El Gobierno de Junqueras, presidido por Puigdemont, anticipa el post-referéndum

Puigdemont ha cerrado su primera (¿y quizá última?) remodelación de un ejecutivo que se encontró ya hecho al llegar y en el que no había conseguido ganar la autoridad suficiente para garantizar el cumplimiento de su agenda política. Ni siquiera ha podido controlar los tiempos en una crisis de gobierno que venía siendo exigida por sus socios parlamentarios de la CUP y cuyo desenlace había sido anticipado, entre otras, por las crónicas de Javier Casqueiro en El País y Lola García en La Vanguardia. Es cierto que las formas de la remodelación son un poco curiosas: ¿consejeros cesados, o dimitidos, o que “dan un paso al lado” (un gesto instintivo que suele hacer un ser vivo cuando ve venir un gran tortazo y se aparta)?

La interpretación general sobre el resultado de esta remodelación es que se ha reforzado la cohesión interna en torno al propósito de celebrar un referéndum el 1 de octubre, y se han dejado caer aquellos miembros del gobierno catalán que aparecían más vulnerables ante las amenazas del Gobierno central a su patrimonio. Un gobierno de independentistas convencidos para plantar cara al Estado. Y es cierto que con la entrada de los nuevos consellers, el choque institucional se acelera.

Fuente: Elaboración con datos propios y de Jordi Matas (2014).

Sin embargo, quizá lo más sustantivo de esta remodelación es que nos anticipa el rumbo que ha tomado la dinámica de la coalición que gobierna Cataluña: el remplazo definitivo de los exconvergentes por ERC al frente de la Generalitat, tanto en el ejecutivo como en el legislativo, a la espera del embate municipal de 2019. Muchos vienen augurando que la situación actual de bloqueo solo puede desembocar en una coalición de izquierdas entre ERC y los Comunes. Los hechos acontecidos estos días nos sugieren un escenario alternativo: un gobierno de ERC sostenido por los exconvergentes. De hecho, esto ya está sucediendo.

Tras esta remodelación, el PDeCAT pierde presencia en el gobierno. Apenas han bastado unos ‘pequeños’ cambios para que se ponga de manifiesto su debilitamiento – cuantitativo y cualitativo- en la máquina gubernamental. En términos cuantitativos, este es el ejecutivo con menor porcentaje de consejeros (ex)convergentes desde 1980, como muestra el gráfico adjunto: el 50% (con la lógica excepción del período de Maragall y Montilla). El resto son miembros de ERC o independientes, la mayoría cercanos a los republicanos. Habrá que esperar si las repercusiones de la remodelación sobre los altos cargos extienden esta inercia en el ‘sottogoverno’.

Más relevante es la pérdida de peso cualitativo: el PDeCat se queda sin líderes en el gobierno. De hecho han entrado quienes perdieron la lucha por el liderazgo en el congreso fundacional del partido y no representan las facciones dominantes en la (dividida) formación exconvergente. La salida de Neus Munté, actual vicepresidenta del PDeCat, deja aún más debilitada posición del partido de gobierno. Esto contrasta con ERC, que tiene a sus máximos dirigentes (Junqueras y Lluís Salvadó) en los puestos decisivos del mando gubernamental, y a su secretaria general al frente del grupo parlamentario de Junts Pel Sí. Esto no quita peso político a los nuevos consejeros del partido: Jordi Turull y Joaquim Forn son dos fajadores de la política, sin otra profesión previa, bregados en las batallas locales del partido. Turull carece de experiencia de gobierno, pero se ha dedicado a tejer y destejer muchos de ellos en la política comarcal.  Forn proviene del joven movimiento independentista de CDC que promovió diversos boicots durante los Juegos Olímpicos (en compañía de Jordi Pujol Ferrussola por aquel entonces) y es el último representante de lo que se denominó el ‘pinyol’, el núcleo de jóvenes dirigentes en torno a Artur Mas, que apostaban por Oriol Pujol Ferrussola como líder de futuro. Casualmente esta semana Oriol Pujol aceptaba una pena de dos años y medio de prisión por delitos de tráfico de influencia. El ascenso de Turull y Forn ha sido posible por el sacrificio de una generación de dirigentes de CDC diezmados por el proceso independentista y la corrupción.

Uno de los hechos más significativos de esta remodelación ha sido constatar la ausencia de puentes formales entre ERC y el PDeCat para tomar decisiones sobre el funcionamiento de la coalición. Ni siquiera hay foros informales donde los socios de gobierno se tiren los platos a la cara o los recompongan, sino que todo se basa en reuniones bilaterales que pivotan sobre Puigdemont, un ‘president’ que ha dicho que se va y se encuentra cada vez más distanciado del rumbo de su partido. Incluso su ‘kitchen cabinet’, su entorno de asesores, parece más propio de ERC que de su actual partido. Ni siquiera en los tiempos más convulsos del primer tripartito se dio tal desconexión entre las paredes de una coalición gubernamental. A partir de hoy, cuando la dirección del PDeCat haga saber su opinión sobre los asuntos de su gobierno, lo hará desde fuera de él.

Además, la remodelación ha servido para rebanar más poder del PDeCat en beneficio de ERC. No solo del poder formal que supuestamente implica el traspaso de ciertas competencias de gobernación hacia la cartera de Junqueras (aún por comprobar), sino sobre todo por el poder informal derivado de cómo se han producido los cambios de esta última semana y media. Junqueras ha aparecido como director de orquesta en la sombra, dejando a ERC incólume ante cualquier intento de implicarla en los costes de la remodelación, como habrían querido algunos dirigentes del PDeCat. Además, emerge como la garante de las esencias de la agenda del gobierno en materia del referéndum, ante unos exconvergentes que hay que renovar dadas sus dudas y su vulnerabilidad ante el choque institucional.

La remodelación también evidencia el papel crucial que está desempeñando el lobby civil del procès, con la ANC como pieza de engranaje que mantiene la amalgama política en torno al independentismo. La entrada de otra nueva dirigente de esta organización refuerza el papel de la ANC como bróker del proceso y puntal de Junts Pel Sí. Quizá sea impresionista, pero no desajustado, afirmar que estamos pasando de una coalición bipartita a una tripartita entre ERC, PDeCat y la ANC. Sin constituirse en partido, la ANC se ha convertido en fuente de reclutamiento en la nueva política catalana. ¿Es previsible que su fuerza decline en el corto plazo?

Con estos mimbres, se confirman o matizan algunas de las intuiciones que avanzábamos en el análisis de la formación del gobierno de Puigdemont hace un año y medio. Tras esta remodelación, Puigdemont parece salir reforzado –según la opinión mayoritaria de los medios-, pero en realidad contribuye a acelerar la subordinación del PDeCat ante ERC. Con ello, refuerza la impresión de que su vida política está vinculada al calendario del referéndum del 1 de octubre. Si es que logra llegar a esa fecha.

¿Qué significa esto para la política española? ERC, con Junqueras al frente, se consolida como referente de la mayoría nacionalista en Cataluña. Pero sobre todo abre nuevas expectativas políticas para el 2 de octubre. ¿Hasta qué punto esta remodelación hace más factible una reedición de Junts Pel Sí, en el que Junqueras sea el nuevo líder sostenido por una exConvergencia declinante? Recordemos que, en medio del proceso de remodelación de estos días, el secretario de organización del PDeCat tuvo que anunciar la venta de la sede histórica de CDC y reclamar una aportación adicional a todos sus afiliados, dada la terrible situación financiera del partido. En estas condiciones, quizá al PDeCat cada vez le resulte más importante mantenerse en posiciones de poder aunque tenga que renunciar a liderarlo.

Ya solo queda que Puigdemont sea substituido por Junqueras, haya o no elecciones de por medio. Señala una crónica de Quico Sallés en La Vanguardia que, cuando acabó el acto de nombramiento de los nuevos consellers, Puigdemont dejó Barcelona para irse a una cena con amigos en Girona mientras Junqueras se quedaba al mando en el Palau Generalitat. Quizá sea el mejor reflejo del resultado final.

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1 Comentario

  1. Santiago Nadal
    Santiago Nadal 07-16-2017

    Muy interesante. El primer artículo que leo, sobre el cambio de “govern” que aporta un enfoque novedoso y de fondo

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