“Elecciones críticas para democracias en crisis”: una reflexión

Ya lo tenemos controlado. Parece que vamos a sobrevivir a un año electoral muy “crítico”. Todas las opciones “peligrosas” especialmente para el futuro de la integración europea ya están –más o menos– descartadas. O por lo menos ya queda poco para que así sea. En los Países Bajos Wilders no ha tenido tanto éxito como se preveía, en Francia no ha ganado Marine Le Pen y el UKIP va desapareciendo en el Reino Unido. En su lugar, Jeremy Corbyn y su partido Laborista ha vuelto al tablero de juego con fuerza. Nos queda Alemania en septiembre, con los dos únicos candidatos con posibilidades de ganar bastante pro-europeos y encuadrados en el mainstream. El único país que puede crear “problemas” es Italia, si pensamos sólo en Europa Occidental. Sin embargo, los cambios causados por los nuevos partidos políticos y las ideas más extremas están aquí para quedarse. Hay que discutir qué es la nueva política y cómo posicionarse frente a las nuevas dinámicas. Algunos lo resumen también como “salvar el orden liberal”. Necesitamos pensar cada día más en conceptos como “globalización”, “cosmopolitismo” y “populismo” y en sus consecuencias. Esta ha sido la idea principal surgida de la charla “Elecciones críticas para democracias en crisis”, organizada por el Máster en Análisis Político y Electoral del Instituto Carlos III-Juan March con los politólogos Pedro Magalhães y José Fernández-Albertos.

Como politólogos, hemos intentado contestar la pregunta esencial de cuáles son los motivos principales del voto a los partidos o candidatos más extremos. ¿Qué variables explican su éxito? Gobiernen o no gobiernen, el discurso político va cambiando gracias a ellos. Hay diferentes factores explicativos y está muy claro que buscar una sola razón es casi imposible. Aquí se debaten dos variables explicativas importantes: la economía y la dimensión cultural, que hoy en día generalmente se manifiesta como un discurso anti-inmigrante o xenófobo.

¿La economía lo explica todo?

El impacto de la economía, no solo en el nivel personal pero también como percepción en un nivel agregado, es una variable muy importante para explicar el voto. Esto subraya la importancia de las teorías de economic voting y requiere más análisis. Indicadores económicos como la falta del crecimiento del PIB o el desempleo dan lugar a una penalización sistemática de los gobiernos en las urnas. Generalmente, los votantes castigan al gobierno cuando las cosas van mal en la economía pero no suelen premiarlo cuando van bien. Además, hay un desfase importante entre el cambio en la economía y su percepción. Nos seguimos preguntando si estamos ya en la época post-crisis y si los determinantes pre-/post-crisis han cambiado. Por esa razón, la economía –en este caso, mejor dicho, las medidas de austeridad– explica una parte significativa del éxito de los partidos extremos en época de crisis.

El clivaje de globalización y dimensión cultural: ¿se fusiona con izquierda/ derecha?

Mas allá de la economía, los argumentos culturales, incluidos todos los sentimientos anti-inmigración, juegan un papel importante en el voto. El discurso común del Brexit y la campaña de Trump y de otros muchos en Europa se basa en la dimensión cultural. Lo que llamamos “populismo” hoy en día –sin su base teórica– contiene muchos argumentos contra la globalización, la libre circulación y la inmigración. Como todos estos conceptos se interrelacionan con el debate sobre la UE, la politización de la integración europea explica mucho. Echándole la culpa siempre a la UE y jugando la carta antiglobalización, los partidos extremos han ganado peso. Todas estas dinámicas nos hacen pensar en una pregunta: ¿con la crisis, las dimensiones izquierda/derecha y pro-/anti-integración europea han quedado fusionadas? Al fin y al cabo, las medidas de austeridad han venido en gran parte dictadas por la UE. Y la Unión no es ya una entidad tan neutral, al no tener sólo criterios democráticos, sino también manifestar demandas económicas. Por esa razón, las reacciones contra la integración y las críticas por la gobernanza de la economía se cruzan en gran medida.

Conclusiones

Una de las conclusiones más importantes de esta discusión ha sido que los factores a corto plazo son igual de importantes que los de largo plazo, o incluso más. Esto significa que los lideres, las campañas y los issues en las elecciones juegan un papel fundamental. En segundo lugar, la edad y el nivel educativo son dos variables que explican muy bien el voto. En los trabajos académicos casi siempre se emplean sólo como variables de control, cuando ahora explican también muchas diferencias en el voto. Estas diferencias son no sólo económicas o de clase sino también dependen de la percepción del mundo y los valores.

Por último, estoy pensando en dos preguntas que podrían ayudar a entender el “fracaso” de los partidos y candidatos más extremos: ¿el miedo a la ruptura del orden liberal mueve a los votantes hacia el centro? y ¿marcará el centrismo el futuro de la política en Europa occidental? Ya veremos.

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