El PP pone una censura en su vida

En los últimos días han ido apareciendo en los medios de comunicación diferentes encuestas (*) que tenían como finalidad evaluar las consecuencias electorales de la moción de censura ganada por Pedro Sánchez el 1 de junio.

En todas ellas se aprecia una mejora significativa de la estimación de voto al PSOE, consecuencia lógica de su acceso al Gobierno, que ha provocado el efecto esperado: parte de los votantes socialistas de 2016, que en anteriores sondeos se mostraban decididos a cambiar el voto o que afirmaban no tener decidido por qué partido optar, han retornado al PSOE.

De hecho, esto era lo que buscaba Sánchez con la presentación de la moción de censura a Rajoy a raíz de la sentencia del caso Gürtel. Más concretamente, el líder socialista pretendía cortar de raíz la hemorragia en sus filas en dirección a Ciudadanos (C’s), convertida en sangría a partir de las elecciones catalanas de diciembre pasado.

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Con la moción, el PSOE pondría a los de Rivera contra la pared, que tendrían que optar decidir entre aupar a Sánchez o salvar a Rajoy. Si hacían esto segundo, como suponían en Ferraz (y como finalmente pasó, aunque sin éxito), el electorado trasvasado desde los socialistas podría replantearse su decisión de votar por C’s, volver al PSOE y darle aire.

De tal forma que la moción, triunfase o no, debía haber provocado un debilitamiento en las expectativas de Rivera y una mejora en las de Sánchez; suficiente (así se creía en el PSOE) para situar a los socialistas en posición de disputar la victoria, lo que les permitiría poner en marcha una dinámica de voto útil a su favor entre el electorado de la izquierda.

Por lo tanto, los movimientos recogidos por los sondeos, a pesar de las diferencias en sus magnitudes, eran los esperados: el PSOE se refuerza mientras que Ciudadanos retrocede; aunque mantiene parte de lo ganado desde diciembre.

Las encuestas también recogen algo que no era tan esperable. Y es que los datos muestran un reforzamiento evidente del PP, cuando pudiera suponerse que la pérdida del Gobierno hundiría, aun más si cabe, las expectativas de los populares. No ha sido así ni de lejos. Después de la moción, el PP mantiene sus posiciones y las mejora en algunos sondeos. Ni la pérdida inesperada del Gobierno ni el escenario de interinidad en el que ha entrado desde el anuncio de dimisión de Rajoy parecen haber afectado al partido.

Según los cálculos de Gad3 paraABC, el PP perdería un mínimo de dos décimas comparado con las estimaciones previas a la moción de censura. Según Gesop para El Periódico de Catalunya los populares se quedarían igual, mientras que Simple Lógica les supone un incremento de voto (respecto de la encuesta de abril) de 1,6 puntos. El PP no ha vivido el cataclismo demoscópico que podría suponérsele después de ser apartado del Gobierno. Al contrario, la moción podría haber reforzado un poco sus posiciones.

A pesar de que pueda parecer extraño lo sucedido con el PP, no lo es. Ya ha pasado otras veces. Los partidos sometidos a una presión muy dura en contra, o que son apartados del Gobierno, generan una ola de apoyo a su favor por una parte del electorado. Le pasó al PSOE en 1993 y 1996. Sometido como estaba a una campaña de desprestigio con derivaciones políticas y mediáticas a causa de los casos de corrupción (Juan Guerra, papeles del Cesid, Luis Roldán…), la desaceleración económica y las pugnas internas dentro del partido, Felipe González vio cómo una parte del voto tradicional socialista que se había alejado o que mostraba un evidente descontento con el Gobierno y la organización volvía para sostener al PSOE en las elecciones.

En 1993, el nuevo PP de José María Aznar sumó casi tres millones de votos a su resultado de 1989, pero un PSOE hundido en el fango consiguió atraer a un millón de votantes nuevo. Y en 1996, después de la llamada legislatura de la crispación (Corrupción, paro y despilfarro fue el lema del PP), el PSOE sólo cedió 275.000 votos de su resultado de tres años antes, quedando a menos de 300.000 votos de un PP que esperaba conseguir una victoria aplastante.

Parece existir, pues, un mecanismo que genera una corriente de adhesión a los partidos que sufren, a los que pierden, a los que pasan por momentos malos. Y esto es lo que parece que le ocurre ahora al PP. En su peor momento hay un movimiento de votantes que corren a sostenerlo, que tienen ganas de mostrarle su simpatía, su apoyo.

En las encuestas realizadas después del triunfo de la moción de Sánchez se percibe nítidamente este movimiento. La tasa de fidelidad del voto al PP, que mostraba una clara tendencia a la baja desde principios de año (coincidente con el ascenso de la estimación a C’s), parece haberse recuperado ligeramente. La moción ha tenido el efecto contrario al que se le podía suponer. No hay desbandada del voto popular, sino todo lo contrario. Hay un repliegue, ligero pero observable. Es como si una parte del voto del PP, que se mostraba crítico y que en parte manifestaba la intención de abandonarlo, haya reaccionado volviendo cuando ha visto que éste corría peligro. Una reacción inesperada de defensa de su partido.

Este movimiento tiene en Ciudadanos su víctima, porque buena parte de los que han ido a socorrer al PP formaban el segmento que en las encuestas previas a la moción mostraba intención de optar por Rivera en caso de nuevas elecciones. Los datos lo ponen en evidencia. En las encuestas de abril y mayo, C’s le robaba al PP más de dos millones de sus votantes de 2016 (concretamente, la media de los sondeos realizados esos meses ascendía a 2,3 millones de votantes populares que entonces mostraban intención de votar a C’s). Este contingente se ha reducido de forma clara en las encuestas realizadas después de la moción (durante los primeros días de junio), hasta quedar reducido (es un decir) a un millón y medio.

Es otras palabras, la moción de censura que ha sacado a Rajoy y al PP del Gobierno habría devuelto a los ‘populares’ casi un millón de votantes que hace un mes tenían decidido votar por C’s. Como consecuencia de ello, los de Rivera no sólo han visto alejarse el contingente de votantes del PSOE que se planteaban votarles en las próximas elecciones, algo que parecía lógico después de la moción, sino que han visto cómo retrocedía el contingente de votantes del PP que también mostraban intención de votar a Rivera, algo que no estaba previsto (o al menos yo no me lo esperaba).

Al contrario de lo que podía suponerse, podríamos decir que la moción de censura no ha sido tan perjudicial para el PP. Es cierto, ha perdido el Gobierno y ha entrado en una crisis interna importante (por primera vez no hay sucesión pactada). Pero electoralmente parecería que la moción les ha devuelto un voto que habían perdido. No ha habido hundimiento, sino todo lo contrario. Efectos inesperados.

(*) Gad3 para ‘ABC,’ Invy Mark para La Sexta, Celete-Tel para ‘eldiario.es’, NC Report para ‘La Razón’, Simple Lógica, Gesop para ‘El Periódico de Catalunya’ y DYM para ‘elindependiente.com’.

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