Guardiola y la relación entre política y fútbol

El anuncio de que Pep Guardiola cerrará la lista de la candidatura unitaria por la independencia que han formado Convergència Democràtica de Catalunya y Esquerra Republicana de Catalunya ha dado lugar a una serie de reacciones un tanto altisonantes, pero no del todo sorprendentes. En el campo del catalanismo se ha destacado el compromiso del entrenador de Bayern de Múnich con la sociedad catalana y se ha agradecido su apoyo explícito al proceso independentista. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por su parte, ha acusado a Guardiola de haber jugado en la selección española por dinero y ha calificado la acción de “lamentable”. Según el ministro, no se puede estar “en misa y repicando“, no se debe mezclar fútbol y política. 

Recalcar las bondades de la separación entre política y fútbol es en sí una herramienta discursiva utilizada a menudo por políticos y medios de comunicación para atacar a sus oponentes. En realidad, fútbol y política han estado profundamente ligados desde que el balompié se convirtió en un deporte de masas en España durante la segunda década del siglo pasado y lo siguen estando cien años más tarde. Normalmente son los políticos los que tratan de vincularse a los equipos de fútbol, en particular cuando estos tienen éxito. Cabe recordar que Mariano Rajoy anunció la mañana del 10 de junio de 2012 que los países de la Eurozona iban a rescatar el sector bancario español con 100.000 millones de euros y a las dos de la tarde de ese mismo día viajó hasta Polonia para estar presente en el partido inaugural de la selección española en la Eurocopa. La situación de crisis financiera se había “resuelto” y la selección “merecía” su presencia en Polonia, declaró el presidente del Gobierno. El fútbol también se ha usado como mero mecanismo de distracción, como muy bien mostró el PSOE cuando programó intencionadamente la votación en el Congreso de la reforma laboral de Rodríguez Zapatero el mismo día en el que debutaba la selección española en el Mundial de Sudáfrica de 2010. Además, en estos años de crisis los éxitos deportivos se han utilizado como una especie de ‘dispositivo de compensación’, en el que los fracasos materiales en el ámbito económico se han intentado suplir con una cierta superioridad moral en el terreno futbolístico. “Deseo que ganéis porque los españoles necesitamos una alegría en tiempos tan complejos”, dijo Rajoy a los jugadores de la selección española días antes del inicio de la Eurocopa en 2012

El apoyo abierto de futbolistas a causas políticas y sociales es menos común que el uso del fútbol por parte de políticos, pero no es ni mucho menos extraño. Durante la Transición, Vicente del Bosque se hizo famoso entre sus compañeros por recaudar en el vestuario del Real Madrid dinero para apoyar a trabajadores en huelga de varias empresas. Ángel Iribar, el legendario portero del Athletic de Bilbao y la selección española, participó de un modo activo en protestas para la legalización de la ikurriña y el fomento del euskera, antes de pasar a formar parte de la primera Herri Batasuna en 1978. En la década pasada, el jugador del F. C. Barcelona Oleguer Presas también se significó por su postura abiertamente favorable a la independencia de Cataluña, un compromiso ideológico que le llevó a pedir en privado a Luis Aragonés que no le seleccionara para jugar con España. En las elecciones autonómicas de 2012, Oleguer Presas se presentó por la CUP. Su postura fue un tanto simbólica, ya que ocupaba el número 83 de la lista.

El apoyo de Pep Guardiola a la lista unitaria hay que entenderlo en el marco de una sociedad catalana profundamente transformada por la crisis económica, en la que la cuestión nacional se ha convertido en el elemento político central en el último quinquenio. En realidad, la evolución política del Noi de Santpedor es parecida a la de muchos catalanistas que pasaron de un nacionalismo que consideraba Cataluña como un país compatible con España y su marco constitucional en las décadas de 1990 y 2000, a unos postulados de corte independentista que presentan a Cataluña y a España como antagónicas.

En su etapa como jugador, Guardiola asistió de un modo habitual a actos culturales de apoyo a la identidad catalana, y, en su calidad de capitán del F.C. Barcelona, formó parte de las ofrendas florales que el club rendía a la estatua de Rafael Casanova en las Diadas. Sin embargo, en esos años, el barcelonista no mostró ningún tipo de antipatía por España y, según su propio testimonio, iba “encantado” a jugar con la selección española cuando le llamaban, si bien le hubiera gustado haber jugado campeonatos oficiales con la selección catalana de haber podido.

Las cosas cambiaron con Guardiola en los banquillos. A partir de 2011, fue aumentando el tono catalanista en sus intervenciones públicas y ese mismo año fue nombrado hijo predilecto de Cataluña por parte del Parlament. En 2012, Guardiola apoyó públicamente la manifestación pro-independentista de la Diada. En 2013, felicitó a Artur Mas y al resto de los líderes soberanistas por convocar la consulta para el 9 de noviembre del año siguiente. En 2014, el entrenador declaró que no tenía ninguna duda de que una lista unitaria independentista sería lo mejor para las elecciones plebiscitarias del 2015. En cierto modo, el anuncio de la inclusión de Guardiola en un simbólico último puesto de la lista de Mas y Junqueras no tenía por qué haber cogido a tantos por sorpresa.

Queda por ver, por supuesto, hasta qué punto el entrenador del Bayern de Múnich se involucra en la campaña electoral y qué tirón tiene la figura de Guardiola para la causa independentista. La inclusión de personajes famosos ajenos a la política en listas electorales no siempre da los réditos esperados. No obstante, lo que sí parece claro es que declaraciones como las de Fernández Díaz contribuyen a engordar la ‘narrativa del maltrato’ tan querida por el nacionalismo catalán y dinamitan las identidades duales que hacen compatibles lo catalán y lo español. Todo un gol en propia meta.

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