofrecían a votación. Sin entrar en este tipo de consideraciones más inmediatas, cabe recordar que el principal problema de las consultas internas es el poder que tiene quien formula la pregunta. Esto hace que muchas veces puedan usarse por parte de la dirección como un mero instrumento de ratificación formal de decisiones ya previamente tomadas. Especialmente si la dirección toma partido explícito por una de las opciones como ha sido el caso en Podemos y hace unas semanas en el PSOE. De todos modos, es bien sabido entre los políticos que los referéndum los carga el diablo porque este mismo ejercicio de ratificación puede volverse en contra de quien lo promueve si no sale el resultado esperado. 

De todos modos, la sombra más alargada de todos los mecanismos de participación directa es la referida a las desigualdades en la participación. Cuando esta es muy baja plantea importantes problemas en la legitimación de los resultados. Recordemos, por ejemplo, que Pablo Iglesias y su equipo fueron elegidos como candidatos a las generales con menos de un 20% de los votos. Algo parecido les ha sucedido a los tres últimos líderes regionales elegidos por el partido en Euskadi (22%), Rioja (17%) y Galicia (16%). ¿Hasta que punto una baja participación debería invalidar los resultados? El problema para los partidos es que más allá de remover obstáculos normativos y/o tecnológicos la decisión final de participar depende de los miembros. Y lo que sabemos sobre el comportamiento político nos dice que esta esta relacionada con sesgos sociales que no son tan fáciles de cambiar. 

Implicaciones

El éxito de participación sin duda tiene importantes consecuencias internas porque refuerza a Pablo Iglesias y amplia su por otro lado ya grandísimo margen de maniobra interno. Más allá de su impacto dentro de la organización, la consulta se convierte en una importante herramienta de presión al PSOE. Si Pedro Sánchez utilizó la consulta en el PSOE para imponerse a los barones territoriales, Pablo Iglesias parece haber hecho lo propio para legitimar su toma o daca al PSOE, lo que sin duda parece ir en la dirección contraria a un acuerdo entre ambos partidos.

Más allá del corto plazo, hay unas cuestiones de fondo que deben subrayarse. La primera tiene que ver con el dilema señalado por Peter Mair entre partidos responsables o responsivos en tiempos de crisis. Esta es una disyuntiva que afecta a buena parte de los partidos del Sur de Europa y que les obliga a actuar de acuerdo con lo establecido por los mercados y organismos intergubernamentales supra-nacionales (i.e. control del déficit) o atender a la voz de sus miembros y votantes (i.e. políticas sociales). La introducción de una mayor democracia interna tiene un componente técnico, pero también una dimensión política innegable que los hace más responsivos…. a costa de ser menos responsables. Si, como parece, las consultas internas están para quedarse, hay que esperar que el margen de maniobra y de responsabilidad de los partidos se reduzca. En un sistema multipartidista como el español, la derivada de todo esto probablemente sea un aumento de los bloqueos institucionales.

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