I+D+i = UE

Más allá del frenesí y del torrente informativo diario, el momento actual estaría siendo delineado por profundos procesos de transformación tecnológica (la llamada cuarta revolución industrial, impulsada por el desarrollo de la automatización y robotización, el internet de las cosas o la inteligencia artificial) que se espera que tengan un gran efecto a nivel social. Especialmente en el mercado de trabajo donde se está produciendo paulatinamente una desconexión entre crecimiento y empleo. Consecuentemente, surge en paralelo la cuestión sobre la gobernanza de estas transformaciones. La velocidad de los cambios y el alcance de su impacto hacen que el legislador y las agencias reguladoras estén ante un reto enorme, fundamentado, en primer lugar, en identificar qué y por qué se está regulando. En nuestro contexto, fortalecer el ámbito de la investigación y el desarrollo parece imprescindible para conseguir que su progreso se canalice y revierta en beneficio de la sociedad a través de una regulación acorde a la dimensión de sus efectos.

Según Andrea Saltelli, investigador de la Universidad de Bergen y del ICTA (UAB) y entrevistado por el Observatorio Social de “la Caixa”, la ciencia se enfrenta en la actualidad a múltiples retos. Salvatelli destaca dos de ellos que, por su relevancia, deberían atraer más atención de la que reciben: la crisis de reproductibilidad -la posibilidad de obtener los mismos resultados reproduciendo el mismo estudio- y la dificultad de obtener resultados ante sistemas complejos. Ante estos retos, así como para el progreso científico en términos generales, hoy se presume ineludible la cooperación entre diferentes actores. La  escala nacional no sirve y la internacionalización de la ciencia y la innovación, por necesidad y por oportunidad, debe formar parte de la agenda política. Para que ello ocurra deviene necesario comprender el porqué de su urgencia. El proceso de internacionalización de la I+D+i, además, puede servir como acicate para una profundización en la integración política del proyecto europeo.

La relación entre I+D+i y crecimiento económico se vuelve progresivamente más intensa. Ante este escenario resulta todo un despropósito el abandono de la ciencia y la innovación en los años que siguen a la crisis de 2008 por parte del gobierno de España. Con más urgencia si cabe, por tanto, hace falta una estrategia clara de alineamiento y convergencia con los Estados miembro de la UE en política científica. El ámbito que debe protagonizar la promoción e impulso de la I+D+i es, por su potencial, el europeo. Es el único que puede movilizar suficientes recursos (humanos y materiales) para generar innovación que pueda ser competitiva con las otras grandes regiones del mundo. La competitividad en I+D+i pasa por la vertebración de un espacio común de investigación y conocimiento. El camino iniciado con el ERA (Espacio Europeo de Investigación, en sus siglas en inglés) y los Programas Marco debe ensancharse. El momento actual también ofrece una ventana de oportunidad: EEUU parece haber dimitido de su liderazgo global, y se abren oportunidades.

La UE se posiciona en un contexto global marcado por una fuerte competencia de países emergentes y en el que compite con una falta de materias primas (que produce una alta dependencia energética), una fragmentación del mercado del conocimiento (barreras de movilidad geográfica) y una gran disparidad entre los Estados miembro. La tendencia actual dibuja una Europa a varias velocidades: un núcleo duro de países fuertes en I+D+i, que disponen del presupuesto y medios adecuados para liderar áreas estratégicas; un grupo de países seguidores, centrados en aprovechar la infraestructura disponible para facilitar la innovación tecnológica y actuar sobre ámbitos temáticos en los que existan capacidades; y un grupo de países rezagados con problemas estructurales y poco gasto en I+D, cuyo objetivo sería disponer de la infraestructura adecuada para servicios y proporcionar recursos humanos a los demás Estados.

En el Tratado de Funcionamiento de la UE (TFUE), la investigación y la innovación son competencias compartidas. El TFUE incluye dos artículos, el 185 y 187, que permiten abordar el problema de la fragmentación entre los Estados miembro y la Unión. A modo ilustrativo, los recursos del Programa Marco H2020 (presupuesto de 77.000 millones €) suponen anualmente una cantidad inferior al 10% de los recursos totales de la UE dedicados a investigación e innovación. La mayor parte de los recursos se encuentran en los Estados miembro. Por tanto, el desarrollo efectivo del ERA solo será posible mediante un proceso de coordinación y cooperación voluntario -dado que las competencias son compartidas- incluido en la propia estructura e instrumentos del Programa Marco. Al mismo tiempo, la fórmula de los partenariados público-privados a nivel europeo parece resultar efectiva a la hora de asegurar un compromiso alineado de todos los actores. Resolver retos complejos de la sociedad conjuntamente con la industria, y comprometer a la industria hacia objetivos conjuntos a largo plazo, deviene clave para el futuro.

En la actualidad ya se están poniendo las bases del siguiente Programa Marco (PM9). Grupos de expertos de alto nivel están asesorando a la Comisión en su diseño y la primera medida propuesta es que el futuro FP9 cuente con el doble de presupuesto que H2020. Por otro lado, se proponen medidas entre las que destacan: incrementar el número de convocatorias bottom-up para posibilitar que los investigadores propongan sus propias iniciativas; abordar retos globales desde una perspectiva que ponga en el centro el impacto; priorizar los objetivos y el impacto por encima de otros criterios; liderar la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU; o reducir el número de instrumentos y promover que los que se mantengan estén en permanente interconexión. El objetivo es hacer de la investigación y la innovación internacional el rasgo definitorio de la Unión, así como superar el 3% de gasto en I+D+i en 2020.

La internacionalización de la ciencia debe ser una apuesta clara, máxime en el caso de España. La posibilidad de progreso en el contexto actual va inexorablemente ligada a la capacidad de investigar e innovar. Ambicionar un crecimiento que haga posible el mantenimiento y profundización de los servicios públicos y la creación de empleos no estacionales pasa por responsabilizarse de esta realidad. Y la UE es el marco para hacerlo posible, juntando y coordinando capacidades entre los Estados miembro y actores de la sociedad y la industria.

La Unión Europea, que es “el mejor invento de articulación de lo heterogéneo”, puede utilizar la ciencia y la innovación como impulso para una mayor integración y, al mismo tiempo, para solidificar el modelo social europeo. La ciencia y la innovación deben ser entendidas como elementos clave para la europeización. Esto es, que en el proceso de construcción europea y en “el paso hacia Europa”, la investigación y la innovación contribuyan a hacer el camino que hay que andar.

Para saber más:

  • Informe del Grupo de Alto Nivel asesor de la Comisión sobre cómo maximizar el impacto de los programas de investigación e innovación de la UE, elaborado por expertos independientes
  • Respuesta al informe de arriba por The Guild of European Research-Intensive Universities
  • Informe COTEC 2017

Artículo realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”

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