Guerra en ‘Trumplandia’: fuego y furia de Steve Bannon, Breitbart News y Donald Trump

Uno de los personajes que más protagonismo ha tenido y sigue teniendo en la política estadounidense en los últimos años ha sido, sin duda alguna, Steve Bannon. Con una peculiar biografía (ha sido marine, banquero de inversión en Goldman Sachs y productor y director de cine), en 2012 se convirtió en director de la página web de noticias Breitbart News, que abandonaría después para ser estratega jefe de la Casa Blanca y consejero del presidente Donald Trump hasta el 18 de agosto de 2017, cuando fue despedido (o renunció, ya que tampoco está claro).

El pasado 3 de enero, New York Magazine publicaba un avance del libro Fire and Fury: Inside the Trump White House que saldrá a la venta el 9 de enero y ha supuesto el último maremoto en las agitadas aguas de la política estadounidense desde que Donald Trump es su comandante en jefe. A través de más de 200 entrevistas realizadas a la mayoría de los miembros de su personal, llevadas a cabo durante un período de 18 meses, Michael Wolff, un veterano periodista que ha escrito para USA Today, Vanity Fair, The Guardian o The Hollywood Reporter, constata ideas que más o menos todos imaginábamos (Melania Trump temía convertirse en la primera dama o el gran desconocimiento político de Trump), pero revela otras que han hecho enfurecer al presidente como que éste pensaba que perdería las elecciones, las ambiciones presidenciales de Ivanka Trump o la supuesta reunión de Donald Trump Jr. con un abogado ruso. Pero, sobre todo, revela a Steve Bannon como el crítico más mordaz de Trump y su familia (califica a la hija del presidente de “tonta como un ladrillo” y a su yerno Jared Kushner como “traidor” y “antipatriótico”) y Wolff lo retrata como un titiritero maestro, manipulando al presidente para sus propios fines políticos (albergando incluso sus propias ambiciones presidenciales para 2020).

Ante estas revelaciones, la respuesta del presidente Trump no se hizo esperar y el mismo miércoles criticó a su ex estratega jefe como un charlatán político, minimizó su papel como asesor, le acusó de buscar protagonismo y le culpó de todo, desde las filtraciones hasta la derrota del partido republicano en la carrera del Senado el mes pasado en Alabama. “Steve Bannon no tiene nada que ver conmigo o mi Presidencia”, dijo en un comunicado; “cuando lo despidieron, no sólo perdió su trabajo, perdió la razón”. Y añadió: “Steve pretende estar en guerra con los medios, a los que llama partido de oposición, pero pasó su tiempo en la Casa Blanca filtrándoles información falsa para hacerse parecer más importante que el presidente; es lo único que hace bien. Steve rara vez estaba en una reunión cara a cara conmigo y sólo pretendía tener influencia para engañar a unas pocas personas sin acceso y sin ninguna pista, a quienes ayudó a escribir libros falsos”.

Lo cierto es que Donald Trump y Steve Bannon han tenido una relación, cuando menos, pintoresca. Repasémosla desde sus inicios. Como muchos lectores ya sabrán, Breitbart News es un sitio web de noticias, opiniones y comentarios políticos, máximo exponente de lo que se ha denominado alt-right o derecha alternativa, eufemismo ideológico para calificar tendencias de extrema derecha que rechazan el conservadurismo convencional y el neoconservadurismo en favor del nacionalismo populista blanco y las ideas paleoconservadoras antisistema.

Breitbart fue creado en 2005 por el comentarista y empresario Andrew Breitbart con el objetivo de fundar un sitio que fuera “abiertamente pro-libertad y pro-Israel”. Junto a esta línea editorial, el medio practicaba el más puro sensacionalismo, ya que lo que les proporcionaba más visitas y atención -y, por tanto, ingresos- era llevar al extremo la estrategia de poner cebos para conseguir clics (clickbait).

Andrew Breitbart y Steve Bannon se conocieron en el estreno del documental de este último In the Face of Evil: Reagan’s War in Word and Deed (2004) y allí decidieron colaborar juntos. Al principio, el papel de Bannon en Breitbart era el de relaciones públicas y recaudación de fondos pero, en 2012, de forma repentina, su fundador Andrew Breitbart falleció y se desató una guerra civil dentro de la compañía para decidir el estilo y la dirección a seguir. Larry Solov, cofundador y director ejecutivo, pidió a Bannon que ejerciera de presidente ejecutivo de la compañía, cargo que aceptó, pero éste fue asumiendo un papel cada vez más protagónico, tomando decisiones editoriales y sobre contenidos importantes, y alineándose con el populismo de derechas europeo y la derecha alternativa estadounidense, con una estrategia clara: dirigir el sitio como herramienta de acción política, apoyando a candidatos y causas partidistas y redoblando la apuesta por el modelo económico que funcionaba, esto es, titulares provocativos diseñados para herir las susceptibilidades de los progresistas y atraer los clics de la derecha.

En las pasadas elecciones estadounidenses, Bannon se unió a la campaña de Donald Trump el 17 de agosto de 2016 para sustituir a Paul Manafort (gracias a las revelaciones del libro, ahora sabemos que se lo ofreció antes al fundador de Fox News, Roger Ailes, pero éste no aceptó y que Bannon sería una imposición de sus principales donantes Robert y Rebekah Mercer). Se convirtió en su jefe de estrategia y consejero principal, poniendo ‘‘Breitbart News’ al servicio del candidato republicano. De hecho, como explica la investigación ‘Partisanship, Propaganda, and Disinformation: Online Media and the 2016 U.S. Presidential Election’, del Berkman Klein Center for Internet & Society at Harvard University, su estrategia tuvo éxito porque la cobertura de Trump (relacionada con la inmigración, el empleo y el comercio) superó abrumadoramente la de Clinton (centrada en escándalos y presuntas irregularidades asociadas con la Fundación Clinton y los correos electrónicos, en lugar de su experiencia, competencia y posiciones políticas, que fueron silenciadas) y pudo enmarcar la campaña en los temas que le interesaban, a pesar de los escándalos personales de Trump.

Con Donald Trump ya en la Casa Blanca, Bannon dejó Breitbart en enero de 2017 para ejercer de estratega jefe de la Casa Blanca y consejero del presidente Trump. Sin embargo, el cargo le duró poco, puesto que fue destituido ocho meses después. Con polémicas decisiones (es considerado el impulsor de los discursos más duros de Trump en materia de inmigración o nacionalismo económico); acusado de haber filtrado a la prensa información negativa sobre el asesor de seguridad nacional, H.R. McMaster; y enfrentado al jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, quien advirtió que no toleraría sus maquinaciones en la sombra, culpó de la pérdida de influencia de su retórica rupturista a los “demócratas del Ala Oeste”, es decir, los asesores más moderados del presidente, como su hija y yerno, Ivanka Trump y Jared Kushner, pero, sobre todo, al establishment republicano en Washington –liderado por el presidente de la Cámara Paul Ryan– que ha impedido que, en los primeros meses de Presidencia, Trump logre alguna victoria legislativa.

Tras su salida de la Casa Blanca, Steve Bannon volvió a Breitbart News y surgieron dos interrogantes en el entorno político de Washington: cómo podía evolucionar esta web de noticias y cómo será la Presidencia de Trump sin su consejero áulico. Hasta la publicación del libro de Michael Wolff, la respuesta a ambas preguntas estaba íntimamente ligada a la especial relación entre Bannon y Trump contra el mundo.

Nada más salir de la Casa Blanca, en declaraciones a los medios de comunicación, Bannon señaló su intención de seguir siendo un partidario activo y luchar contra sus enemigos políticos: “He dejado la Casa Blanca e iré a la guerra por Trump contra sus oponentes, en Capitol Hill, en los medios de comunicación y en las corporaciones estadounidenses”, explicó a  Bloomberg News. Con el Weekly Standard fue más gráfico: “Ahora soy libre. Tengo en mis manos de nuevo mis armas. Definitivamente, voy a aplastar a la oposición. No me cabe duda. Construí una jodida máquina en Breitbart. Y ahora vuelvo a ella, sabiendo lo que sé”.

Sin las ataduras del Estado, y con la artillería pesada de Breitbart, Bannon era libre de perseguir a sus enemigos y poder decir –sin misericordia ni limitación política alguna– todo lo que antes no podía al ocupar un puesto institucional. Sus objetivos son variados: desde los progres demócratas a los traidores republicanos que paralizan la agenda presidencial, pasando por el establishment, los grupos de presión y los medios que diariamente combaten a Donald Trump. “Steve es mucho más poderoso y peligroso fuera de la Casa Blanca que dentro“, ha corroborado el polémico Milo Yiannopoulos, ex editor de Breitbart.

Así, dentro de esa lucha personal e ideológica, el primer objetivo de Bannon estaba siendo respaldar a los principales candidatos opositores republicanos a senador que se presenten a la reelección en 2018 (sólo el senador de Texas, Ted Cruz, estaría a salvo de esta cruzada, ya que es considerado lo suficientemente conservador y populista) en un esfuerzo por derrocar al líder de la mayoría Mitch McConnell, a quien culpa en gran medida de los primeros tropiezos del presidente con el Congreso. Según Politico, Bannon no sólo estaba celebrando reuniones privadas con candidatos potenciales y ofreciendo el poderoso respaldo de su sitio Breitbart News, sino que estaba coordinando sus esfuerzos con el multimillonario conservador Robert Mercer, quien estaría dispuesto a gastar millones de dólares en el proyecto.

Su primera victoria fue la del radical Roy Moore, ex juez del Tribunal Supremo de Alabama, candidato a senador por ese estado frente a Luther Strange, el candidato oficialista que contaba con el apoyo de McConnell y, paradójicamente, del propio Trump. Las acusaciones de acoso sexual finalmente pesaron en su elección, permitiendo ganar el escaño, tras 25 años, al candidato demócrata Doug Jones.

Pese a este revés, Bannon seguía planeando apoyar hasta 15 candidatos republicanos en el Senado en 2018, incluyendo varios desafíos a titulares. Sólo apoyará a candidatos que acepten dos condiciones: votarán en contra de McConnell como líder de la mayoría y lo harán para poner fin a la capacidad de los senadores de bloquear la legislación mediante filibusterismo.

En las elecciones de mitad de mandato (midterm) que tendrán lugar en noviembre de 2018, se disputarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y el 33% de los escaños del Senado. Los demócratas tienen que defender 23 de esos 33 escaños y una meta clave para Bannon es cambiar las reglas del Senado que actualmente requieren una mayoría de 60 votos para terminar el debate sobre la mayoría de los temas, una regla que puede permitir a los miembros bloquear los votos mediante filibusterismo. Esa norma limita el poder actual de sus 52 senadores republicanos y complicó la capacidad del Senado para revocar el Obamacare. Trump ha pedido repetidamente que el Senado cambie la regla y Bannon está siendo su brazo armado para, mediante reuniones con donantes, candidatos potenciales y estrategas de base, asaltar la mayoría de los 60 votos.

Volviendo a Breitbart, tras la salida de Bannon para ir a la Casa Blanca trataron de convertirse en un medio  de noticias ‘convencionales’, con los mismos titulares sensacionalistas pero sin noticias incendiarias, con la duda de si sus lectores querían un perfil más bajo o seguir la línea vehemente por la que fueron conocidos; es decir, ser un portal provocativo o la plataforma de la derecha alternativa. Ya sea por este cambio o el descenso de la atención tras el periodo electoral, ‘Breitbart’ pasó –según el ranking Alexa– de la posición 29 (por delante de otros medios como Fox News, Huffington Post, The Washington Post o Buzzfeed) a la 281.

Desde luego, las expectativas eran otras. A raíz del éxito cosechado durante la campaña electoral, Breitbart –que ya tiene sedes en Londres y Jerusalén– anunció planes de expansión global a Francia o Alemania. Sin embargo, ninguno ha llegado a buen término.

Otra posibilidad que se planteó fue la de pasar al negocio de la televisión, como competidor de Fox News desde la derecha. Pero entrar en la televisión por cable es costoso y difícil de hacer correctamente, por lo que han descartado esta opción dejando abierta la posibilidad de virar a un modelo de suscripción como ‘The Blaze’ de Glenn Beck. Asimismo, también podrían plantear ampliar sus ofertas de programas de radio a través de la plataforma online conservadora Sirius XM Patriot (actualmente, tiene el programa diario Breitbart News Daily).

Y Vanity Fair informó de la posibilidad de asociarse con Sinclair (propietario, entre otros, de Circa, descrito como el nuevo Breitbart y uno de los portales favoritos de la Casa Blanca), el grupo mediático más peligroso y desconocido de Estados Unidos.

Lo cierto es que ninguno de estos planes ha visto todavía la luz y, desde la reincorporación de Bannon, la trayectoria de ‘Breitbart’ ha sido la siguiente:

  • Ataques a los políticos del establishment y enemigos de Bannon dentro de la Casa Blanca, incluyendo la propia Ivanka Trump y su marido, Jared Kushner, y el asesor económico Gary Cohn.
  • Inicio de una batalla tanto por su reputación como por la de Bannon.
  • Recordar incansablemente su relevancia y recordar a Trump que no se desvíe de la línea dura que le llevó a la Presidencia.

Bannon considera que Breitbart es lo suficientemente influyente como para controlar las decisiones de Trump no sólo de forma directa (hasta la publicación del libro, supuestamente, Bannon y Trump hablaban con regularidad y la joven ex redactora de Breitbart y ayudante de Bannon Julia Hahn permanece en el ala oeste como asistente especial de Trump), sino también  a través de la capacidad de Breitbart de persuadir a la base electoral de Trump. Por tanto, Bannon se encontraría con un escenario que le es favorable, convirtiéndose en el principal punto de contacto entre una Administración con mentalidad de búnker y su canal de información preferido para ejercer influencia. Además, como afirmó el editor de Breitbart en Washington, Matt Boyle, Bannon tiene una “brigada de guerreros felices celebrando el regreso de su capitán“.

Sin embargo, la publicación de Fire and Fury: Inside the Trump White House supone un punto de inflexión y ya nada volverá a ser como hasta ahora. Por una parte, nos refleja a un Bannon ambicioso y egocéntrico, atribuyéndose los éxitos de Trump (“entiendo el ‘Trumpismo’ mejor que Trump”), cada vez más aislado y culpando al mundo de sus fracasos en una cruzada personal e ideológica donde sólo le importa su destino, ser una estrella mediática, líder de su propio movimiento. Y de otra, a un Trump herido en su orgullo, convertido en víctima, traicionado por su súper asesor y enfrentado a él, expresando fuertes acusaciones que habrá que analizar cómo se las devuelve Bannon.

En esta lucha fratricida no sólo está en juego la narrativa del Trumpismo, sino el futuro próximo de Estados Unidos: ¿ganará el personaje metido a presidente o el Trumpismo ideológico sin Trump del maquiavélico estratega? El partido republicano, que culpa a Bannon de la derrota de los republicanos en Alabama, quiere ver en este libro el principio de su caída en desgracia; y el partido demócrata se las promete felices para las elecciones de mitad de mandato de noviembre. De lo que no cabe ninguna duda es que, como en todas las peleas fratricidas, y con Donald Trump de por medio, las consecuencias serán imprevisibles.

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