El futuro de Europa por 2,50 euros

“Una gran preocupación para la Unión Europea”, “250 días de la cuarta potencia económica de la Eurozona sin gobierno”, “el bloqueo en el gobierno será una carga para toda la zona euro”, “para España y para Europa es una noticia catastrófica”. En septiembre de 2016, el diario alemán Der Tagesspiegel alertaba a sus lectores sobre la situación de inestabilidad política en España. En esta misma línea de preocupación se manifestaban los dirigentes del gobierno alemán y de la propia UE con respecto a la situación política española.

Año y medio después de aquello, no es la cuarta economía de la Unión Europea la que está en esta situación, sino la primera. Alemania, la locomotora de Europa. El país más poblado, con 82 de los 500 millones de habitantes de la UE –contando los 64 millones del Reino Unido–, con un PIB que supone más de una quinta parte del total de la Unión Europea y con una tasa de desempleo por debajo del 5%.

El próximo 4 de marzo habrán pasado más de cinco meses desde la celebración de las últimas elecciones al Bundestag de Alemania. Desde entonces el país se encuentra en una situación de inestabilidad política a la que no está acostumbrado, y por la cual se ha criticado abiertamente a aquellos otros países que han estado un largo periodo de tiempo con un gobierno en funciones o incluso han necesitado la repetición de elecciones para tratar de resolver este “atasco democrático”.

En la actualidad, Alemania se aferra a su última posibilidad antes de tener que pasar otra vez por las urnas. La alternativa no es nueva, todo lo contrario. Se trata de una repetición de la gran coalición (más conocida en Alemania como GroKo por su acrónimo en alemán) entre los dos partidos más importantes del país, la CDU de la canciller Angela Merkel y el SPD, partido que ha sido su socio de gobierno durante ocho años de los últimos doce.

Si se ha llegado hasta aquí, no ha sido por el deseo inicial de ambos partidos, sino porque no ha funcionado ninguna de las otras opciones. Las elecciones del pasado 24 de septiembre pusieron de manifiesto el desgaste sufrido por la gran coalición. En ellas, Schulz obtuvo el peor resultado en la historia moderna del SPD con solo un 20,5% de los votos. Una vez conocidos los resultados, el propio Schulz afirmó que cerraba la puerta a una posible continuación de la alianza de gobierno con la CDU, para ser la primera fuerza de la oposición y evitar así que Alternativa para Alemania (AfD) pudiera desempeñar esa labor. Estas declaraciones dieron paso al también fallido intento de coalición entre la CDU, el FDP y Los Verdes, conocida como “coalición Jamaica” por los colores que representan estos partidos, el negro de los cristianodemócratas, el amarillo de los liberales y el verde de los ecologistas.

Una vez fracasada esta opción por la salida del líder de los liberales, el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier –exministro y exvicecanciller del país con el SPD–, convocó de nuevo a los partidos y convenció a Martin Schulz para que repensara su posición apelando a la responsabilidad y a la necesidad del país para formar gobierno y poner fin a este periodo de inestabilidad. Schulz decidió contradecir su política inicial de pasar a ser la primera fuerza de la oposición y tratar de renovar la socialdemocracia alemana, y propuso esta idea en el Congreso del SPD durante los días 7 al 9 de diciembre. Tras semanas de negociones con la CDU/CSU, el pasado 7 de febrero se hizo público el acuerdo de coalición entre los tres partidos, bajo el título de “Un nuevo comienzo para Europa, una nueva dinámica para Alemania y una nueva cohesión para nuestro país”; un documento de 179 páginas y 14 capítulos en los que desarrollan su acuerdo de gobierno sobre las cuestiones fundamentales, tanto de política nacional como para una nueva Europa.

No obstante, para que este acuerdo sea válido, aún es necesaria la consulta de carácter vinculante a los más de 463.723 afiliados del SPD –el próximo 4 de marzo se anunciará el resultado–, de los cuales 24.339 son nuevos afiliados en las últimas semanas gracias, en gran medida, a la campaña llevada a cabo por el presidente de las juventudes del SPD (Jusos), Kevin Kühnert, quien se ha manifestado en varias ocasiones contrario a repetir la gran coalición con el partido de Angela Merkel, o, como reflejó la portada de la revista Der Spiegel del pasado 2 de diciembre, “la pequeña coalición”, de la cual tanto Angela Merkel como Martin Schulz aparecen como claros perdedores. Kühnert es uno de los impulsores del hashtag de Twitter del no a la gran coalición (#NoGroKo), culpa a la unión con la CDU/CSU de los malos resultados electorales obtenidos por su partido en las últimas elecciones, y defiende que “la renovación del SPD será fuera de la gran coalición o no será”.

En menos de un año en el cargo, Schulz ha abandonado la presidencia del SPD y ha renunciado a ser ministro de Exteriores en el próximo Gobierno, tras las críticas de Sigmar Gabriel en las que acusaba al partido de falta de respeto. Tampoco la canciller se ha librado de este desgaste. Las críticas a Merkel llegan desde su propio partido por las excesivas concesiones en el acuerdo con el SPD, al ceder carteras tan importantes como Exteriores y, sobre todo, Finanzas. Asimismo, el presidente de las juventudes de la CDU, Paul Ziemiak, ha manifestado la necesidad de una renovación tanto en contenido como personal del partido para evitar seguir cayendo en intención de voto.

Según los últimos datos disponibles, la suma de la CDU/CSU y el SPD sería tan sólo el 51% del total. En cuanto a los votantes del SPD, la mayoría de ellos –un 59%– se muestra contrario a una renovación de mandato de Angela Merkel, y en caso de fracaso de la GroKo, el 40% prefiere un gobierno de la CDU en minoría, mientras que el 56% elige la opción de unas nuevas elecciones.

En la línea de todo este proceso, la consulta interna del SPD tampoco escapa a las críticas debido a la normativa sobre quién puede ser afiliado al partido y, por tanto, tener voto en la misma. Así, todos los miembros que han sido admitidos en el SPD hasta el 6 de febrero tienen derecho a voto, ya sea por correo para los afiliados residentes en Alemania, o bien por e-mail para los que residan en el extranjero. Esto incluye a todos los mayores de 14 años, sin necesidad de tener siquiera la nacionalidad alemana, ni tener que vivir en país, aportando una cuota mínima de 2,50 euros al mes.

El hecho de que el futuro democrático de Alemania –y en gran medida el de la UE– dependa de este proceso, es cuestionado por “torpedear los principios de la democracia representativa”, como afirma el periodista de Die Welt Alan Posener. Para este autor, el SPD está vulnerando las normas básicas de la democracia alemana, tal y como establece el artículo 38.2 de la Ley Fundamental Alemana, según el cual, “tiene derecho de voto quien haya cumplido dieciocho años de edad”.

En el caso de no salir adelante este acuerdo, las expectativas tampoco son muy optimistas. Los últimos sondeos de INSA del 19 de febrero muestran un Bundestag más fragmentado que el actual en el caso de una repetición de elecciones, con un SPD que por primera vez cae a la tercera posición, con un 15,5% de los votos, medio punto por debajo del partido populista AfD, el cual alcanzaría la segunda posición y dificultaría aún más la posible formación de Gobierno.

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