Investidura en Cataluña: quién, por quién y con qué apoyos

La política en Cataluña vive de espasmos, en una sucesión de episodios de gran dramatismo que se consumen para dar paso a otro. No hay solución de continuidad, no hay proceso. Es como si cada capítulo fuera nuevo, pero a la vez girara sobre el mismo eje. La política catalana está embarrancada en la manía de contar, de contarse. A cada nueva ocasión se cuentan las fuerzas de unos y de otros. ¿Para qué? Para decidir quién gana. ¿Y para qué? Para confirmar que se ha ganado.

Cada nuevo episodio es un enfrentamiento que no lleva a otro sitio sino a confirmar lo que ya sabíamos. Las elecciones del 21D. La constitución del Parlament. Ahora toca la investidura. Otra excusa para contarse, para confirmar que somos los que somos y seguimos defendiendo lo que ya defendíamos. En una situación normal, las investiduras sirven para generar un gobierno que lleva a término un programa. Aquí no. La investidura es un fin en si mismo. Una batalla más en una guerra de desgaste que nos fascina i nos hastía a partes iguales.

¿Qué puede pasar esta tarde en el Parlament?

1. La dictadura de los números: lo que no puede ser, no puede ser…

En el Parlament surgido de las elecciones del 21D sólo hay una mayoría posible. O lo que es lo mismo, no hay mayoría alternativa a la independentista. Es así y no hay más vueltas que darle. La posibilidad de una mayoría alternativa sobre la base de la no delegación del voto de los electos huidos en Bruselas no tiene razón de ser después de la renuncia al escaño de Serret, Ponsatí i Puig. El movimiento pretende lo que obvio: blindar la mayoría independentista, que sin Puigdemont y Comín, llega a los preceptivos 68 escaños, justo la mayoría absoluta.

Por lo tanto, los independentistas cuentan con el respaldo suficiente para una investidura en primera votación. Cualquier otra opción es aritméticamente imposible. De aquí que la única pregunta sea a quién quiere investir la mayoría independentista.

2. Investir a Puigdemont: la opción restauradora

La investidura del expresident fugado a Bélgica es la opción más lógica para los independentistas, aunque no esté exenta de dificultades. Estas dificultades son de sobras conocidas (las expuso negro sobre blanco el Tribunal Constitucional), pero eso no va en contra de la investidura de Puigdemont, sino todo lo contrario, la hace inevitable.

Investir a Puigdemont es un paso más en el desafío a la legalidad española, que ha sido el leitmotiv de la actuación de los independentistas catalanes. Además, es coherente con la propuesta que presentó Puigdemont el 21D, y que fue la más votada de entre las opciones independentistas (aunque fuera por unos escasos doce mil votos de ventaja sobre ERC).

La investidura de Puigdemont es la única opción que concita el apoyo de todos los partidos independentistas presentes en el Parlament, lo que quiere decir que es la única que tiene asegurados los 68 votos. Así lo ha dicho la CUP, que no está claro que quiera dar sus votos a otro candidato. Sin los cuatro diputados cupaires (y sin contar a los dos que están en Bruselas), los independentistas cuentan con 64 escaños, uno menos que la suma de C’s, PSC, CeCP y PP.

La CUP, pues, vuelve a ser clave, y su opción sigue siendo la desobediencia al Estado. ¿Y que mayor desobediencia que investir a Puigdemont, más cuando el TC ya ha dejado escrito que la considerará ilegal a todos los efectos?

3. Se puede no investir a Puigdemont?

Hay quien dice que no va haber investidura, o que la candidatura de Puigdemont se va a retirar en el último momento. No parece. La clave la tiene ERC. Es evidente que llevar a cabo la investidura del expresident conllevará un enorme coste para los republicanos. Por lo pronto (así lo ha advertido el TC) para el flamante presidente del Parlament, que podría verse obligado a ir a declarar ante un juez, so pena de inhabilitación por un delito tan grave como el de desacato a una instancia como el TC.

Ahora bien, ¿puede hacer otra cosa ERC? No lo parece. Desde la noche electoral, los republicanos están atados de pies y manos a la estrategia restauradora de Puigdemont. Ya se vio a lo largo de la campaña electoral, con la continua fuga de apoyos desde ERC a JxCat, lo que llevó a éstos a acabar siendo la opción más votada entre los independentistas. Entonces se comprobó que era muy difícil para ERC enfrentarse al argumento del “president legítim” si no se quería ser acusado de traidor a la causa.

A ERC no le queda más remedio que seguir a Puigdemont en su marcha. En primer lugar, porqué cualquier otra opción sería entendida como una rendición. Y en segundo lugar, porqué esa opción no contaría con los apoyos necesarios en el Parlament.

4. La “opción Cámpora”

En las elecciones presidenciales argentinas de 1973, el general Perón tenía prohibido por los militares presentarse a la presidencia, así que decidió presentar un candidato-delegado, su fiel colaborador Héctor José Cámpora. El lema de los peronistas en aquella contienda era diáfano: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.

Algo similar podría pasar ahora en Cataluña. Es una opción que defienden algunos en el bloque independentista. Conscientes de la imposibilidad de una presidencia de Puigdemont, la idea sería investir a un president por delegación, que tendría por encima suyo al “president legítim”. De esta forma se podría saltar la prohibición a Puigdemont al mismo tiempo que se mantendría la idea de la restauración del gobierno destituido por el 155.

La “opción Cámpora” en este caso podría activarse una vez el TC hubiera declarado nula la investidura de Puigdemont, nunca antes. De esta forma se llevaría al final el desafío y se podría contar con el apoyo de la CUP al nuevo candidato-suplente. Así mismo, esta opción dejaría a Puigdemont como el candidato elegido en primera opción.

Posiblemente, a ERC le gustaría más activar la “opción Cámpora” sin tener que pasar por la investidura de Puigdemont, básicamente por el coste que le pueda suponer. Pero no está nada claro que ni Puigdemont ni la CUP acepten retirar la candidatura del expresident para contentar al TC i al gobierno de Rajoy.

Si esta opción pudiera salir adelante la Generalitat contaría en la práctica con dos presidents. Un “legítimo” y otro “legal”. Estaría por ver cómo se podría gestionar un gobierno de este tipo, y qué papel jugaría el gobierno central ante un president que teledirige a sus consellers desde el exterior.

5. La bala en la recámara: la repetición electoral

A Puigdemont siempre le quedará la opción de dilatar el proceso y obligar a una nueva convocatoria electoral, en el caso que sus demandas no sean satisfechas. Con esta baza amenaza a ERC, ya que unas nuevas elecciones pueden agrandar la ventaja del expresident sobre sus antiguos socios de gobierno.

En este sentido, podría muy bien ser que Puigdemont no se la juegue presentándose en el Parlament para ser detenido, ya que la libertad de movimientos que le proporciona su “exilio” belga contrasta con la situación de su socio y rival Junqueras. Ya sea para ejercer como president en la distancia o para participar en una nueva campaña electoral, a Puigdemont le sigue beneficiando estar a buen recaudo en Bruselas, lejos del juez Llarena.

La opción de la repetición electoral le podría granjear a Puigdemont extraños compañeros de viaje, ya que muy probablemente C’s estarían más que encantados de volver a celebrar comicios, con lo que implica de atención mediática y con los rendimientos que le están dando los resultados del 21D a nivel estatal.

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