La brecha de género en el empleo

El proceso de incorporación de las mujeres al mundo laboral que se inició en España en la segunda mitad de la década de los 80 avanza imparable, así lo muestran los datos sobre participación y empleo. Si en el año 1987 la tasa de actividad de las mujeres era del 32%, hoy es del 53%, las mujeres que participan en el mercado de trabajo han pasado de ser algo menos de cinco millones a más de diez millones. Pero aún, la tasa de actividad media de los hombres supera a la de las mujeres en 12 puntos. En ese mismo periodo, el empleo total aumentó en 7 millones de personas, 5 millones fueron mujeres. A pesar de todo, la tasa de ocupación media de los hombres (54,9 %) supera en más de 11 puntos a la de las mujeres (43,5 %), con diferencias significativas en función de la situación familiar y la presencia o no de hijos en el hogar. Como ejemplo, en 2017, la tasa de empleo de las mujeres entre 30 y 34 años era del 90% mientras que si había algún hijo menor de 3 años caía hasta el 62%.

Tasas de ocupación de hombres y mujeres por edades y según su situación familiar, EPA 2017

Ante la necesidad de conciliar la vida familiar y laboral, muchas mujeres orientan su formación y carrera profesional hacia empleos que terminan frenando su acceso a  puestos mejor remunerados, o renuncian o retrasan la maternidad. La edad media a la que tienen su primer descendiente está próxima a los 31 años y el número medio de hijos por mujer no ha dejado de disminuir desde que comenzó este proceso de entrada en el mundo laboral.

Las responsabilidades familiares generan diferencias de género en el empleo, pero además, la reciente recuperación económica vuelve a poner en evidencia que en España se crea mucho empleo precario y que las mujeres se ven especialmente afectadas. Esta precarización da lugar a que, a finales de 2017, más del 27,7% estuviesen ocupadas con un contrato temporal, frente al 25,8% de los hombres, y que más de un cuarto tuviesen un empleo asalariado a tiempo parcial, frente al 7,6% de los varones. Además, la doble precarización por temporalidad y parcialidad afecta a un 10% de las asalariadas, porcentaje que cae al 4% entre los hombres. Por otro lado, destacar que el empleo a tiempo parcial es, en más de la mitad de los casos, involuntario.

La segregación ocupacional explica también las diferencias observadas entre hombres y mujeres en el empleo. Ellas se concentran en ocupaciones de baja cualificación (un 17% del empleo femenino corresponde a ocupaciones elementales) y el techo de cristal impide que accedan a puestos mejor retribuidos y de mayor responsabilidad. A pesar de que el porcentaje de mujeres en cargos directivos es ya del 37% y de que hay más que nunca en el mercado de trabajo y en la cúpula de las empresas, sigue habiendo barreras sociales y culturales que impiden la igualdad laboral.

Todas estas diferencias en el empleo sirven para explicar una parte importante de la persistente brecha salarial que existe en España, según la cual ellas cobran de media por hora trabajada casi un 15% menos que ellos.

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