¿En qué se parecen la endogamia académica y las patatas fritas?

Hace escasas semanas, se publicó el Informe CYD 2015: La contribución de las universidades españolas al desarrollo. En el acto de presentación, celebrado en Madrid, Jamil Salmi, reputado experto internacional en el campo de la educación universitaria, señaló la endogamia académica como uno de los principales problemas del sistema universitario español. Pero, ¿es la universidad española más endogámica que la de los Estados de nuestro entorno?, ¿por qué en algunos países hay más endogamia académica que en otros?, ¿cómo se relacionan endogamia y mérito? Y, ¿cómo afecta ésta al rendimiento de los profesores? En este artículo se proponen una serie de respuestas tentativas a tales preguntas, con el objetivo de abrir el debate sobre las políticas de recursos humanos académicos más apropiadas para el sistema universitario español del futuro.

¿Es la universidad española más endogámica que la de los países de nuestro entorno socioeconómico?

Una primera aproximación al tema de la endogamia académica, entendida como la práctica de los centros de contratar como profesores a sus antiguos alumnos, sería poner el caso español en perspectiva comparada. A ese respecto, Philippe Aghion (Harvard University) y colegas publicaron en 2008 un estudio sobre la universidad europea donde se trataba, entre muchos otros temas, el de los recursos humanos. Según los datos procedentes de su muestra de universidades, la proporción de profesorado que trabaja en el mismo centro por el que se doctoró va desde el 8% de Reino Unido y Alemania al  casi 68% de España (gráfico 1).

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El dato correspondiente a nuestro país, que es coherente con el ofrecido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en su informe sobre la universidad española del curso 2014-2015, muestra que la endogamia tiene aquí una incidencia mucho mayor que en países considerados referentes en el ámbito de la educación superior universitaria.

¿Por qué en algunos países surgen tasas elevadas de endogamia académica?

La investigación sobre la aparición de altas tasas de endogamia universitaria se ha llevado a cabo fundamentalmente mediante el estudio de casos a nivel nacional, cada uno de ellos con sus particularidades. Pero, en términos generales, la endogamia académica se ha venido asociando a factores institucionales (propios de la universidad en cuestión) y contextuales (relativos al entorno en el que ésta desarrolla sus actividades). Básicamente, dentro de los primeros destacan la idea de que contratar a individuos “de la casa” reduce el riesgo de tomar una decisión errónea en la selección; la voluntad de los directores de departamento y catedráticos de reclutar a gente ya conocida, con puntos de vista similares y líneas de investigación afines; o, desde una posición más crítica, la concepción de la obtención de una plaza fija como premio por la lealtad del aspirante a los líderes del departamento.

En cuanto a los factores contextuales, cabe destacar que en Estados con sistemas universitarios poco desarrollados suelen aparecer altas tasas de endogamia, ya que tal práctica supone una forma rápida y eficaz de crear y consolidar las plantillas docentes. Por su parte, y nuevamente desde una concepción más crítica, el reclutamiento masivo de candidatos internos podría relacionarse, en algunos países, con una cultura donde la transparencia no es valorada en grado suficiente (las plazas no se publicitan debidamente) y donde los criterios de mérito y capacidad se encuentran subordinados a otros relativos a las relaciones sociales. El lector interesado en los motivos asociados a la aparición de altas tasas de endogamia puede acudir a la obra colectiva de reciente aparición: Academic Inbreeding and Mobility in Higher Education (Palgrave MacMillan, 2015).

¿Cómo se relacionan endogamia académica y selección de los mejores candidatos?

La endogamia académica se da en todos los países, e incluso las mejores universidades del mundo cuentan con docentes formados en sus propias aulas. De hecho, existen innumerables casos de profesores endogámicos de talla mundial (incluyendo algunos premiados con el Nobel). Así, la condición de endogámico no nos dice, por sí sola, mucho sobre la capacidad y méritos de un académico concreto.

Cosa distinta es el hecho de que en un sistema universitario nacional la inmensa mayoría del profesorado sea “de la casa”. Esta situación pone en cuestión la capacidad de muchas universidades de generar dinámicas que desemboquen en la atracción y selección de los mejores candidatos posibles en la totalidad de los casos.

Centrándonos en España, las visiones catastrofistas sobre la calidad del profesorado de nuestras universidades parecen cuestionables. Actualmente existe un sistema de acreditaciones (anteriormente había uno de habilitaciones nacionales) que garantizan que quienes obtienen una plaza han alcanzado previamente un estándar de calidad fijado por un organismo independiente a la universidad contratante (aunque, naturalmente, queda a juicio del lector valorar en qué medida los estándares de ANECA y las agencias regionales son exigentes o laxos, adecuados o inadecuados).

Ahora bien, más allá de que exista un estándar exigido para el acceso a los cuerpos docentes, cabe preguntarse si el actual modelo de reclutamiento favorece, por un lado, que siempre se seleccione a los mejores y, por el otro, que los profesores ya insertados en el sistema desarrollen al máximo su potencial. 

El elevado nivel de endogamia en la universidad española da cuenta de un modelo de selección que desincentiva los flujos de profesorado entre instituciones. Y, asimismo, que puede producir, en ocasiones, resultados indeseados en el reclutamiento. Algunos mecanismos relativos a esta realidad serían la convocatoria de plazas insuficientemente publicitadas; los baremos de evaluación diseñados a la medida del currículo del candidato “oficial” (véase, por ejemplo, este post de Juan Ramón Barrada); las presuntas presiones a aspirantes externos, con el fin de que retiren sus candidaturas (como hemos leído en prensa); o la existencia de colas de candidatos locales. En relación con este último punto, existe un dato significativo: un estudio, realizado en 2005, con una muestra de profesores titulares de universidad y científicos titulares del CSIC señala que el 64.5% de los entrevistados ganó su plaza actual en una oposición donde él o ella era el único candidato que se presentó.

Puede argumentarse que las trabas a los candidatos externos no son el único (ni el más importante) factor relacionado con la escasa movilidad de académicos en España. Habría que hablar también de la baja  especialización del sistema universitario español (muchas universidades muy similares entre sí); o de los salarios fijados por ley (que impiden a las universidades realizar ofertas económicas individualizadas a investigadores talentosos; una excepción a esto son ICREA e Ikerbasque); por señalar un par de aspectos relevantes. Pero eso sería objeto de otro artículo. Aquí nos centramos en el modelo de reclutamiento.

En ese sentido, la lógica del actual sistema reside en que para desarrollar una carrera académica lo más racional es permanecer en la universidad del doctorado. Muchos jóvenes investigadores no abandonan su centro tras doctorarse debido a que; por un lado, temen no poder regresar a él tras completar su etapa postdoctoral (“el que se fue a Sevilla perdió su silla”). Y, por el otro, no resulta sencillo conseguir una plaza en una institución que no es la propia. Relacionado con esto, un interesante artículo de Luis Sanz-Menéndez, Laura Cruz-Castro y Kenedy Alva muestra que, en España, la movilidad postdoctoral contribuye a aumentar el tiempo que los académicos tardan en obtener un puesto permanente.

Esta desincentivación de la movilidad afecta negativamente a la productividad científica y a la capacidad de tejer relaciones académicas externas (lo que dificulta que los académicos puedan desarrollar al máximo su potencial), como ahora veremos. Y, paralelamente, perjudica a las instituciones, pues las hace menos permeables a nuevas ideas y colaboraciones con otros centros.

¿Cómo afecta la endogamia académica al rendimiento del profesorado?

El análisis de los efectos de la endogamia académica se ha centrado en cómo ésta afecta a los resultados de los investigadores. Conviene no perder de vista que este tipo de estudios se circunscribe a realidades locales concretas y se lleva a cabo, en muchas ocasiones, con muestras pequeñas. Además, no existe un consenso claro en torno a que las diferencias de productividad entre endogámicos y no endogámicos sean siempre significativas. No obstante, parecen existir ciertas regularidades. Estudios como los de Jeffrey Dutton, o los de Theodore Eisenberg y Martin T. Wells, por citar sólo un par de ejemplos, han encontrado efectos negativos y significativos de la condición de endogámico sobre la productividad científica (cantidad de artículos publicados) y el impacto de las publicaciones (número de citas recibidas), respectivamente.

Ahora bien, más interesantes son las investigaciones que retiran el foco de la tradicional dicotomía “endogámico vs. no endogámico” y lo ponen en el grado de movilidad de los académicos a lo largo de sus trayectorias profesionales. Esta aproximación es relevante porque tiene en cuenta qué ocurre en la carrera académica en los años que transcurren desde la lectura de la tesis hasta la obtención de la plaza actual. Piénsese que un profesor endogámico puede haber hecho toda su carrera en la universidad en la que se doctoró o puede haber trabajado en varias instituciones después de leer su tesis y antes de retornar a su Alma Mater. Del mismo modo, profesores no endogámicos pueden haber cambiado de centro en una única ocasión o haberlo hecho en multitud de ellas. 

En esa línea, Hugo Horta ha encontrado efectos negativos de la endogamia sobre la productividad; pero no sólo eso. Adicionalmente, ha mostrado que la movilidad en las fases tempranas de la carrera académica constituye un predictor importante de la productividad futura y de la intensidad de la colaboración con colegas externos. Así, niveles altos de movilidad (varios cambios de afiliación institucional) se relacionarían con mayor productividad y más intercambios de información con académicos de otras instituciones.

A modo de conclusión, ¿en qué se parecen la endogamia académica y las patatas fritas?

Como hemos visto, la endogamia académica se da en todos los países y hasta las mejores universidades del mundo contratan a profesores educados en sus propias aulas. De hecho, los casos de académicos endogámicos de reputación mundial son incontables. Así, la endogamia es positiva cuando se restringe a la contratación de algunos individuos excelentes; pero se vuelve indeseable cuando se convierte en el modelo hegemónico de reclutamiento. Por un lado, porque no garantiza que siempre se seleccione a los mejores; y, por el otro, porque dificulta que los profesores  ya dentro del sistema alcancen el máximo de su potencial. De algún modo, la endogamia académica es como las patatas fritas. El consumo de éstas en pequeñas cantidades resulta funcional, pero ningún nutricionista se las recomendará como base de su alimentación.

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