INQUIETUD Y TEMOR EN EUROPA ANTE UN REFERENDUM DE CONSECUENCIAS INCIERTAS

El próximo 4 de diciembre los italianos están llamados a las urnas para decidir si apoyan la reforma constitucional que defiende su presidente, Mateo Renzi, la medida más importante de modificación desde la aprobación  de la Constitución en enero de 1948. La propuesta más significativa aboga por suprimir la función legislativa del Senado que pasaría a ser un órgano de representación territorial.

Según insiste el ejecutivo Renzi, la finalidad principal de la reforma es simplificar y dinamizar el proceso legislativo, hasta ahora muy lento y plagado de obstáculos, y  mejorar el funcionamiento del Estado en un país que suma más de 60 gobiernos en las últimas 7 décadas. Sin embargo, el hecho de que si la reforma sale adelante los senadores serán elegidos por los gobiernos regionales y no por elección directa, y el aumento en el poder del partido del gobierno, está provocando los recelos de muchos italianos y alimentando temores en las cancillerías europeas.

Pero no son los aspectos políticos los que más preocupan. Tras el resultado del Brexit o el triunfo del multimillonario Donald Trump, no conviene descartar sorpresas de última hora. El panorama macroeconómico de toda Europa se tornaría negro tras una victoria del No, que incrementaría notablemente la incertidumbre económica y aumentaría las tensiones financieras.

En Bruselas preocupa especialmente la capacidad de la banca de soportar un clima de mayor stress financiero dominado por fuertes turbulencias y mayor aversión mundial al riesgo. Y es que los problemas asociados con el legado no resuelto de la crisis en la industria bancaria son sustanciales. Las dudas acerca de la calidad de su capital así como de su capacidad real para absorber pérdidas sobrevuelan el ambiente. Episodios recientes como los problemas experimentados por la institución financiera más antigua del mundo, Banca Monte dei Paschi di Siena (que cayó más del 13% en la bolsa italiana la semana pasada), o el enorme stock de créditos de dudoso cobro (unos 360.000 millones) avalan todo tipo de temores.  

Las palabras de Mario Draghi esta semana asegurando que la deuda italiana es sostenible y que hay margen para ayudar a Italia si fuera necesario, han hecho subir las acciones del Monte dei Paschi. Incluso el  BCE tiene flexibilidad para utilizar su programa mensual de compra de bonos de 80.000 millones de euros para amortiguar los movimientos del mercado si fuera necesario.

Otro motivo de inquietud son los sondeos, que mayoritariamente dan la victoria al No. El actual gobierno del socialista Renzi ha vinculado su supervivencia a la aprobación de la reforma, lo que ha convertido el referéndum en una moción de confianza al ejecutivo más que en una consulta sobre la reforma constitucional. Los movimientos populistas, sobre todo el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) y la Liga Norte, no han tardado en aprovechar la situación para atacar al gobierno y liderar la oposición. Grillo insiste en convocar otro referéndum para decidir la permanencia de Italia en el euro, lo que daría al traste con la estabilidad de la Unión y pondría en peligro el futuro del proyecto común europeo. No debemos olvidar que el resultado de las elecciones en Francia de 2017 es  un factor más de riesgo, ya que una victoria del Frente Nacional de Le Pen desencadenaría una crisis política europea sin precedentes. 

A pesar de cualquier pronóstico es arriesgado, lo cierto es que una eventual victoria del No podría desencadenar una nueva crisis de deuda soberana como la vivida en 2010, donde 12 de los 17 miembros de la euro zona sufrieron fuertes escaladas de sus primas de riesgo. Sin duda, países como Portugal, España, Grecia o incluso Francia serían los más vulnerables. A pesar que desde entonces se han tomados medidas para evitar situaciones similares (como la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad), las vulnerabilidades económico-financieras heredadas de la crisis son todavía evidentes. Por tanto, el riesgo de una enorme sacudida en la Eurozona es más que significativa. 

Una salida de Italia del Euro supondría el mayor default de la historia. A los prestamistas de bonos italianos se les reembolsaría en una hipotética lira italiana, lo que unido a una probable devaluación de la moneda supondrían enormes pérdidas para un gran número de entidades financieras del resto del continente. 

Por no hablar del famoso efecto contagio que una victoria del No podría tener. En un clima de débil recuperación económica donde un gran número de países deben hacer frente todavía a sustanciales ajustes fiscales, las consecuencias de un aumento de la aversión mundial al riesgo y del correspondiente endurecimiento de las condiciones financieras podrían ser gravísimas.   

El órdago lanzado por Matteo Renzi llega en un momento muy delicado para la Unión. Atacada por varios frentes, los antieuropeistas no dejan de escalar posiciones entre unos ciudadanos escépticos reclutados por movimientos populistas que están sabiendo cómo recoger tanto descontento. Y el nerviosismo de los mercados tampoco ayuda. La pregunta está en el ambiente, ¿podría afrontar Europa otro probable varapalo electoral?

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1 Comentario

  1. Pedro
    Pedro 12-04-2016

    A ver, futuro doctor en economicas, que problema hay en que cada pais se preocupe de sus asuntos? Diganos un unico bloque de paises con moneda unica pero sin union fiscal, que haya sobrevivido durante suficiente tiempo.

    El problema de Europa no es el referendum de Italia, sino la increible expansion de la masa monetaria por el BCE, algo que acabara en hiperinflacion y el estallido de toda la UE. Si, puede que lleve tiempo, que ese ha sido siempre el resultado en todos los paises que lo han intentado. Pero veo que a la gente le gusta repetir los experimentos fallidos.

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