¿Una frontera en el Ebro? ¿Una frontera en el Besós?

Miércoles, 4 de octubre. Las 9 de la mañana en la Fundación Ortega – Marañón. Hace tres días que en Cataluña se ha celebrado el anunciado referéndum unilateral, sin garantías y no reconocido por el Gobierno de España, en el que una abrumadora mayoría de los votantes (en torno a dos millones de personas) se ha mostrado favorable a la independencia. En la noche del martes 3, el Jefe del Estado ha hecho una declaración contundente contra las acciones llevadas a cabo por la Generalitat y ha exigido la vuelta a la legalidad. Los partidos unionistas (PP, PSOE y Ciudadanos) valoran positivamente su intervención; desde el independentismo, en cambio, se interpreta como una inadmisible provocación que profundiza en la estrategia inmovilista y represiva puesta en marcha por el conjunto de las instituciones estatales.

Aunque las relaciones entre los gobiernos catalán y español atraviesan momentos muy tensos, dos veteranos miembros de los partidos que los sostienen acuden a la convocatoria de Agenda Pública para conversar sobre la situación en Cataluña en un desayuno-debate que modera Marian Ahumada, Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid. Carles Campuzano forma parte del Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCat) y es diputado en Cortes Generales desde el año 1996, donde actualmente desempeña la labor de portavoz  del grupo parlamentario Democràcia i Llibertat. José María Lassalle es escritor y docente vinculado al Partido Popular (PP), formación por la que también fue diputado en Cortes, y desde noviembre de 2016 es Secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital. Ambos intercambian un sincero y afectuoso saludo al verse.

Campuzano abre el debate lamentando no poder aportar ningún elemento de tranquilidad y materializando, en una frase, la inquietud que comparte el auditorio: “En las próximas horas, las cosas pueden empeorar”. El diputado considera que el discurso de Felipe VI se dirigió exclusivamente a los catalanes contrarios al referéndum y no incluyó ninguna palabra de afecto hacia los ciudadanos que se sintieron víctimas de los excesos policiales del 1 de octubre. Como consecuencia de la actuación desproporcionada de Policía y Guardia Civil durante la celebración del referéndum, la necesidad de gestos por parte del Gobierno español para canalizar el conflicto se ha hecho imperiosa. La aplicación del 155 abordada desde una lógica de acción-reacción, incluso desde el punto de vista de los intereses del Estado, sería nefasta y profundizaría en la ruptura entre Cataluña y España. Lassalle, por el contrario, percibió el discurso del rey como un positivo intento de restaurar el marco de institucionalidad en un contexto de ruptura, incertidumbre y agitación que afecta al conjunto de España y de Europa. A su juicio, lo emergente no es solo el nacionalismo sino las corrientes de populismo que hacen uso de esta ideología. Lassalle defiende la institucionalidad como herramienta a través de la cual reapropiarse de la realidad y analizar los acontecimientos con cierta distancia. “Una parte de lo que sucede –asegura- está en el ruido y la furia que desatan las redes”.

En las distintas intervenciones hay algunas visiones coincidentes, aunque no demasiadas: uno y otro sí están de acuerdo en que la situación actual es el reflejo de un profundo y lamentable fracaso de la política. Para Lassalle, es cuando fracasa la política cuando hay que respetar más que nunca la legalidad; en este sentido, aceptar un marco de votación con las condiciones del 1 de octubre, sin garantías, imparcialidad ni instancias que objetiven el resultado supone aceptar una lógica asamblearia en la que se impone la mayoría y se proyectan las emociones, y donde no existe un marco referencial en el que fijar las condiciones para el diálogo. El peligro, advierte, no es solamente que Cataluña se desgaje de España sino que lo haga por dentro, y para evitarlo solicita un diálogo que permita revisar la idea romántica de nación y afrontar nuevas formas de convivencia. En la misma línea, Campuzano precisa que no debe sorprender lo que está ocurriendo en Cataluña. En 2011, un artículo suyo publicado en la revista ‘El siglo’ ya abordaba los orígenes del problema actual, que deriva de una cuestión muy simple como es la demanda de Cataluña de ser reconocida como sujeto político, planteamiento que explica gran parte de nuestra historia política del siglo XX. Se trata de una demanda implorada a través de las denominadas “terceras vías” y frente a la que no han existido, a juicio de Campuzano, propuestas políticas. El diputado considera, en referencia a la ocupación de colegios electorales para votar en el referéndum, que un gobernante debe preguntarse qué ha hecho mal para llevar a muchos ciudadanos a incumplir una legalidad vigente que, como la española, no percibe como justa gran parte de la sociedad catalana.

La represión históricamente impuesta frente a una Cataluña que reclama reconocimiento, empatía, justicia y proyecto común tuvo una de sus escasas excepciones, según Campuzano, en la Transición, a la que define como un momento brillante de inteligencia política. En aquella etapa existió la capacidad de entender que era necesario abrir la posibilidad de que nacionalidades históricas tuviesen estatutos refrendados por sus ciudadanos y que aquel gesto suponía una cesión de soberanía. En este elogio de la Transición encontramos también un elemento común con Lassalle, que rechaza el recurso de la mediación porque considera que el choque en Cataluña debe ser resuelto por “nosotros mismos” para que la resolución tenga una fuerza moral vinculante. Lassalle reflexiona sobre la posibilidad de reconducir un conflicto latente durante siglos con un territorio que siempre ha querido formar parte de España, pero nunca ha logrado encajar adecuadamente en un clima de relación armónica con el resto. “Es cierto que existe una percepción conflictiva en Cataluña respecto a la forma de alcanzar el encaje; pero también lo es –señala- que la desconexión nunca ha tenido lugar pese a que ha habido momentos propicios para ella”, hecho que atribuye a una “fibra emocional” y a cierta afectividad en el seny catalán que hace que su presencia en España constituya un elemento vertebrador de su relato nacional.

Abierto el turno de intervenciones de los asistentes, las preguntas giran en torno a la figura del referéndum como instrumento para resolver el problema. Las posiciones de los ponentes son divergentes en este punto. Campuzano reconoce que el referéndum del 1 de octubre no tuvo las garantías necesarias y critica que el Estado podía haberse arriesgado a aceptar un 9N, dejando en manos de los independentistas el reto de lograr una participación superior, y sin embargo prefirió imponer una autoridad desmedida mediante la fuerza bruta. Campuzano cree que si el Estado ofreciese un referéndum pactado, la Generalitat lo aceptaría; el retorno a la política pasaría por dar respuesta a una sociedad que se considera sujeto político con todas sus consecuencias mediante la apertura de un camino que permitiese plantear esa opción. “La incapacidad mostrada por el Estado para canalizar las demandas de reforma ha provocado –añade- que el sentimiento de nación sea mayor hoy en Cataluña que hace unas semanas”. En torno al 80% de la sociedad catalana expresa, en las encuestas de opinión, que vería con buenos ojos un referéndum como instrumento que hoy se percibe traumático por la negación del Estado a celebrarlo. En un escenario con una campaña abierta del sí y otra del no, como en Escocia o en Quebec, quien perdiese lo lamentaría y quien ganase, asegura Campuzano, tendría la obligación de respetar los intereses y derechos de todos. Un sistema político como el español, que establece que el referéndum podría ser vetado por las cortes aunque el cien por cien de la sociedad catalana lo apoyase, no es un sistema justo en términos democráticos.

Lassalle, por su parte, responde que nos encontramos en un escenario donde crear precedentes de legitimar el cuestionamiento de la legalidad siembra un clima de conflicto y de mayor tensión. En ‘Esencia y valor de la democracia’, Hans Kelsen insistía en que uno debe gobernar teniendo en cuenta que representa a la mayoría del presente, pero siempre será la minoría del mañana. Es imprescindible recordar, explica el secretario de Estado, que la mayoría del presente es solamente soportable en la medida en que es regulada, limitada, garantista, formal y procedimental; y que como demuestra la experiencia cultural de doscientos años, resulta imposible votar en un contexto en el que, como en la Cataluña de hoy, no se ha conseguido restablecer un mínimo de cordura emocional. Y recuerda: “Hace tiempo me planteaban, en una discusión, si se aceptará una frontera en el Ebro. Respondí que el día que se acepte que hay una frontera en el Ebro, a lo mejor habrá que aceptar que hay una frontera en el Besós. A la pregunta ¿Mandarás a la Guardia Civil para restablecer la Constitución?” respondería “¿Mandarás a los Mossos d’Esquadra para mantener la unidad de Cataluña?”.

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