La ‘cocina’ del CIS y el riesgo de descrédito

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publica desde 1996 barómetros trimestrales que recogen intención de voto. De esta forma, en los meses de enero, abril, julio y octubre podemos conocer no sólo las opiniones de los ciudadanos sobre distintos temas de carácter político y económico, sino también su predisposición de voto de cara a las siguientes elecciones generales. El lunes pasado,  el CIS, que en julio de 2018 cambió de director tras prosperar la moción de censura promovida por el PSOE, anunció su decisión de modificar la cadencia de sus barómetros: a partir de ahora, la pregunta de intención de voto se hará con carácter mensual. Un día después, el martes pasado, presentó un polémico barómetro correspondiente al mes de septiembre.

La polémica que ha acompañado la presentación de la nueva encuesta tiene tres dimensiones: una, más técnica y que no trataremos aquí, es la de cuáles son las ventajas y desventajas asociadas al cambio de periodicidad. Las otras dos tienen que ver con la credibilidad, fiabilidad y utilidad de la estimación que acompaña este barómetro particular, por una parte, y la credibilidad del CIS como institución, por la otra. Ambas cuestiones merecen ser consideradas por separado.

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Por lo que respecta a la estimación de voto concreta presentada por el CIS en este barómetro, el PSOE subía y alcanzaba el umbral del 30,5%, mientras que sus más directos competidores -PP, Ciudadanos (Cs) y Unidos Podemos (UP)- pese a subir/bajar levemente, mantenían una distancia con los socialistas más amplia de lo que los sondeos han apuntado en promedio. Los primeros indicios de que esta estimación del CIS podía ser problemática aparecieron, como es habitual en los últimos años, en Twitter. Aunque fueron muchos más quienes contribuyeron con aportaciones valiosas, merece la pena destacar las de Kiko Llaneras, analista en el diario El País, y Narciso Michavila, presidente de GAD3. En concreto, ambos analistas resaltaron la inconsistencia entre la previsión del CIS y otros datos presentados en el avance de resultados. Poco después, artículos en varios medios de comunicación, como El ConfidencialEl Español, se hicieron eco de éstas y otras críticas.

Aunque no disponemos aún de los microdatos de la encuesta, la comparación del avance de resultados del barómetro de la discordia con los de su penúltima edición (el trimestral de julio) permite someter a un análisis preliminar la consistencia entre las estimaciones ofrecidas por el CIS en ambos momentos y la evolución de otros indicadores. Para que este análisis tenga una perspectiva más amplia, hemos recabado los datos para los cuatro mayores partidos (PSOE, PP, Cs y UP) de una serie de variables que, en principio, cabe esperar que se muevan en la misma dirección que la estimación de voto.

Como muestra la tabla siguiente, la alarma no estaba infundada. No parece lógico que la estimación de voto proporcionada por el CIS nos diga que el PSOE seguiría tan lejano de sus competidores, sobre todo teniendo en cuenta 1) el PSOE es el único de estos tres partidos que cae en intención directa de voto; 2) es también el único que sigue cayendo en intención de voto más simpatía; 3) aunque todos los líderes de los cuatro grandes partidos mejoran en sus valoraciones, las de los líderes del PP y de Cs mejoran más que las de los del PSOE y UP; 4) el PSOE es el único partido que pierde votantes fieles; 5) también es el único en el que crece el porcentaje de fugas a otros partidos; y 6) el PSOE es el que tiene mayores fugas hacia los indecisos. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el porcentaje de encuestados que valora la gestión del Gobierno como buena o muy buena cae, y el de los que la valoran como mala o muy mala sube.

Indicadores de estimación de votoSe han resaltado en rojo las evoluciones negativas para un partido y en verde, las positivas. * En las preguntas sobre intención directa de voto o intención más simpatía se han sumado las respuestas para Unidos Podemos y sus confluencias (En Comú Podem, En Marea y Compromís). ** En el caso del PP, se toma la diferencia entre la valoración de Rajoy en julio y de Casado en septiembre. Los votantes fieles son los que decían haber votado a un partido en 2016 y tenían intención de seguir haciéndolo.

La segunda cuestión que apuntamos tiene que ver con la supuesta quiebra de las series que habían permanecido inalteradas desde hacía más de 20 años, al cambiar el modo de estimar de voto. En primer lugar, no sabemos si esta ruptura realmente se ha producido ahora o si había tenido lugar en alguna estimación anterior. No lo sabemos, precisamente, porque no conocemos cómo hace exactamente sus estimaciones el CIS; ni, por lo tanto, si los detalles de la cocina que empleaba para llegar a estimaciones más precisas (necesarios, entre otras cosas, para no inferir conclusiones erróneas debidas a sesgos en la muestra) se han mantenido inalterados durante los últimos 20 años o no.

Lo que sí ha quedado claro es que los últimos cambios han dado pie a estimaciones que no evolucionan en consonancia con la de los factores que comúnmente están asociados a cambios en las tendencias del voto y, por tanto, van en desmedro de su fiabilidad y utilidad. Así, tras el barómetro de septiembre no sólo se ha puesto en tela de juicio la validez de este estudio en particular, sino que se ha atacado de forma directa una institución cuya labor de medición de la evolución de las actitudes y valoraciones de los españoles ha sido clave para nuestra mejor comprensión de los fenómenos sociales, políticos y económicos del país. No está de más recordar, en estos tiempos convulsos que propician una versión crítica de nuestras instituciones, que son escasos los países de nuestro entorno que cuentan con un organismo público como el CIS. Éste lleva a cabo sondeos y encuestas de opinión a nivel nacional y autonómico, entrevistando de forma presencial a un número muy elevado de electores. Algunas de sus series de datos se alargan en el tiempo casi 40 años (véase, por ejemplo y entre muchas otras, la valoración de la situación política en España, que se remonta a 1979). Desde hace un tiempo, los datos están disponibles gratuitamente en abierto de manera telemática, y no sólo se pueden descargar los informes, cruces de variables y preguntas, sino también los microdatos, para que cada uno rehaga los análisis como mejor le parezca y extraiga sus propias conclusiones.

Además, el CIS participa de multitud de proyectos de carácter internacional: las encuestas de la International Social Survey Program (ISSP), la Encuesta Social Europea (ESS) o el Latinobarómetro. Buena prueba de que su trabajo es indispensable, sobre todo para investigadores y comunicadores, pero también para los estudiantes de nuestras universidades y para el público en general (que, con los datos, mejora su conocimiento e información política) es que el número de consultas a sus informes y el volumen de descargas de sus datos crece de forma imparable.

De lo discutido en estas líneas se desprende, por una parte, que las críticas específicas a la estimación concreta presentada en el barómetro de este mes de septiembre no resultan infundadas, ya que todo apunta a que dicha estimación no nos ayuda a entender mejor los cambios en la propensión a votar por una u otra fuerza política. Sin embargo, esto, en sí mismo, sería anecdótico si no afectara a la credibilidad futura de una institución como el CIS, en la que trabajan muchos profesionales muy experimentados y que ha contribuido enormemente a nuestro conocimiento de la sociedad española.

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