El ‘procés’ ha costado a Cataluña hasta dos décimas de PIB

En diciembre pasado realizaba unas sencillas estimaciones sobre el posible efecto que el procés podía haber tenido en la economía catalana. El resultado era claro: el coste fue, aproximadamente, de una décima de PIB si las consecuencias de la crisis institucional provocada por el 1-O y hechos posteriores se reducían al ámbito de aquellas semanas. Hoy, cinco meses después, estamos en disposición de volver a estimar la evolución de la economía catalana y poder, así, valorar este posible efecto con la mayor seguridad que ofrece el transcurso del tiempo.

Al igual que hicimos en diciembre, estimo un indicador sintético (IS). De nuevo, y para el que desconozca esta metodología, es algo parecido a una media de indicadores, pero que han sido ponderados en función de la relevancia que cada uno tiene a la hora de explicar el ciclo económico de una región o país. Todos los indicadores están corregidos de estacionalidad y de efecto calendario. Al igual que en diciembre, la capacidad explicativa de este indicador, tanto del ciclo económico español como del catalán, es elevada, de un 93% y un 87%, respectivamente. El resultado del ejercicio se muestra en la Figura 1, donde se expone el crecimiento interanual del indicador entre 2012 y marzo de 2018. Resulta evidente la brecha que se abre entre el indicador catalán y el español entre los meses de octubre y diciembre, donde el primero parece perder el compás que marca el segundo. Y esto sucede cuando ambos indicadores han mostrado siempre un comportamiento similar, por no decir más favorable en el caso regional.

En la Figura 2 se muestra, al igual que hicimos en diciembre, qué indicadores de los usados para la construcción del sintético aportan más, y cuánto, a la evolución del periodo analizado. Con estos datos, volvemos afirmar lo que ya comentamos en su momento. En primer lugar, el mayor ajuste vino vía comercio, que influye negativamente y con mayor intensidad que el resto de indicadores. Su efecto fue especialmente relevante en octubre, aunque de nuevo en diciembre. Como entonces, al comercio le sigue el turismo, cuya aportación negativa fue una constante durante todo el trimestre. Por último, el resto de indicadores no aporta negativamente. En cuanto a los que sí lo hacen, todo parece indicar que durante el primer trimestre de 2018 su influencia se ha tornado de nuevo positiva, explicando el retorno del indicador sintético de Cataluña a la tendencia marcada por el conjunto de España.

Para dar una cifra que todos podamos entender, se estima de nuevo la evolución del PIB mensual de Cataluña y a partir de él podemos hacer algún contrafactual. En la figura 3 se muestran estas tasas de crecimiento intermensuales de un PIB mensualizado mediante la técnica de Chow-Lin. De nuevo, queda clara la caída del ritmo de crecimiento en el mes de octubre, que parece repetirse en cierto modo en diciembre. También se observa la repentina recuperación del crecimiento a partir de enero. Con estas cifras, el crecimiento de la economía catalana en el cuarto trimestre de 2017 habría sido de un 0,5% intertrimestral, mientras que en el primer trimestre de 2018 habría subido al 0,7%. En los tres primeros trimestres de 2017 el crecimiento fue de 0,8%, 1,0% y 0,8%, respectivamente. Si los indicadores catalanes no hubieran tenido un comportamiento adverso comparado con la tendencia que parecían seguir, similar a la española, el PIB catalán habría crecido entre una y dos décimas más, ofreciéndonos de nuevo un resultado muy parecido al que estimamos en diciembre, aunque muy ligeramente superior al de entonces.

En resumen, el efecto negativo de la crisis institucional de otoño pasado en Cataluña parece haberse saldado con un coste que, a priori, pudiera parecer limitado. Una o dos décimas no parecen mucho. Pero como dijimos en diciembre, es necesaria una perspectiva global para entender que sí podría considerarse elevado. Podemos asumir que gran parte del coste se asume en pocas semanas, tan sólo entre dos y tres. En este corto intervalo temporal, la economía catalana dejó de crecer no menos de una décima. Esto, extrapolado a un trimestre o a un año, nos ofrecería cifras muy relevantes.

Por último, el lector debe entender que estas cifras hacen referencia sólo al efecto a corto plazo de los eventos de otoño, así como que no dejan de ser estimaciones. Es por ello que, aunque podemos estar bastante convencidos de que el procés, en su momento más tenso, pudo tener un coste económico, nunca será posible dar un dato que podamos considerar absolutamente fuera de duda, ya que aislar las causalidades en economía es una actividad sujeta a enormes incertidumbres. De momento, mi estimación preferida sigue situándose entre una y dos décimas.

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