El régimen de género en la España de la austeridad

La política de austeridad que el gobierno español ha adoptado desde el estallido de la crisis económica ha cambiado las relaciones entre mujeres y hombres y las instituciones que las regulan, es decir el ‘régimen de género’ que existe en España. La socióloga Sylvia Walby, en su libro Crisis (Polity 2015) explica que los países que tienen un régimen de género ‘doméstico’ tienden a relegar a las mujeres a la esfera doméstica, excluirlas del acceso al empleo y a la representación política, asignarles una carga de trabajo de cuidado no remunerado muy desigual con respecto a los hombres, y dificultar el acceso al aborto legal, mientras que en un régimen de género ‘público’ las mujeres tienen mayor autonomía y están más presentes en la esfera pública del empleo y de la política, aunque tienden a estar segregadas en posiciones de menor poder. España, en la primera década del 2000 ha experimentado cambios hacia un régimen de género más público. ¿Cómo ha cambiado el régimen de género en la España de la austeridad? ¿Han conseguido las políticas de austeridad ‘re-domesticar’ a las mujeres españolas, empujándolas a ‘volver al hogar’?

Los datos muestran que las políticas de austeridad adoptadas por el gobierno español en respuesta a la crisis económica están promoviendo un cambio hacia un régimen de género más neoliberal, pero todavía no una vuelta hacia un régimen de género doméstico (Lombardo 2016). Las reformas laborales de los últimos años, las privatizaciones de los servicios públicos, el deterioro de la calidad del empleo, la precariedad laboral, la creciente desigualdad del mercado de trabajo, los recortes al estado de bienestar y a las políticas de igualdad, y las restricciones de los derechos sexuales y reproductivos nos muestran una transformación hacia formas más neoliberales y más conservadoras de relaciones sociales (Paleo y Alonso 2015; Lahey y de Villota 2013). Las políticas de austeridad cargan sobre la espalda de las mujeres el peso de las faltas del estado de bienestar, explotando el trabajo femenino en todas sus formas. Las resultantes cargas de trabajo doméstico, a veces dobladas o triplicadas, pueden empujar a las mujeres fuera del mercado laboral, además de afectar a su bienestar.

Sin embargo, la resistencia de las mujeres a ‘volver al hogar’ –escribe Begoña San José (2015)- y las movilizaciones feministas han detenido de momento la ‘re-domesticación’ de las mujeres españolas. Las mujeres con menor nivel educativo, incluso con niños menores de seis años, se han vuelto más activas en el mercado laboral para compensar la pérdida del empleo masculino en el hogar. Pero estas mujeres soportan condiciones de mayor explotación, ya que a unos empleos precarios y de baja remuneración se añade el trabajo doméstico y de cuidado, que los hombres españoles siguen sin compartir en igualdad – como comentan González y Segales (2014) y Addabbo, Rodríguez y Gálvez (2013). Los recortes en los sueldos de las personas con empleo público y el bloqueo en las nuevas contrataciones han tenido un impacto adverso especialmente en las mujeres más educadas, debido a su participación más alta en el sector público. Aun así, pese a la difícil situación laboral, las mujeres siguen siendo activas en el mercado de trabajo (53.6% en 2016 según el INE). El movimiento feminista ha organizado huelgas que defienden un concepto más amplio de trabajo que incluye tanto el productivo como el reproductivo, como la Vaga de Totes en Cataluña que –según cuenta García (2015)- ha movilizado 600 organizaciones feministas y de la sociedad civil en 2015. Las movilizaciones feministas han conseguido también detener la reforma más restrictiva de la ley del aborto en 2014. Y los niveles de representación política de las diputadas se mantienen en torno al 40% en todas las instituciones con elección directa.

A pesar de los golpes de las políticas de austeridad, el régimen de género público sigue en pié en España, principalmente gracias a la resistencia de las mujeres. Sin embargo, el cambio hacia un régimen de género más neoliberal y la falta de apoyo estatal a las políticas sociales y de igualdad deja abiertos interrogantes acerca de hasta cuándo las mujeres resistirán a la ‘re-domesticación’ y en qué medida la sociedad civil y los actores políticos progresistas conseguirán defender un modelo de relaciones de género más igualitario.

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