Elecciones locales en Polonia: ¿punto de inflexión?

El domingo se celebraron las elecciones locales en Polonia bajo la atenta mirada de los medios internacionales, ya que era la primera prueba de fuego desde 2015 para el Gobierno de derecha populista de PiS (Ley y Justicia) y los liberales de KO (Coalición Cívica, que agrupa a PO, de EPP, y a Nowoczesna, de Alde). Los resultados, procedentes de la exit poll a falta de los números oficiales, apuntan a una victoria pírrica del PiS con un 33% de los votos, con KO ocupando el segundo puesto con el 26,7% y PSL (Partido Campesino) en tercer lugar con el 13,6%. ¿Pueden resultar estas elecciones un punto de inflexión en el proceso de la deriva autoritaria que sufre Polonia desde que comenzó a gobernar el PiS? Existen razones para pensar que sí.

A diferencia de Hungría, la oposición democrática en Polonia es seria y, aun perdiendo, sale reforzada de estas elecciones. La coalición liberal habría ganado en prácticamente todas las ciudades importantes, lo que además de dar un nuevo ímpetu a las campañas electorales que vienen (elecciones europeas y parlamentarias en 2019), la puede dotar de unos líderes nuevos que tanta falta le hacen. La victoria numérica es de PiS, pero la simbólica es de la oposición.

No es de extrañar que la sede electoral de PiS se quedase desierta en menos de una hora después del pronunciamiento de la victoria; a pesar de que obtuvo el mejor resultado en su historia en las elecciones locales. El júbilo no era tan intenso porque el apoyo real en las urnas resultó bastante más modesto que el que auguraban las encuestas, que lo situaban alrededor del 40% desde 2015. Si a esto le añadimos que no parece haber surtido efecto la descarada propaganda gubernamental a través de la televisión pública, no cabe duda de que, para volver a ganar, el Gobierno tiene que repensar muchas cosas. La campaña de descrédito total de sus contrincantes, unida a una polémica estrategia de última hora de atemorizar a la población con la inmigración, parece haber movilizado al electorado liberal más que atraído a nuevos votantes.

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Según los últimos datos, más del 54% de los polacos votó el domingo y, aunque parezca mentira, es todo un récord en un país acostumbrado a unos niveles muy bajos de participación. Esta movilización recuerda a la de 2007, cuando muchos se animaron a participar en las elecciones para echar a PiS del Gobierno; sólo que entonces fueron los jóvenes quienes acudieron a las urnas y apoyaron masivamente a las opciones liberal-conservadoras. Esta vez parece que no ha sido así:  PiS, además de tener un apoyo mayoritario entre los mayores, también gana entre los más jóvenes (18-29 años). KO lo sobrepasa únicamente en el grupo de entre 30 y 39 años de edad. Sin disponer de datos más fiables, es difícil saber el porqué del apoyo juvenil a PiS.

Lo que sí se puede afirmar, sin duda, es la existencia de una fuerte división entre los entornos rurales y urbanos. El no de las ciudades grandes a las políticas de PiS es inequívoco: el partido gobernante consiguió el apoyo mayoritario solamente en entornos rurales y en poblaciones por debajo de 50.000 habitantes, mientras que el mayor éxito de la coalición liberal es haber ganado en Varsovia y en primera ronda. Rafał Trzaskowski -ex secretario de Estado de Asuntos Europeos- obtuvo un 54,1%, mientras que su contrincante (Patryk Jaki) un 30,9%, siempre según la exit poll de Ipsos. Y eso que en la recta final Jaki le dijo a los varsovianos que la decisión que debían tomar el domingo era equiparable a la del levantamiento de la capital polaca en 1944. Además, KO ganó en la primera vuelta en Łódź, Wrocław, Poznań, Lublin y Białystok (todas ellas ciudades por encima de los 250.000 habitantes). En la mayoría de las demás urbes ganará el candidato de KO o uno independiente en la segunda vuelta.

Aunque PiS haya ganado en nueve de las 16 regiones, debido a su poca capacidad de coalición, en la mayoría de los voivodatos (provincias) seguirán gobernando los liberal-conservadores con el apoyo del Partido Campesino. Teniendo en cuenta las limitaciones a la hora de extrapolar los resultados de unas elecciones locales a otras carreras electorales, ésta es una de las conclusiones más importantes para Jarosław Kaczyński. Si PiS no llega a convencer a más de uno de cada tres votantes ni con el descarado uso partidista de los medios estatales a su disposición, le puede ser muy difícil volver a gobernar con mayoría. Esa mayoría ahora mismo la tiene la oposición democrática, que lleva años denunciando la destrucción metódica de las instituciones  por parte del PiS. A falta de conocer la estrategia de la izquierda, muy fragmentada y prácticamente inexistente, veremos si los líderes de la oposición serán capaces de construir y mantener una coalición aún más amplia, presentándose como una clara e inequívoca alternativa al gobierno de PiS en las elecciones de 2019.

Tras las elecciones del domingo, hay más razones para la esperanza de que Polonia recupere el rumbo. Junto con la reciente decisión del TSUE sobre la aplicación de las medidas cautelares que restablecen el orden constitucional en el Tribunal Supremo, todo son buenas noticias tanto para Polonia como para la UE; sin olvidar que la verdadera batalla contra el nacionalismo, el populismo y el autoritarismo que acechan a Europa es una tarea que la democracia liberal todavía tiene por delante. La oposición polaca sale airosa de la primera prueba. Es la hora de remangarse.

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