Grecia y sus pensiones: algunas aclaraciones necesarias

La orientación de la política económica desde 2010 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad ‘estructural’ de los sistemas públicos de pensiones basados en el compromiso intergeneracional ante una coyuntura desfavorable. En un doble sentido: en el corto plazo, porque la partida presupuestaria correspondiente a las pensiones es muy jugosa y tiene, por tanto, un notable potencial a efectos de lograr la consolidación fiscal en un contexto en el que la estabilidad presupuestaria constituye el objetivo principal; y, en el largo plazo, porque las próximas décadas han de estar marcadas por un incremento del gasto vinculado al envejecimiento de la población lo que en situaciones de dificultad parece legitimar recortes que desde esa perspectiva se presentan como inevitables.

No es casualidad, pues, que las pensiones se hayan convertido en una pieza clave de la negociación de Grecia con sus acreedores. A la espera de conocer los detalles del acuerdo, parece haber ya en la opinión pública una gran satisfacción por la claudicación del Gobierno griego en una materia que Tsipras había identificado como una línea roja. Personalmente no comparto ese entusiasmo, pues soy consciente del impacto social que las nuevas medidas van a tener. Pero desde una perspectiva general, no menos grave es que se haya generalizado la idea de que estos recortes son inevitables porque el sistema de pensiones griego es insostenible. Varias aclaraciones son necesarias.

I. No está de más comenzar por recordar que antes de 2010 la situación de las pensiones griegas no era particularmente grave. Sin ignorar algunos problemas fundamentalmente derivados de una compleja estructura, el nivel de gasto en pensiones respecto del PIB se situaba exactamente en la media de la Eurozona, un 13,5%, incluso por debajo de Alemania. Pero es que, además, las perspectivas de evolución de la partida de pensiones en el largo plazo no eran preocupantes en términos de sostenibilidad dentro de un nivel medio-alto de gasto.

II. Desde 2010 se han sucedido en Grecia hasta siete modificaciones relevantes en la regulación jurídica del sistema público de pensiones.  Junto a medidas de racionalización administrativa, un bloque engloba aquellas que endurecen los requisitos de acceso a la pensión de jubilación. Primero, se extiende a 40 años (antes 35) el tiempo exigido para tener derecho a una pensión completa, del 100%. Y, segundo y más destacable, se eleva la edad de jubilación: la ordinaria (67 años –antes 65 hombres y 60 mujeres–), salvo que se reúnan las cuarenta anualidades cotizadas en cuyo caso puede adelantarse hasta los 62; y la anticipada con la consiguiente reducción de la pensión (62 años –antes 58 hombres y 55 mujeres–). Por su parte, otro bloque de medidas han supuesto un recorte directo de la cuantía de las pensiones: es el caso de la eliminación de las pagas extraordinarias, la imposición de una contribución, la reducción de la cuantía mensual de las pensiones superiores a 1.000 euros,…

III. Este conjunto de reformas llevadas a cabo desde 2010 han tenido un enorme impacto en las condiciones de vida de los pensionistas griegos. Los recortes descritos han reducido sensiblemente (entre 35 y 50%) las cuantías de las actuales pensiones y las proyecciones futuras anuncian una drástica disminución de la tasa de reemplazo –cuantía de la pensión respecto del último salario–: si entre 2010 y 2013 ha caído del 59% al 45% en 2060 se situaría en el 27% (Ageing Report 2015). No debe sorprender por ello que diversos organismos internacionales (Comité Europeo de Derechos Sociales, Comité de Ministros del Consejo de Europa, OIT) hayan denunciado reiteradamente el dramático efecto cumulativo que estos cambios han supuesto para una población de mayor edad cada vez más vulnerable y empobrecida.

IV. Incluso si ignoráramos el sufrimiento que las medidas ya adoptadas están infligiendo a los griegos, no resulta fácil justificar nuevos recortes a la vista de los datos. Sólo dos muestras por no aburrir. En primer lugar, hay que ser conscientes de que el actual nivel de gasto en pensiones de Grecia (un alarmante 16,2%) se encuentra distorsionado por la recesión económica (una caída de la producción del 25% desde 2009), pues la previsión para 2060 sitúa las pensiones griegas en un 14,3% del PIB, una cifra inferior a la que hoy dedican Francia, Italia o Austria. Y, en segundo lugar, pese a la ‘leyenda urbana’ de que los griegos se jubilan a una edad muy temprana lo cierto es que la jubilación efectiva no se produce hasta los 64,4 años, lo que sitúa a Grecia muy por encima de la media de la Zona Euro (63,2 años).

Por todo ello, no parece un exceso de suspicacia interpretar que el empeño en imponer a Grecia recortes adicionales en sus pensiones públicas responde a un doble objetivo. El más evidente es el de dar un escarmiento a esos ‘rebeldes’ –quizá demasiado ingenuos e impetuosos– que han osado cuestionar la sacrosanta política de austeridad a ultranza. El otro es más sutil: lanzar como advertencia un mensaje a las opiniones públicas de los países europeos de que el poder financiero no está dispuesto a seguir consistiendo un Estado de bienestar como el actual.

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3 Comentarios

  1. VLADIMIR MOLINA
    VLADIMIR MOLINA 06-28-2015

    excelente artículo estimado amigo Borja, en pocas palabras, un desastre total esas pretensiones del “Poder del Capital” en Europa para acallar a los pensionados y jubilados de Grecia, la pelea apenas comienza

  2. Jose Valdivieso
    Jose Valdivieso 07-02-2015

    Un informe de opinion personal pero sin ningun respaldo documental. No aporta ningun dato oficial para justificar la edad
    media de jubilacion (64,4 años)

  3. Jose Valdivieso
    Jose Valdivieso 07-02-2015

    Ni tampoco aporta un dato fundamental ¿cuanto es la pension maxima de jubilacion? En España desde el “decreto Boyer” está limitada,(2.047 neto) cosa que no ocurre en el resto de la UE

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