Historia de dos IRPFs

Las elecciones autonómicas y municipales están forzando a los partidos políticos a competir por los votos, mediante anuncios, promesas y propuestas más o menos venturosas, y entre las que habría que destacar, como no puede ser de otro modo, las fiscales. Esta competencia es especialmente llamativa entre los partidos emergentes. El primero fue Ciudadanos (C’s), con su ya famosa propuesta de reducción de IRPF y ajuste del IVA. En concreto, y resumiendo, su plan fiscal sobre el IRPF se basa en reducir los tramos impositivos de cinco a tres, así como los tipos aplicables en cada uno de dichos tramos. Además, los trabajadores con renta salarial anual inferior a 16.000 euros recibirían un complemento salarial de un máximo del 27,8% de dicha renta. El segundo, Podemos, que entre muchas otras, presentó su propuesta fiscal sobre tramos autonómicos y que apunta a una subida de impuestos a rentas más altas y una ampliación de las rentas exentas. En particular, aunque aún si precisar, proponen ajustar los tramos autonómicos a tres, bajando el tipo en el tramo de rentas salariales menores a 25 mil euros al año, suavizándolo en el tramo intermedio, entre 25 y 50 mil euros anuales, y subiéndolo para las rentas mayores de 50 mil euros. Frente a la renta complementaria de C’s, Podemos propone mejorar la renta mínima de inserción (RMI) así como mayores transferencias monetarias y en especie a las rentas más bajas.

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Aunque muchas de estas aportaciones las definirán los partidos con mayor concreción en un futuro, el debate ha explosionado, y como no podría ser de otro modo, con un marcado carácter ideológico. Sin embargo, en mi humilde opinión, tal carga ideológica invalida dicho debate, o al menos lo sitúa en el ámbito de lo teológico. Es necesario iniciar, pues, un debate sobre las propuestas algo más “aséptico”, más neutral si es posible, algo de lo que yo mismo soy escéptico. Sin embargo, y a pesar de mis dudas, mi principal objetivo en estas líneas es, en lo posible, enriquecer dicho debate, alejándolo lo máximo posible de posicionamientos dogmáticos.

Para empezar, supongamos que creemos óptima una cierta redistribución de la renta. Este, les prometo, es mi único punto dogmático. Si usted, estimado lector, es de los que piensan que no, le recomiendo que siga leyendo, aunque sea por simple curiosidad. Pues bien, partiendo desde este punto, podemos argumentar que todo sistema fiscal debe buscar dos objetivos: maximizar la equidad (progresividad), y minimizar la ineficiencia que genera. También debe buscar la suficiencia, es decir, si el gasto público cubre las necesidades definidas por un contrato social. Sin embargo, la suficiencia depende tanto del nivel de equidad que deseemos como de la eficiencia que queramos sacrificar. Por lo tanto, un debate objetivo sobre las propuestas de C’s y Podemos debe preguntarse si ambas, alguna o ninguna elevan la equidad y/o eficiencia de la carga impositiva. Para encontrar respuesta a tal pregunta muchos académicos han dedicado gran parte de su investigación a estudiar los efectos de los sistemas impositivos no sólo en la redistribución de la renta sino además en la eficiencia de los mismos. Una buena síntesis de las conclusiones a la que la academia ha llegado está magníficamente recogida en un trabajo de Juan Carlos Conesa, y que, en un gran alarde de simplificación y resumen por mi parte (pido disculpas por ello a Conesa), les explico a continuación.

Como ya he argumentado, todo sistema fiscal debe decidir entre equidad y eficiencia. Ambos objetivos conforman un “trade-off”, por lo que mejorar uno implica empeorar el otro. Así, una mayor equidad puede obtenerse imponiendo tipos marginales más elevados cuanto mayor sea la renta. En particular, si suponemos que las rentas obtenidas por los ciudadanos se basan solo en diferencias de “nacimiento”, entiéndase esto en un sentido amplio, y no derivadas de su esfuerzo o de sus decisiones, el óptimo progresivo (basado en una visión marginalista de la utilidad) sería aquél en el que las rentas son repartidas de tal modo que la equidad fuera máxima. Dicho sencillamente: todos los ciudadanos poseen la misma renta ex-post. Sin embargo, como intuye el lector, gran parte de las rentas no se consiguen por herencia o por que caigan del cielo, sino en función de las decisiones individuales y que los ciudadanos toman a lo largo de su vida, como por ejemplo, educarse o esforzarse más. Por lo tanto, buscar un impuesto altamente progresivo generaría distorsiones en estas decisiones de los individuos, afectando claramente a la eficiencia del impuesto. En base a este razonamiento, muchos estudios a lo largo de las últimas tres décadas han mostrado que el impuesto de la renta más equitativo pero menos distorsionador sería aquél con una amplia base exenta (incluso se ha valorado en un mínimo de un 17% de la renta media) y un tipo único (estimado sobre el 23%) a partir de dicho exento. Para asegurar la equidad, sería además necesario establecer un impuesto al capital algo más elevado que los habituales. Así pues, un IRPF con pocos tramos, una gran base exenta y un tipo a la renta del ahorro más elevado que la actual, se acercaría a dicho óptimo impositivo (máxima equidad con mínima ineficiencia).

Aunque propuesta teórica, este “IRPF” no nos es tan desconocido, ya que uno muy similar fue el que el PSOE presentó en su momento, aunque eso sí, con poco éxito. La propuesta de Ciudadanos, aunque no es exactamente un impuesto con tipo único a partir de un mínimo exento, se acercaría a dicho modelo “progresivo”, amplificado por su renta complementaria, aunque con una mayor ineficiencia derivada de la existencia de tres tramos impositivos. Por otro lado, el “IRPF” de Podemos sacrificaría eficiencia por una mayor progresividad.

Para ver estas apreciaciones más claramente, dibujemos cómo se distribuiría la carga impositiva del IRPF con la propuesta de C’s. El gráfico adjunto muestra dicho dibujo. La distribución de la carga con la propuesta de Podemos no la he simulado al ser aún excesivamente vaga y no atreverme a iniciar un debate en base a forzados “supuestos”. Así pues, como se puede observar, el diseño de C’s beneficiaría claramente a las rentas más bajas, gracias a la renta complementaria. Es por esto por que se podría argumentar objetivamente que la propuesta de C’s eleva la progresividad del actual IRPF. Sin embargo, la carga impositiva también se reduciría entre las rentas más altas, ya que los trabajadores con sueldos brutos superiores a 60 mil euros anuales se verían claramente beneficiados. Por el contrario, y en el otro extremo, los trabajadores con rentas entre 1,5 y dos veces el SMI aportarían más. Rentas más altas aportando menos y rentas medias aportando algo más no es con certeza un ejemplo de progresividad. Este efecto indeseable de la propuesta de C’s no ha pasado desapercibido por sus autores, quienes ya han prometido una versión 2.0 que corrija tales “aberraciones”. Frente a estas anotaciones en el debe, hay otras en el haber que pueden hacer de este programa muy interesante: la reducción de tramos, ya que como se ha argumentado, reduciría la ineficiencia del sistema actual. También, y para apaciguar a los defensores de la progresividad, se propone un incremento de la imposición a las renta del capital, además de un supuesto aumento (¿cuento de la lechera?) de declarantes en la parte alta de salarios dada la menor ineficiencia.

La propuesta de Podemos es más progresiva, ya que sin paños calientes proponen elevar los tipos en la parte alta de la renta, creando a su vez una base exenta amplia (eso sí, en este caso en el tramo autonómico) y complementada por rentas, subvenciones y todo tipo de transferencias a las rentas bajas. Sin embargo, al no proponer, de momento, reducción de tramos en la parte estatal, y/o permitir o dejar vía libre a las autonomías a establecer los tramos autonómicos que considere oportuno, a priori su propuesta generaría más distorsiones que la propuesta de C’s, o sencillamente la genera por el IRPF actual.

En resumen, ambos partidos han lanzado lo que son sus ideas sobre qué impuesto sobre la renta van a defender en el caso de adquirir responsabilidades de gobierno. Ambas propuestas son diferentes entre ellas y en sus consecuencias. Mientras C’s propone una nueva visión sobre cómo debe ser el IRPF, Podemos simplemente modificaría el existente. Mientras C’s busca una mayor eficiencia del impuesto, Podemos suspira por una mayor progresividad. Aunque a priori esta última está presente en el programa de C’s, la simulación de los datos ofrece debilidades en este aspecto, al hacer un guiño a las retas altas y dejar de lado a las medias. Sólo una versión que erosione este defecto, ya sea vía IRPF 2.0 o tipos sobre el ahorro, podrán otorgar al partido de Rivera cierta ventaja en esta parcela del debate político. Esperemos pues nuevas versiones o concreciones. Entonces tendremos más con lo que debatir.

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