Incertidumbre política y economía no se llevan bien

Incertidumbre y economía no se llevan bien. Si esta incertidumbre es además política e institucional, menos aún. En este sentido, no son pocos los que afirman que la actual situación de la política española es lo último que necesita un país que acaba de salir de la peor crisis económica vivida en décadas. Otros niegan tal cuestión e incluso ponen como ejemplo a países cuyo desgobierno no implicó merma alguna en su economía. ¿Recuerdan el país de los belgas?

A pesar de lo mucho leído y oído sobre las consecuencias del desgobierno, el debate existente no abandona el ámbito de la mera opinión y elucubración. Por supuesto, legítimo, pero no concluyente. Sin embargo existe una larga tradición de investigación que han tratado de evaluar rigurosamente esta posible relación causa-efecto entre inestabilidad política y comportamiento económico. Mi objetivo en esta entrada de hoy es la de abrir una ventana a la evidencia más sólida, representada en este caso por dos trabajos y a partir de los cuáles el lector puede optar por seguir el rastro de muchos otros con la esperanza, quizás, de sacar conclusiones algo más sólidas que la mera percepción individual de lo que sucede. A estos dos trabajos añado uno de mi propia cosecha sobre el efecto de las convocatorias electorales de 2015 sobre el indicador estrella para muchos del desempeño económico a corto plazo, el IBEX. Vamos a ello.

Así, tres son las relaciones entre estabilidad política y economía en las que voy a centrarme. Estas tres relaciones las he clasificado en función del plazo en el cuál los efectos se dejarían sentir. En primer lugar, se suele argumentar que la incertidumbre provocada por el desgobierno o por la llegada de un nuevo gobierno que pueda “cambiar” sustancialmente las reglas del juego afectaría negativamente al crecimiento económico futuro, que se vería mermado. Este efecto, que se derivaría de una menor inversión, sería a largo plazo, dado tanto el tiempo para la toma de decisiones de inversión como para que estas se transformen en actividades plenamente productivas. En segundo lugar, se suele argumentar la existencia de una relación directa entre estabilidad y calidad institucional así como democrática con la afluencia de inversión directa extranjera. Aunque el efecto sobre el crecimiento sería nuevamente a largo plazo, en este caso el discurso se centra más en la observación de cómo los flujos de capitales para la inversión responden a la confianza política. De nuevo las decisiones tomadas por las empresas no cambian en el muy corto plazo, ya que muchas de estas tardan meses en tomarse. Así pues, la posibilidad de observar el efecto que la inestabilidad política tiene sobre el flujo de inversiones no sería antes de un tiempo, en el medio plazo. En tercer lugar, se asocia las sorpresas en el ámbito político, como por ejemplo resultados electorales no esperados, con la afluencia de capital financiero. Así, muchos han señalado que los malos resultados del IBEX-35 en 2015 vienen explicados principalmente por la inestabilidad provocada por las numerosas citas electorales así como sus resultados, y que según algunos han sido poco “propicios” para los negocios. En este caso, el efecto sería a corto plazo, lo que permite realizar a estas alturas análisis cuantitativo al objeto de discernir la veracidad de tal afirmación.

Respecto a la relación entre inestabilidad política y crecimiento económico a largo plazo, recomiendo el trabajo de Aisen y Veiga, publicado en 2013 en la European Journal of Political Economy, y donde muestran  para un grupo de 169 países y 44 años entre 1960 y 2004, que efectivamente la inestabilidad afecta al crecimiento económico. Para realizar este ejercicio, Ausen y Veiga valoran la inestabilidad política como el número de veces que un gobierno cambia en un período de tiempo, y que en su caso son cinco años. En particular, este efecto se transmite vía menor crecimiento de la productividad y por ello reduce la capacidad del crecimiento futuro. También afecta negativamente a la inversión en capital físico y humano, aunque en menor medida que en la productividad. El efecto negativo sería, así pues, por un canal muy sensible e importante, el menor crecimiento de la eficiencia de la economía vía menor inversión, lo que terminaría afectando no solo al crecimiento sino además en muchas otras variables altamente influenciadas por la productividad.

En lo que concierne a la inversión directa extranjera, en un trabajo de 2007, Busse y Hekefer estudiaron la relación de dicha variable con una docena de indicadores de riesgo político. Este análisis se llevó a cabo para para 83 países entre 1984 y 2003. Muy resumidamente, lo que los autores observan es que, en especial, la estabilidad de los gobiernos, las tensiones religiosas y calidad de gobierno (respuesta del gobierno a los cambios sociales así como defensa de las libertades y derechos civiles) están fuertemente asociadas a la evolución de la inversión directa extranjera. Otras variables, como estabilidad legal, calidad burocrática y, en mucha menor medida, corrupción y calidad democrática, tienen efectos sobre la IDE. Como pasivo a este trabajo es imperativo mencionar que tales resultados son estimados para países en vías de desarrollo o emergentes. Es por ello que su “traslado” a países desarrollados debe ser valorado con prudencia.

En tercer lugar, y aterrizando en España, sería interesante evaluar el efecto que las diferentes citas electorales de 2015, y sus resultados, han tenido sobre el devenir de la economía en este utilizo año. Aunque es imposible a estas alturas poder valorar su efecto en la inversión y en la actividad, no porque no haya datos disponibles sino por la imposibilidad de extraer adecuadamente dichos efectos, sí es más factible intentar valorar dichos efectos sobre indicadores como es el IBEX. Aunque no soy el primero en intentar valorar tal efecto en el índice bursátil, sí creo ser en hacerlo de un modo esquemático y algo más objetivo que la simple visualización de los datos. Permítanme explicarlo.

He tomado la serie histórica del IBEX desde el año 1993 y la he puesto en relación (econométrica) con la cotización del EUROSTOXX 50. Esto me permite explicar parte de la evolución del IBEX con factores ajenos a la economía española. Los que no se “explica” por el EUROSTOXX se asume que son elementos idiosincrásicos españoles o internos que afectan a las cotizaciones empresariales que cotizan en el IBEX. Aplicando ciertos modelos “adecuados” para esa parte no explicada por el EUROSTOXX, y que obviamente no es éste el lugar idóneo para que lo explique, se obtiene una serie de shocks, o impulsos a la cotización de las acciones del IBEX que podemos identificar y cuyo efecto sobre este indice podemos valorar. Debo advertir que lo que voy a contar no es concluyente, pues sería necesario poder asilar todos y cada uno de los efectos que han afectado al IBEX durante 2015. Además, lo que les muestro es tan solo una parte ínfima de todo el análisis realizado. Sin embargo sí es cierto que entre estos shocks es posible identificar con un alto grado de certeza las elecciones. Esto nos permitirá poder argumentar, con cierta base, lo que muchos han hecho ya, pero con mayores dosis de fe.

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El gráfico que les muestro a continuación representan los grandes cambios “internos” o idiosincrásicos del IBEX y que no podemos explicar por factores externos. Es posible identificar varios. Los más importantes son aquellos que alcanzan o traspasan las dos líneas horizontales y que definen si un shock es altamente “inesperado”. Por ejemplo la ampliación de capital del Banco Santander y que tuvo un gran efecto en enero, o los eventos asociados a la crisis griega, que aunque siendo un factor externo, nos afectó con más intensidad que la media europea por nuestra consideración de país “mediterráneo”.

Se puede observar, respecto a las diferentes convocatorias electorales, que el IBEX sufrió tanto reveses como recuperaciones en la semana previa y posterior a la cita electoral. Así, las elecciones andaluzas y catalanas, aunque tuvieron efectos negativos, no fueron las más importantes. Más aún, durante los días previos a las eleciones andaluzas el principal motivo de la caída del IBEX vino motivada por ciertas noticias sobre el Banco Sabadell, y que una vez consideradas dejan los efectos de las andaluzas prácticamente irrelevantes. Respecto a las catalanas, sí hubo un efecto más claro, y negativo, aunque corregido en parte a posteriori, posiblemente porque los resultados no fueran tan negativos como los mercados pudieran haber considerado inicialmente. Sin embargo sí se observan efectos muy significativos, y negativos, en las municipales y generales. Tanto es así, que si controlamos por tales elecciones, el IBEX hubiera caído un 5% menos a lo largo del año 2015. Esto implica casi la mitad de su diferencial con las plazas europeas así como gran parte de su caída para todo 2015.

En definitiva, existe evidencia de que la incertidumbre política afecta a la economía, pudiendo restar tanto crecimiento económico a largo plazo como a medio plazo. A corto, resulta evidente que las sorpresas electorales afectan claramente. En España hemos “sufrido” diversas citas electorales en un intervalo escaso de 9 meses y sus resultados han golpeado más o menos intensamente, en su mayor parte negativamente, a las expectativas de los mercados. Es por lo tanto razonable considerar que cuanto más largo sea este período de incertidumbre política, mayor será los efectos perniciosos para el futuro de la economía española, ya no sólo en el ámbito de los mercados financieros sino además en el de la economía real.

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