El largo parto de la lista de Mas

Artur Mas, pocos días después del proceso participativo del 9N convocado ante la imposibilidad de realizar una consulta sobre la autodeterminación, lanzó la propuesta de una lista única que incorporase a todos los partidos defensores de lo que, eufemísticamente,  se llama proceso pero que en realidad quiere decir independencia. Detrás de esa propuesta subyacía la idea de dotar de carácter plebiscitario a las elecciones catalanas de modo que una victoria de la lista única pudiera ser interpretado como un sí sin reservas a la independencia.  Desde entonces el debate en torno a la lista única prácticamente ha monopolizado el debate político en Cataluña y ha estado en el origen de todos los movimiento tácticos de los líderes y de los partidos  catalanes y de las entidades soberanistas.

El primero en reaccionar a la propuesta fue Oriol Junqueras quien se negó taxativamente con el argumento de que una lista única debilitaba las opciones del soberanismo y que éste sumaba más con listas separadas. En ese momento  Mas i Junqueras todavía se disputaban el liderazgo del proceso soberanista y el líder de  ERC aun conservaba la expectativa de superar a CiU en unas elecciones autonómicas, tal y como había sucedido en las elecciones europeas de mayo.

La rivalidad y por ende la división entre Mas y Junqueras era tal que las entidades soberanistas, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Ómnium Cultural y la Asociación de Municipios Independentistas (AMI) redoblaron las presiones para que éstos siguieran negociando y el 14 de enero se llegó a un acuerdo por el que las entidades soberanistas se comprometían a mantener la neutralidad. A cambio Mas se comprometió a celebrar unas elecciones con carácter  plebiscitario el 27 de septiembre con listas separadas pero con el objetivo común de la independencia. Parecía pues  imponerse el criterio de Junqueras. 

Poco más tarde, el 30 de marzo,  a través de lo que se ha dado en llamar la hoja de ruta,  se concretó el camino a través del cual conseguir el objetivo de la independencia. Esta hoja de ruta, acordada por CDC, ERC y por las asociaciones soberanistas establecía el carácter plebiscitario de las elecciones y un calendario de 18 meses para la proclamación de la independencia en caso de victoria de las fuerzas soberanistas. Sin embargo este acuerdo no logro atraer a UDC, quien ya venía expresando serias reservas en cuanto al cómo desde hacía tiempo ni tampoco a las CUP quienes discrepaban no tanto respecto a los objetivos sino en relación a  los compañeros de viaje, particularmente CDC.

Todo ello  quedó en en papel mojado tras el cambio de escenario político que se produjo en Cataluña tras la desaparición de CiU  como consecuencia  de la negativa de Unió Democrática de Cataluña a secundar el proceso en los términos establecidos por Mas y  por la conformación de una candidatura unitaria de la izquierda a imagen y semejanza de la exitosa Barcelona en Comú de Ada Colau.  Estos acontecimientos desbloquearon la posibilidad de una de lista unitaria  aunque lo hicieron en un sentido inesperado. 

Mas planteó la posibilidad de no ir en la lista, una idea a la que rápidamente se unieron Junqueras  y las CUP para no ser menos y que fue avalada por las asociaciones. Se pasaba así de una candidatura unitaria de partidos soberanistas con algunos destacados independientes de la sociedad civil a una lista sin  políticos en activo capitaneada por las asociaciones soberanistas, algo que dejaba a los líderes y a sus partidos en fuera de juego. El despropósito era tal y los interrogantes tantos que Mas amenazó  con  posponer las elecciones del 27 de septiembre si los políticos, y él en particular, no tenían cabida en esa lista y si no había un presidenciable claro, que naturalmente debía ser él.

El amago del presidente surtió efecto y CDC y ERC junto con las entidades soberanistas acordaron una lista con personalidades de la sociedad civil y con Mas como candidato a la presidencia de la Generalitat como número cuatro y con Junqueras como número 5 y también pactaron un gobierno de coalición con un reparto del 60% para CDC y el 40% para ERC.  Pero quedaba por desvelar quien ocuparía los primeros puestos y sobretodo quien encabezaría la lista.  La elección para este puesto de Raul Romeva, hasta hace poco dirigente de Iniciativa per Cataluña,  ha sido la jugada maestra con la que se pretende neutralizar el potencial efecto disgregador de la candidatura conjunta de las izquierdas.  Ciertamente las CUP siguen sin añadirse, por lo que la candidatura soberanista unitaria sigue incompleta.  Pero de lo que no cabe duda es que aunque ha tardado casi nueve meses Mas le ha ganado la partida a Junqueras.  Mas tiene su tabla de salvación. Lo que queda por ver es si efectivamente esa lista suma.

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