La clave del 24-M: votantes leales frente a votantes indecisos e insatisfechos

Hoy está teniendo  lugar una de las jornadas electorales más inciertas de las últimas tres décadas. Sabemos que los partidos que están gobernando municipios y autonomías seguirán siendo probablemente los más votados en cada caso. Pero no sabemos, sin embargo, si eso resultará suficiente para mantener su posición en el gobierno. Esta incertidumbre es la que alimenta la expectativa de un cambio de color generalizado, pero también es la que podría acabar conduciendo a un mantenimiento generalizado del PP en la mayoría de gobiernos, especialmente en los ayuntamientos, gracias a la posición favorable de cara a la investidura de alcaldes y alcaldesas que posee el primer partido.

Que la balanza electoral acabe decantándose hacia un escenario de cambio o de continuidad dependerá de los millones de electores que dicen que sí tienen decidido ir a votar, pero que también declaran no saber a quién votar. No está claro si son realmente ‘indecisos’ como se les suele identificar, o ‘no informantes’ que no quieren desvelar su voto, como sostienen algunos sociólogos.

Según el CIS, el volumen de indecisos supera el 30% en todas las autonomías y grandes ayuntamientos (con la excepción de Sevilla), y en los casos extremos supera el 40 %, e incluso el 50%, como sucede en Santiago de Compostela.

Este elevadísimo nivel de indecisión provoca que estemos ante un panorama inédito de caída de la lealtad electoral de los grandes partidos, que apenas solo alcanza el 50% para el PP en La Rioja, Castilla y León, Castilla la Mancha, Extremadura y Asturias, y para el PSOE en las dos últimas, en las que los socialistas realmente tienen opciones de alzarse con la victoria. En el resto se intuye un verdadero hundimiento de sus electorados, especialmente en Baleares, Canarias, Madrid, Navarra o la Comunidad Valecniana. En todas estas autonomías, los verdaderos beneficiados de esta caída serán los terceros partidos (Ciudadanos o Podemos) así como las formaciones regionalistas o nacionalistas que allí compiten. Quizá estamos ante un realineamiento histórico del electorado español. O no.

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Esta incapacidad para retener el apoyo electoral de los grandes partidos tiene mucho que ver con una pésima percepción de los ciudadanos sobre la gestión de los últimos años. En algunas autonomías, la mala valoración de la gestión de gobierno se refleja en un deseo de cambio en el gobierno, como sucede en Navarra, Canarias o Baleares. En todas ellas, al igual que pasa en Extremadura, el principal partido de la oposición (el PSOE o EH) es más preferido como partido de gobierno.

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En otras autonomías, la valoración no afecta tanto al deseo de que repita el partido de gobierno, paradójicamente, como sucede en la Comunidad Valenciana, Asturias, Murcia o Castilla y León. Quizá en esas autonomías, la mala percepción de la gestión de la pasada legislatura coincide con una fragmentación del voto potencial en la oposición, que puede acabar favoreciendo al partido de gobierno.

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