La amenaza de la precariedad: la involuntariedad en el empleo parcial

La precariedad del mercado de trabajo español ha aumentado en los últimos 10 años. Entre las posibles explicaciones podemos señalar a la propia crisis económica, así como sus duraderos efectos, a la existencia de tendencias globales que eleva la precariedad en numerosos países – causas estructurales – y, qué duda cabe, a la existencia de vicios nacionales enraizados en las relaciones laborales españolas que incentivan un pésimo comportamiento de nuestro mercado de trabajo. A pesar de que es necesario un análisis más profundo para fijar todas estas y muchas otras explicaciones, lo que sí es cierto es que el aumento de la precariedad es un hecho evidente que comienza a preocupar tanto a los trabajadores, en particular a los que la sufren, como a economistas y parte de la clase política.

Aunque la precariedad se puede medir en muchas otras dimensiones de las relaciones laborales, suelen ser la temporalidad y el salario las dimensiones más habituales para describirla. La reciente evolución de los salarios y el aumento, de nuevo, de la temporalidad sesgan habitualmente los análisis en este sentido. Sin embargo, en este post queremos centrar nuestro modesto análisis descriptivo al trabajo a tiempo parcial, su evolución, y en particular su mutación reciente hacia un nuevo problema del mercado de trabajo español.

Así, en el gráfico 1 se observa la evolución del peso del empleo a tiempo parcial de los trabajadores asalariados. Es evidente su incremento, en particular desde los inicios de la crisis, y en paralelo a los períodos de destrucción de empleo. Es más, es muy probable que dicho incremento sirviera como muro de contención ante un crecimiento descontrolado del paro (hace pocas semanas comentábamos aquí la incidencia del subempleo en las cifras de paro). Y es que el aumento del peso de los trabajadores a jornada parcial es un fenómeno habitual en las recesiones, no solo en España (tal y como indica un estudio de IZA World of Labour), pues permite a las empresas flexibilizar sus necesidades de mano de obra sin tener que recurrir, en ocasiones, a despidos. Además, es más probable pasar a un empleo a tiempo completo desde uno parcial que desde el desempleo.

Gráfico 1. Trabajo a tiempo parcial sobre el total (asalariados)

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

También debe tenerse en cuenta que este tipo de contrato facilita a determinadas personas participar en el mercado de trabajo que de otro modo no lo harían. Es el caso de estudiantes, de personas con familiares a su cargo o incluso de aquellas que lo utilizan como una opción de complementar (tal vez sería más correcto completar) sus ingresos con un segundo trabajo. Por estos motivos economías con una baja tasa de paro suelen tener porcentajes elevados de trabajo a tiempo parcial.

Con lo dicho hasta ahora, podría entenderse que el aumento del empleo a tiempo parcial merece una cierta lectura positiva. Sin embargo, el abuso de este tipo de contratos también tiene su lado negativo. Por ejemplo, el aumento del riesgo de pobreza (tal como indica este estudio de Eurofound) o que la posibilidad de promocionarse es menor entre trabajadores a tiempo parcial.

Pero en el caso particular de España algunos datos nos permiten dudar, y ser aún más pesimistas, respecto a la posibilidad de que el uso de los contratos a tiempo parcial ofrezca beneficios netos a los trabajadores. En primer lugar, en los ya casi 4 años de recuperación económica, el trabajo a jornada parcial se ha mantenido estable (entre el 16 y 17%) lo que lleva a intuir que el aumento desde 2007 responda más a razones estructurales que a coyunturales. En segundo lugar, y más importante, gran parte de los asalariados a tiempo parcial lo son contra su voluntad (subempleo), tal y como muestra el gráfico 2.

Gráfico 2. Peso del subempleo (parcial involuntario) sobre el trabajo a tiempo parcial (asalariados)

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Pero no sólo destaca la evolución durante estos últimos años, sino también nuestra comparación internacional. En la figura 1 puede observarse cómo España destaca, junto con Grecia, entre los países donde un mayor porcentaje de trabajadores parciales son involuntarios. Es evidente que estas cifras nos hacen dudar de un uso eficiente de este tipo de empleo

Figura 1. Trabajo a tiempo parcial voluntario e involuntario

Fuente: Extraído del documento “Are part-time workers less productive and underpaid?”, de Andrea Garnero en IZA world of labour. 

Detallar el análisis de la evolución e incidencia del peso de los trabajadores parciales en los colectivos donde más incidencia tiene este tipo de contrato sostiene la sospecha de que algo va mal.

Así, por ejemplo, y en primer lugar, clasificando a los trabajadores por edades, en el gráfico 3 se muestra el porcentaje de trabajadores parciales para tres grupos de edades, entre los que destacan claramente aquellos menores de 25 años, para los cuáles, además de ser el colectivo con mayor incidencia de la parcialidad en 2007 es aquél que sufrió de un modo más intenso el impacto de la crisis, en particular los involuntarios.

Gráfico 3. Trabajo a tiempo parcial involuntario sobre el total (asalariados) por edades (Media móvil de los 4 últimos trimestres)

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Sin embargo, hay que destacar que el perfil del trabajador parcial por edad está cambiando, en especial durante la recuperación. El grafico 4 muestra el porcentaje de trabajadores que, en el margen de un año, han pasado desde un contrato a tiempo completo a uno parcial. Aunque tradicionalmente son los más jóvenes aquellos que poseen una mayor probabilidad de transitar, a medida que han pasado los años, ha aumentado con diferencia dicha probabilidad de los trabajadores con mayor edad. Que esta probabilidad haya aumentado de forma más intensa incluso en los años de la recuperación exige, cuando menos, un análisis detallado de sus posibles causas.

Gráfico 4. Probabilidad de transitar desde un contrato a tiempo completo a uno parcial (porcentaje de trabajadores cada año por nivel de edad)

Fuente: Muestra Continua de Vidas Laborales y elaboración propia

La incidencia relevante de la parcialidad, y en especial el subempleo, entre los jóvenes, es una de las causas que ha llevado a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a alertar de las preocupantes cifras de trabajadores pobres jóvenes en España. Incluso Cáritas acuñó el término “sinkies” para las parejas de jóvenes sin hijos donde los dos trabajan pero sus salarios sumados no llegan a ser un solo ingreso único decente. En conjunto, parece difícil pensar que nuestros jóvenes lo tengan fácil para planificar su futuro, lo que repercute en otros aspectos como las emancipaciones tardías o los bajos índices de natalidad. Sin embargo, los datos del gráfico 4 nos llevan a pensar que esta negativa situación, más característica de las familias jóvenes, pueda ser cada vez más probable entre familias con adultos de mayor edad, lo que agravaría aún más las perspectivas.

En segundo lugar, otro colectivo donde el empleo parcial es particularmente relevante es en el de las mujeres. Si la parcialidad ya era elevada antes de la crisis comparada con la correspondiente a los hombres, la incidencia del subempleo se duplicó tras la crisis.

Gráfico 5. Trabajo a tiempo parcial involuntario sobre el total (asalariados) por sexo (Media móvil de los 4 últimos trimestres)

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Desde una perspectiva de género, las implicaciones de estos datos no son nada halagüeñas, aunque tampoco son sorprendentes. No dejan de ser un reflejo del mayor peso de las mujeres en el trabajo doméstico, y en especial el cuidado de personas mayores e hijos, obligando a que su participación en el mercado laboral sea menor (como nos comentaba Borja Álvarez aquí). En estos casos, aunque la jornada parcial puede actuar como algo positivo – mantener ingresos y conservar vínculo con el mercado laboral- si una parte desproporcionada de los empleos parciales involuntarios son ocupados por mujeres, puede estar repercutiendo no solo en sus ingresos (brecha de género), sino además en sus carreras profesionales (techo de cristal). Tal y como nos decía Sara Berbel, esto puede suponer más una trampa que una oportunidad para las mujeres.

En resumen, el incremento del empleo a tiempo parcial puede tener una lectura con matices positivos, ya que ha podido ser una alternativa al desempleo tanto a trabajadores como a empresarios, siendo la tendencia que han seguido numerosos países en los peores años de la crisis. Sin embargo, el hecho de que la parcialidad en España sea una opción mayoritariamente involuntaria, convierte los datos observados en una señal más de la creciente precariedad del mercado laboral. Tanto una clara histéresis (resistencia a disminuir) como su incidencia en colectivos específicos (jóvenes y mujeres), hacen del trabajo a tiempo parcial, y en especial el subempleo, un claro objetivo de políticas que solucionen estas ineficiencias de nuestro mercado laboral.

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