El ‘tuitero-en-jefe’ arruina el G7

Las cumbres anuales del G7 solían ser aburridas, siendo las fotografías de los líderes las que acaparaban la atención. Especialmente tras 2008, cuando comenzaron a celebrarse las cumbres del G20, más representativo. El communiqué o documento final solía estar previamente consensuado por sherpas (técnicos) y su contenido estaba trufado de buenas intenciones. La cumbre del G7 en Charlevoix (Canadá, Quebec) del pasado fin de semana no ha sido precisamente aburrida, sino que ha evidenciado la profunda distancia entre EEUU y sus aliados tradicionales (UE, Japón, Canadá). Una foto colgada por Merkel en Instagram, ya convertida en meme, evidencia el foso trasatlántico. Las relaciones entre Washington y sus aliados probablemente nunca fueron tan tensas. Occidente ya no está unido.

Diplomacia versus Twitter

A pesar de las diferencias evidenciadas en la cumbre, fue posible llegar a un acuerdo sobre el documento final (puede leerse aquí). Pero a Trump, que se marchó sin hacerse la foto de familia, no le gustó el mensaje de cierre de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, anfitrión de la reunión. Tanto se enfadó que tuiteó desde su avión presidencial rumbo a Singapur para reunirse con Kim Jong Un: “Basado en las falsas declaraciones de Justin [Trudeau] en su conferencia de prensa, y el hecho de que Canadá esté imponiendo aranceles masivos sobre los agricultores, trabajadores y compañías norteamericanas, he dado la orden a nuestros representantes que no apoyen el comunicado y ¡estudiamos aranceles sobre los automóviles inundando el mercado americano!”. Lo remató calificando a Trudeau de “deshonesto” y “débil”.

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El sentimiento general lo resumió Heiko Maas, ministro de Exteriores alemán: “En cuestión de segundos, puedes destruir la confianza con 280 caracteres de Twitter. Volver a reconstruirla tomará más tiempo”. Las siguientes horas fueron una sucesión de duras críticas a Trudeau por parte del equipo de Trump. Peter Navarro, director del Consejo Comercial de la Casa Blanca, en Fox: “Hay un lugar en el infierno para cualquier líder extranjero que hace diplomacia con mala fe con el presidente Donald Trump y luego le da una puñalada en la espalda en cuanto se va por la puerta”.

Probablemente, el enfado parta de la negativa canadiense de incluir una cláusula de expiración (sunset clause) en la renegociación del acuerdo comercial EEUU-Canadá-México (Nafta) y el anuncio de medidas por parte de buena parte de Occidente en represalia a la imposición de aranceles unilaterales al acero y el aluminio. Merkel consideró “aleccionador” y “deprimente” que EEUU se retirara en el último momento de la firma del comunicado conjunto.

G5+2 & Rusia

La cumbre fue la primera ocasión en que pudimos observar el alineamiento del nuevo Gobierno italiano con EEUU. Rusia fue un ejemplo. Trump afirmó que Rusia debería ser readmitida al G7 (fue excluida en 2014, tras la invasión del este de Ucrania y la anexión de Crimea). Giuseppe Conte, el nuevo PM italiano, fue el único en apoyar a Trump. Sin embargo, el comunicado final es duro con Rusia.

¿Es Trump un fenómeno pasajero?

Ésa es la pregunta fundamental que deben hacerse Europa y sus aliados. Pueden considerar que Trump es una anomalía histórica que acabará en el olvido tras terminar su mandato en enero de 2021. En tal caso, una estrategia de apaciguamiento tiene sentido. Sólo se trataría de gestionar al presidente estadounidense en modo control de daños para llegar a 2021 con los menores cambios posibles. Aun así, hasta el momento el apaciguamiento no ha funcionado con Trump. Desde el minuto uno.

El primer ministro japonés Abe visitó la Trump Tower pocos días después de que Trump ganara las elecciones para comprobar unos días después cómo la retirada de EEUU del Acuerdo Transpacífico fue una de sus primeras medidas en la Casa Blanca. La invitación de Macron al presidente estadounidense a seguir la fiesta nacional francesa desde los Campos Elíseos no ha evitado que Trump impusiera aranceles unilaterales sobre el aluminio y el acero europeos. Sin embargo, si se considera que Trump puede repetir mandato o que las tendencias que él representan están aquí para quedarse, la estrategia debe ser más audaz.

Sí, las obsesiones de Trump en Twitter son relevantes

Hemos podido comprobar cómo Trump ha convertido sus tuits en decisiones internacionales: retirada del Acuerdo Transpacífico (TPP), acuerdo climático de París, Unesco y acuerdo nuclear con Irán, recorte a la financiación de programas de Naciones Unidas, traslado de la embajada a Jerusalén, imposición de aranceles al acero y aluminio, etc. También ha dejado clara su actitud transaccional, sin favoritismos para los aliados tradicionales, o la falta de reparos ante la posibilidad de quedar aislado.

No hay motivos para pensar que esto vaya a cambiar. De hecho, su equipo ha cambiado profundamente en los últimos meses, con una mayor presencia de halcones decididos a aplicar el ‘America First’. Los exportadores de coches alemanes (y europeos) o los productores de lácteos canadienses pueden ser las próximas víctimas. En estos momentos, las principales obsesiones de Trump (y de sus asesores más radicales) que aparecen recurrentemente en su timeline de Twitter son:

  1. Reducir el deficit comercial con China, la UE (especialmente Alemania), y México.
  2. Renegociar rápidamente el acuerdo de libre comercio con Canadá y México.
  3. Conseguir que los aliados de EEUU en la OTAN incrementen su gasto en defensa.
  4. El robo de propiedad intelectual por parte de China y su programa Made in China 2025.

Si la agenda interior no carbura o las negociaciones con Corea del Norte no son satisfactorias, Trump puede verse tentado a incrementar la presión en el ámbito exterior. La próxima ocasión en la que se verá con sus aliados tradicionales será en la cumbre de la OTAN de julio en Bruselas. España es, precisamente, el tercer país que menos gasta en defensa de la Alianza Atlántica.

Extra

Según Gallup, Trump es, tras 500 días en el poder, el segundo presidente estadounidense más popular entre los de su propio partido desde la Segunda Guerra Mundial (el 87% de los republicanos aprueban su gestión). Sólo George W. Bush lo supera con un 96% (tras el 11-S).

Para profundizar

Un informe de Mark Leonard y Anthony Dworkin (ECFR): Can Europe save the world order?

Este artículo se ha publicado en Analys-in,  canal de análisis político y económico de LLORENTE & CUENCA

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