Implosión catalana

Astrid Barrio también es autora de este artículo

Como suele suceder con las encuestas oportunas, lo importante del sondeo del GESOP para El Periódico publicado este pasado jueves no es lo que predice para el futuro sino lo que provocará en el presente inmediato. De los varios interrogantes abiertos en el contexto actual de la política catalana –y sus derivadas más allá-, la encuesta proporciona material muy interesante para algunos de ellos: ¿la ruptura de CiU hace peligrar la victoria de Mas? ¿hasta qué punto la nueva política está erosionando la mayoría política actual del independentismo? ¿debe Podemos sacrificar protagonismo en Cataluña a favor de una candidatura amplia de izquierdas? ¿hay espacio para Unió o una candidatura del entorno de Duran Lleida? ¿cuándo le conviene a cada partido que se celebren las próximas elecciones catalanas? ¿y las generales?

Los resultados que avanza el sondeo pueden distar mucho de lo que realmente suceda en los próximos comicios, porque quedan aún variables determinantes por resolver: candidaturas, candidatos, fecha y contexto. Pero ayudan a entender (o anticipar) algunas decisiones que los protagonistas en liza están tomando o tomarán en breve.

En primer lugar, Mas ganará su particular plebiscito. El que se dará en el espacio nacionalista (ahora ya independentista), en el que CDC consolidará su posición de preeminencia. Tras casi un año de sudor frío en el que los sondeos situaban a ERC disputando la primera posición a la difunta CiU, desde el exitoso 9-N (exitoso al menos para su impulsor) Mas ha logrado recuperar una brecha creciente respecto al partido de Junqueras. Las dudas de ERC en 2014 se han visto superadas por el arrojo del president Mas: si cada vez resultan más cuestionables sus dotes estratégicas, hay que reconocerle grandes habilidades tácticas.

Ello no impide que el independentismo aparezca cada vez más vulnerable ante el embate de la “nueva política”. Que CDC y ERC alcancen la mayoría absoluta resulta cada vez más inverosímil. Si esa percepción se instala en ambos partidos, los acontecimientos se pueden precipitar en el pulso Mas-Junqueras.

En cuanto a la reorganización del espacio de izquierda no independentista en Cataluña, la respuesta parece obvia: la suma de Podemos más otras fuerzas resulta mucho más potente que por separado, a expensas del PSC. Curiosamente, una candidatura “en común” demostraría que los males del PSC ya no le vienen por su posición en la cuestión nacional, sino por razones más profundas y estructurales. En realidad, la confluencia de izquierdas levantaría un segundo bloque en la política catalana, de volumen no muy distinto al que durante años ocupó el PSC. Sin embargo, el sondeo no plantea qué papel jugaría entonces el Procès Constituent y Teresa Forcades. ¿Se sumarían a este bloque? ¿Si se presentaran por separado perjudicarían a la CUP?

Un tercer bloque parece más estable y poco afectado por Podemos: el espacio no independentista de centro y derecha, incluyendo Ciudadanos, PP y UDC (o algo similar), que parece tener una (estrecha) ventana de oportunidad. Y en el Parlament hiperfragmentado que viene, cada asiento valdrá su peso en oro.

Finalmente, estas elecciones dan argumentos para que Mas se replantee avanzar las elecciones, y para que Rajoy se replantee no hacerlo. Mientras que Mas ya sabe que cuanto más dilate la duración de esta legislatura, más debilitadas quedarán las opciones de ERC (pero también del ‘procès’), a Rajoy le puede suceder lo contrario: ¿qué liderazgo puede esgrimir un partido en toda España si queda relegado a posiciones testimoniales en Cataluña, tras perder buena parte del poder autonómico y local el 24-M? ¿Qué impulso recibiría Albert Rivera en su carrera para las Generales si su partido se hace con la bandera del constitucionalismo en uno de los territorios clave para decidir quién gobierna en la Moncloa?

Ya sabemos que la fragmentación parlamentaria no está reñida necesariamente con el buen gobierno en las democracias europeas. Pero lo que sigue señalando el sondeo del GESOP, como otros muchos antes, es que Cataluña se encuentra ante las puertas de un hundimiento del sistema de partidos conocido hasta ahora. Y aunque eso no acabaría necesariamente con la cuestión soberanista (que mutaría en un proceso de menor intensidad), sí que podría llevarse por delante sus principales artífices.

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