¿Emergerá el partido bisectriz tras el 21D?

Una vez finalizado el plazo de presentación de candidaturas se han despejado las incógnitas acerca de como los distintos partidos y los distintos espacios van a afrontar las atípicas elecciones del 21 de diciembre convocadas por el ejecutivo central en aplicación del artículo 155 CE y con una parte del gobierno catalán en prisión provisional y la otra en Bruselas a la espera de que la justicia belga resuelva la euroorden.

1. El independentismo se presenta separadamente. No han prosperado ni la propuesta de lista unitaria de Puigdemont, ni el planteamiento imposible de ERC de constituir un frente amplio capaz de ensanchar el espacio de Junts pel Sí incorporando a la CUP, a los Comunes y a sectores de Podemos, ni tampoco  la agrupación de electores promovida por la sociedad civil para conformar una lista del President. Se ha impuesto la lógica competitiva frente a la cooperativa entre el PDeCat y ERC pese a la responsabilidad compartida de la actual situación y a que ambos están pagando por igual las consecuencias con sus principales líderes encarcelados o en Bruselas. ERC, que ya se resistió mucho a la constitución de Junts pel Sí en 2015, no ha querido desaprovechar la oportunidad de superar al PDeCat, de situarse como primera fuerza del independentismo y de reclamar, llegado el caso, el liderazgo. Pero no hay que olvidar, además, que en 2012 cuando la extinta CiU y ERC se presentaron separadamente obtuvieron unos resultados muy superiores a los que obtuvieron conjuntamente en 2015, 71 escaños frente a 62, un retroceso que quedó compensado por el crecimiento de la CUP de quien ha dependido la mayoría soberanista y que en estas elecciones vuelve a concurrir en solitario.

Ahora a las tres formaciones independentistas que se presentan por separado, también hay que añadir a Convergents, el partido impulsado por el exconsejero y exconvergente Germà Gordó, presuntamente vinculado al caso del 3%, que aunque no se declara abiertamente independentista, sino que reivindica la herencia de la CDC clásica, sí que apuesta por conformar una nueva mayoría soberanista.

2. Los partidos que apoyaron la aplicación del artículo 155 no asumen ningún compromiso pre-electoral. Pese a los intentos del PP de que PSC y Ciudadanos sellasen un pacto pre-electoral que incluyese el compromiso de no pactar con partidos independentistas, de rechazar el referéndum o cualquier propuesta que cuestionase la unidad de España y de apoyar un gobierno constitucionalista, y de la propuesta de C’s de que el resto de partidos se comprometiese a dar apoyo al primero de esos partidos, que según todas las encuestas sería el propio C’s, dichas formaciones no han suscrito ningún pacto que comprometa su capacidad de maniobra tras las elecciones. El PP y Ciudadanos disponen de un limitado potencial de coalición en Cataluña donde solo pueden pactar el uno con el otro, de ahí el interés en comprometerse por adelantado, uno con un programa común y C’s, sabiéndose ganador, buscando garantizarse el apoyo en el improbable caso de sumar mayoría. En cambio la posición interseccional del PSC, tanto en la fractura izquierda-derecha como en la fractura nacional, y por tanto su capacidad para tejer alianzas bilaterales explicarían su negativa a cualquier compromiso previo.

3. El tercer espacio se refuerza. La incorporación de miembros de Units per Avançar, el partido sucesor de UDC, a las listas del PSC es un primer paso en la convergencia de las fuerzas que no son partidarias de la independencia ni del inmovilismo. En 2015, Unió concurriendo en solitario en las elecciones más polarizadas de la historia de Cataluña recogió más de 100.000 votos que no produjeron representación. Esos votos catalanistas moderados y de centro,  que siguen sin disponer de otro referente que no sea Units per Avaçar, son los que el PSC espera lograr atraer con la incorporación de los herederos de Unió.   Y al mismo tiempo y dada la excepcionalidad del momento aspira a  no  verse penalizado en el flanco izquierdo por su alianza con un partido que tradicionalmente había sido un adversario, aunque en contexto europeo la colaboración entre socialdemocracia y democracia-cristiana sea habitual.

Esta será la única candidatura de tercera vía que se presenta a las elecciones tras la renuncia de Lliures, la formación impulsada por Antoni Fernández Teixidó, el también exconsejero y exlíder del CDS que ha optado por no concurrir a las elecciones, al igual que Santi Vila, a quien la rápida convocatoria de elecciones y el encarcelamiento de sus excompañeros han dejado sin opciones para construir una alternativa o para justificar su integración en un proyecto más amplio. Una buena noticia para el PSC y Units per Avançar que en ausencia de una convergencia tercerviísta más amplia al menos no han de competir en estas elecciones en un espacio fragmentado.

4. Los Comuns se escoran hacia el independentismo. La habitual ambivalencia de los Comuns en relación con el proceso independentista como consecuencia de su división interna ha quedado en entredicho desde que las bases de la formación decidiesen por un estrecho margen de votos, y sin que Ada Colau se hubiese pronunciado al respecto, romper su acuerdo de gobierno con el PSC en el ayuntamiento de Barcelona como muestra de desaprobación  por el apoyo de ese partido a la aplicación del artículo 155, sin que ello tuviese nada que ver con la gestión municipal. Ni los Comuns ni Podem han sido capaces de sustraerse a la lógica de competición que ha impuesto el proceso y que ha hecho aflorar sus contradicciones internas. Porque mientras que los Comuns han roto con el PSC y se han alineado con el independentismo sus aliados de Podemos, con quienes se vuelven a presentar a las elecciones, han forzado la dimisión de Albano Dante Fachín, líder de la formación en Cataluña, por haber adoptado exactamente la misma posición que los Comuns.

¿Bloqueo o bisectriz?

Que los partidos soberanistas hayan decido presentarse separadamente y que los partidos constitucionalistas no hayan acordado un programa común reduce las posibilidades de que estas elecciones adopten carácter plebiscitario como sucedió en 2015 pero no se evitará una elevada tendencia a la polarización.  En este contexto uno de los riesgos más evidentes de las elecciones del 21D es que se reediten los resultados de las elecciones del 27S (2015) y que, por tanto, los comicios no sirvan para desbloquear la situación.

Si los partidos independentistas obtienen la mayoría de votos y de escaños y  si como en 2015 la alianza independentista es la única coalición matemática e ideológicamente viable y logra formar gobierno, se mantendrá la aplicación del artículo 155, y esta vez, posiblemente, sin fecha de caducidad. Si se diese el caso de que las discrepancias en cuanto al liderazgo, máxime si sigue habiendo dirigentes en prisión o en Bélgica, y que las diferencias de los ritmos o incluso en la conveniencia de implementar de la República proclamada el 27 de octubre hagan imposible el acuerdo. En ese caso o se exploran mayorías alternativas, y según las encuestas solo sumarían las izquierdas, o el bloqueo obligará a repetir elecciones.

En cambio, si los partidos independentistas no obtienen la mayoría de votos y/o de escaños, se podría abrir un escenario de desbloqueo, aunque no necesariamente. Pero para que ello suceda será necesario resistirse a la polarización y abrir una bisectriz entre el frente partidario de la independencia y el frente partidario del inmovilismo.

Una sociedad como la nuestra en la que existen dos fracturas (izquierda-derecha y centro-periferia), que no están superpuestas sino entrecruzadas y en la que hay partidos que las representan todas ellas, las posibilidades de  acuerdos que cuenten con amplios apoyos son muchos. Eso siempre y cuando no se instale, como ha sucedido en los últimos años, una competencia política centrífuga y polarizada que no solo es consecuencia de las diferencias entre los partidos opositores, sino, sobre todo, de la rivalidad existente entre los partidos competidores. El reto al que se enfrenta el partido bisectriz es el de poner fin a esa tendencia, hacer crecer el espacio central y favorecer el retorno a una competencia centrípeta que no solo facilite la gobernabilidad sino también la resolución consensual de los conflictos. ¿Hay algún partido en disposición de hacerlo? 

Hoy por hoy el partido bisectriz solo puede ser el PSC. Los Comunes, ciertamente, también representan un tercer espacio, pero su defensa del referéndum y su posición en el eje izquierda-derecha limitan su capacidad para llegar a acuerdos  bilaterales. El PSC, en cambio,  habiendo reforzado su centralidad con la incorporación de candidatos de la antigua Unió puede atraer un electorado variopinto que priorice el deseo de buscar una solución consensual en vez de la mayoritaria. Porque saben que una solución mayoritaria satisfará a unos, a los más, pero generará incomodidad e insatisfacción en casi la mitad de la población enquistando el problema, no resolviéndolo, y la larga, incluso, poniendo en peligro la convivencia pacífica y la cohesión social.  El crecimiento del PSC en las últimas encuestas revela lo acertado de su estrategia.  Está por ver si de aquí al 21 D la brecha se abrirá lo suficiente.

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1 Comentario

  1. Carlos López
    Carlos López 11-20-2017

    Yo comprendo el interés de PSC y Podemos en calificar al resto como “bloques” y ofrecerse a ellos mismos, cada uno a si mismo, como la única oferta no sectaria. No creo que tenga mucha base real, pero el interés desde el punto de vista del marketing es fácil de ver.
    El problema es que al no ser real no resolvería nada. No hay una tensión centro-periferia entendida como dos bloques tirando en sentidos opuestos. Sólo hay fuerzas nacionalistas en sus distintas variantes (nacionalistas, secesionistas y filonacionalistas). No existe ningún partido centralista (VOX no tienen representación).
    “Deconstruyendo el nacionalismo” http://pajobvios.blogspot.com.es/2017/05/deconstruyendo-el-nacionalismo.html

    De igual forma, no hay dos bloques estables opuestos que precisen una 3ª vía (defenderse ambos de las presiones nacionalistas no es formar un bloque) ni las propuestas de Cs o PP son inmovilistas. De hecho, proponen el único movimiento razonable una vez hecho el diagnóstico a mi modo de ver correcto, el de un problema de prejuicios supremacistas. Su coincidencia está en la necesidad de defender a la sociedad de los prejuicios nacionalistas.
    “Emociologías: una 2ª Transición para Cataluña” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/emocioogias-una-2-transicion-para.html

    A quienes veo yo descolocados es a PSC y Podemos. Deseosos de aliarse con ERC… a pesar de existir tres grandes razones en contra:
    1- los obvios excesos de ERC de los últimos años;
    2- ser el tripartito ERC-PSC-CSQP una opción que, a diferencia de la que proponen Cs o PP, ya se ha probado y no para bien;
    3- que una vez se reconocen los prejuicios supremacistas, aliarse con el supremacista es como apoyar al marido machista. Muy poco en línea con la sensibilidad de la izquierda.
    “Machonalismo” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/11/naciomachismo.html

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