Información vs. Paranoia (sobre el caso de Diana Quer)

Escribo estas líneas impresionado por el hallazgo del cadáver de Diana Quer, pero aún más por el tratamiento que demasiados periodistas han hecho sobre este caso. Desde el principio lo han tratado como un folletín. Primero pintando una imagen negativa de una pobre chica -y hasta de su familia- que en absoluto conocían. Una vez hallado el cadáver, los esfuerzos se han centrado en descalificar al responsable de los hechos, descubrir detalles escabrosos del estado del cuerpo -algunos filtrados o directamente comunicados por fuentes de la investigación- llegándonos hasta a enseñar la silueta de los restos tapados por una cobertura blanca, cosa que no debe de haber sido del agrado de la familia, y sobre todo creo que tampoco hubiera sido el deseo de la fallecida.

Por si lo anterior fuera poco, se ha entrado en la discusión, especialmente en las redes, sobre si lo acaecido es un caso de violencia machista o un terrible asesinato con posible móvil sexual cometido por un psicópata, que no habría perpetrado los hechos por tener una conducta patriarcal, sino que si hubiera sido homosexual podría haber matado a otro hombre con el mismo móvil, o incluso a un niño de tener una parafilia pedófila. Se ha generado un agresivo debate al respecto sobre lo que debiera ser un concienzudo estudio criminológico, y no una tertulia de taberna.

Como se ve, solamente se ha procurado elaborar un relato atractivo que generara audiencia, como si la simple noticia no fuera ya lo suficientemente impactante. No hay manera de que en ninguno de estos casos se explique, por ejemplo, que no hay prevención posible frente a un psicópata, un ser sin empatía que acostumbra a no ser demasiado inteligente y que habitualmente no mata. Supongo que no se cuenta eso porque aunque sea interesante, es mucho más literario el relato del psicópata perverso superinteligente, que acostumbra a no existir para suerte de todos. Pero se ve que es mucho más rentable generar esos relatos, haciendo de ese modo que el imaginario colectivo, inducido por esa historia falaz, le repita mil veces a cualquier mujer que es peligroso ir “sola” -es decir, sin un hombre- aquí o allá o a según que horas o vistiendo según cómo. Y esa paranoia no sólo no previene delitos, sino que genera inseguridad y hasta efecto llamada en cuatro gamberros.

Y por si ello fuera poco, tampoco se cuenta nada de qué es y para qué sirve el proceso penal. La presunción de inocencia se deja sistemáticamente en el cajón del olvido, así como el resto de derechos fundamentales cuya inteligencia es esencial para saber por qué se produce una condena, y por qué debe precederla un proceso sin poder avanzarse la misma. Por descontado, tampoco se suele contar que en el momento de ofrecer la información se desconoce prácticamente todo, incluso en un caso como éste en el que siendo el sospechoso el único que podía saber dónde estaba el cadáver, habiendo conducido a la policía hasta el mismo le será casi imposible eludir una condena. Y es que esa evidencia, aunque sea importante, es sólo una parte. Hay que saber qué sucedió realmente.

Porque no, no sabemos si la mató, y tampoco si la violó, aunque hasta indigne leerlo. No tenemos ni idea de cómo sucedieron los hechos, y ni siquiera podemos saber si fue importante que la fallecida se resistiera o no a la agresión. Y mucho menos podemos utilizar ese dato para “juzgar” otros casos ajenos al presente, lo que ya es el colmo. Los hechos se determinan cumpliendo las leyes en un proceso judicial, y no elaborando historias truculentas en la barra de un bar convertida en patíbulo.

Y en el proceso judicial, no lo duden, se van a determinar esos hechos. Se hará un completo retrato psicológico del reo tras el cual podremos concluir realmente si es un psicópata con perfil de depredador sexual. También se valorarán hechos similares en los que haya podido intervenir. Se valorará el material informático que tenía en su casa o en su teléfono móvil, para saber si intentó emular fantasías sexuales que había visto en la red. También sabremos más datos a través del cadáver, aunque en este momento sea completamente imposible todavía decir cuáles. Contaremos con el testimonio de diversas personas. Y con todo ello y otros muchos detalles que hoy no conocemos, será perfectamente posible elaborar una condena más allá de toda duda razonable, es decir, respetando la presunción de inocencia hasta que haya sido imposible mantenerla, si ello acaece.

Pero hasta entonces, sería positivo no hacer más ruido mediático con este asunto, siempre que sea ruido y no información de calidad sobre la auténtica realidad de una investigación criminal. Así se evitará banalizar terribles homicidios, o peor aún, instrumentalizarlos de manera que el efecto conseguido sea pernicioso para el propio fin pretendido. Todos podemos tener la mala suerte de cruzarnos con un psicópata que disfrute matando, y eso no hay campaña ni prevención que pueda evitarlo. Ninguna mujer debe tener miedo a salir “sola” de noche. Las conductas machistas deben ser erradicadas de nuestra sociedad, pero la forma de conseguirlo no es haciéndonos creer a todos que, cualquier noche, nuestra hija o nuestra amiga puede no llegar a casa. Porque por suerte para todos, un suceso así es estadísticamente marginal. La paranoia asienta y refuerza el machismo porque históricamente se ha nutrido del miedo. Es importante saberlo y actuar en consecuencia.

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