Igualdad y maternidad: historia de un desencuentro

Pónganse en la siguiente situación: mujer, de 30 años, acude a una entrevista de trabajo. Si tuvieran que apostar por una pregunta que va a surgir con seguridad durante el encuentro, probablemente sería esta: ¿tiene usted hijos o piensa quedarse embarazada en el corto plazo? Pónganse ahora en otra situación. Varón, de 30 años, en una entrevista de trabajo. Convendrán conmigo que es muy improbable que se le pregunte en relación a la paternidad. Les pido un poco más de imaginación. Sitúen a esa mujer de 30 años en dos entrevistas de trabajo diferentes. La primera, para ocupar un puesto de alta cualificación y remuneración, para el cual la formación y experiencia son determinantes, y hay poca competencia. La segunda, en un puesto de baja formación, con empleados fácilmente reemplazables y mucha competencia. ¿Creen que las dos mujeres están en condiciones de responder lo mismo?

La relación entre igualdad y maternidad es compleja, puesto que en esta confluyen múltiples factores discriminatorios como el género, pero también el estatus socioeconómico o de ciudadanía, y por ello cabe observarla desde distintos prismas. En este post intento arrojar datos y luz a tres factores que relacionan igualdad y maternidad: en primer lugar, el impacto de los permisos de maternidad/paternidad sobre la igualdad de género; en segundo lugar, el impacto de la desigualdad socio-económica sobre la posibilidad de ejercer maternidad con derechos; y finalmente, el impacto de la maternidad en la salud económica de mujeres y hogares.

Abordemos primero cómo afecta la maternidad a la desigualdad entre hombres y mujeres. En España las mujeres gozan de 16 semanas de permiso después del embarazo, frente a los 28 días de la baja de paternidad (desde 2017; eran 15 días desde 2004, y sólo 2 anteriormente). Las primeras 6 semanas del permiso materno son obligatorias, mientras que las 10 restantes pueden repartirse con el otro progenitor, o convertirse en 20 a tiempo parcial. Adicionalmente, existe el permiso de lactancia, al que opta sólo uno pero cualquiera de los dos progenitores, y que se puede concretar en 1h al día hasta el noveno mes o se puede compactar, resultando en 2 semanas adicionales. En este tema, España se encuentra en una buena posición en cuanto a prestación, ya que ambas bajas (maternidad y paternidad) están cubiertas al 100% de los ingresos corrientes. Sin embargo, en cuanto a tiempo de permiso, estamos a la cola de Europa.

La diferencia de duración de ambos permisos introduce un factor de desigualdad en el mercado laboral. Ambas bajas están cubiertas por la Seguridad Social, pero la empresa sigue haciéndose cargo de la cotización. Además, es más probable que durante una baja parental de un mes no se busque sustitución mientras que para los cuatro meses maternales sí, de modo que los permisos desiguales suponen un coste diferente para el empleador. A pesar de que las parejas podrían repartirse los permisos a tiempos iguales, el carácter voluntario de esta elección no lo incentiva. Según un estudio reciente del Observatorio Social “la Caixa”, elaborado sobre los datos de la Encuesta sobre el uso social de los permisos parentales de 2012, las madres tienen más porcentaje de uso de estos permisos y los ejercen durante más tiempo. Además, un 20% de mujeres frente a un 2% de varones se acogen a reducción de jornada, y un 10% de mujeres frente al 1% de varones se acogen a excedencias para cuidar a los hijos más allá de los primeros meses.

Como han demostrado diversas experiencias legislativas, no es hasta que los permisos de paternidad son obligatorios e intransferibles que su uso por parte de varones aumenta significativamente. Por lo tanto, el diseño de los permisos genera una estructura de incentivos determinada. La Plataforma por Permisos iguales e intransferibles (PPiiNA), explica que el hecho de que los permisos de paternidad sean iguales, obligatorios e intransferibles tiene un doble objetivo. Por un lado, con respecto al empleador, es un incentivo para reducir la discriminación de las mujeres. En segundo lugar, con respecto a los varones, aumenta de manera determinante su corresponsabilidad en la crianza.

Sin embargo, hay factores que afectan a las mujeres de manera específica más allá de la igualación de permisos, por ejemplo en relación a los riesgos durante el embarazo, por lo que muchas mujeres tienen que coger bajas laborales antes de su permiso de maternidad. A posteriori, las dificultades en la conciliación también afectan el comportamiento laboral de las mujeres, siendo ellas las que más probabilidades tienen de optar por empleos a media jornada. En el gráfico siguiente se muestra cómo las ganancias y la tasa de actividad, a pesar de ser muy parecidas para hombres y mujeres al inicio, empiezan a divergir a partir de los 25 años de edad.

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la Encuesta de estructura salarial 2014 (izquierda) y a la Encuesta de Población Activa 2017T1 (derecha).

Por otro lado, a una desigualdad de tipo binario se añade la desigualdad de ingresos: ¿cómo afecta la desigualdad en el estatus socioeconómico a las experiencias maternidad y crianza? La precarización del mercado laboral es un factor explicativo en cuanto al uso de los permisos de maternidad y paternidad. Estos permisos son derechos adquiridos con la Seguridad Social, del que quedan excluidas las personas que no estén dadas de alta o que no hayan cotizado el tiempo suficiente (6 meses). En un país donde la tasa global de paro es del 18% pero entre las personas jóvenes se eleva hasta el 40%, las condiciones laborales para amplias capas de población suponen una desventaja definitiva para la maternidad.

Entre las personas empleadas, hay circunstancias de especial vulnerabilidad. En sectores donde hay más competencia, en contratación temporal, por cuenta propia o en situación de “falsos autónomos”, el riesgo de perder el empleo (o clientes) disuade a muchas personas de usar estos permisos. De hecho se refleja en las cifras que arroja el estudio del Observatorio Social “la Caixa”. En el siguiente gráfico podemos observar que frente a un 98% de mujeres con trabajo indefinido que hacen uso de su baja de maternidad, sólo un 75% de las mujeres autónomas o con contrato temporal lo hacen. En el caso de los varones, estas cifras son del 89% vs 58%.

Fuente: extraído de Meil y otros (2017).

La desigualdad económica también puede explicar la amplia brecha de género en cuanto a excedencias y reducciones de jornada, ya que al no ser remuneradas pueden suponer un coste inasumible para parejas de ingresos bajos. El hecho de que los funcionarios se acojan mucho más a permisos no remunerados apunta a que la seguridad en el empleo, además de la retribución, es un factor determinante. Según el estudio Parents at Work de la Comisión Europea, España está en la cola de la UE en cuanto a madres y padres que se acogen a permisos de excedencia. En estas circunstancias, la compatibilización de la crianza con el empleo conlleva a menudo una externalización de los cuidados hacia otras mujeres. En el caso de familias con bajos ingresos, este apoyo a la crianza suele recaer en abuelas y abuelos. Sin embargo, como explica aquí la antropóloga Gabriela Poblet, las mujeres migrantes, muchas veces en situación muy precaria, tienen más dificultades a la hora de acceder a una red de apoyo social que contribuya a gestionar los cuidados y facilite sus experiencias de maternidad.

Finalmente, ¿cómo afecta la maternidad a la situación social y la desigualdad? En un contexto donde el empleo es determinante para la inclusión social, la penalización laboral de la maternidad tiene efectos sobre el estatus socioeconómico de las mujeres. Según el estudio de la Comisión Europea citado anteriormente, las mujeres con hijos tienen una tasa de ocupación 8 puntos menor que las mujeres sin hijos, con el diferencial aumentando hasta el 18% entre los 25 y los 39 años. En este artículo, el economista Manuel Hidalgo desgrana los costes que supone la maternidad para la carrera profesional de las mujeres. Estar fuera del mercado laboral, perdiendo oportunidades de promoción, y los costes de readaptación posterior, nos penalizan significativamente. Además, esta  desigualdad se perpetúa también sobre las pensiones, y explica la feminización de la pobreza en la vejez.

En cuanto a los hogares, en este artículo, el sociólogo Benet Fusté explica que el umbral de riesgo de pobreza aumenta a medida que aumenta el número de miembros del hogar. Un cálculo rápido sobre los datos que maneja le lleva a la conclusión de que la pobreza de los hogares se reduciría en un 47% si no tuvieran hijos. España está a la cola de la Unión Europea en materia de pobreza infantil, cifrada por UNICEF en alrededor del 40%, el tercero más alto de la UE después de Grecia y Rumanía. Según la socióloga Irene Lebrusán estas son las consecuencias de las carencias del sistema de protección social para hogares con hijos y contra la pobreza infantil.

Los permisos de paternidad y de maternidad desiguales introducen una brecha de género en la carrera profesional que se perpetúa a lo largo de la vida. Pero además, la discriminación de las mujeres en el mercado laboral intersecciona con la desigualdad económica y la precarización del empleo. El diseño de los permisos de maternidad y paternidad es determinante a la hora de condicionar tanto las prácticas discriminatorias de empleadores, como los incentivos de corresponsabilidad de los varones, en relación a la maternidad. Sin embargo, las garantías legales pierden eficacia frente a mercados laborales duales y precarizados, con situaciones de elevado desempleo, y en marcos socioculturales donde se prima la productividad frente a los cuidados.

Artículo realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”

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