El impacto distributivo del bienestar fiscal

En la primera entrega de este artículo nos centramos en introducir el concepto de bienestar fiscal y en cuantificar qué volumen de gasto representa en España. En esta segunda entrega, abordaremos cuál es su impacto distributivo por decilas de renta declarada en el IRPF. El Gráfico 1 muestra ese impacto comparado para los niveles estatal y autonómico. Resulta patente que el gasto en bienestar fiscal a nivel estatal beneficia mucho más a las decilas superiores que a las medias e inferiores. Cabe añadir que esa tendencia se intensifica, como era de esperar, en el caso de las reducciones en la base imponible en comparación con las deducciones en la cuota, las cuales, sin embargo, se distribuyen también de forma mucho menos favorable para las decilas inferiores que para las superiores. Además, ese patrón se ha acentuado ligeramente entre 2008 y 2011.
image00
En el caso de las deducciones autonómicas, en cambio, la distribución favorece más a las decilas de rentas medias. En alguna medida ello se debe al diseño de las mismas, que en muchos casos establecen umbrales de renta a partir de los cuales no son aplicables. Aún así, puede observarse que las decilas inferiores siguen sin obtener beneficios proporcionales a su peso, y que los pocos que obtienen son muy inferiores a los de las decilas superiores.

No tenemos aquí espacio para un análisis más pormenorizado a nivel de Comunidades Autónomas. Baste decir, no obstante, que existe una apreciable variabilidad entre las mismas en la distribución del gasto en bienestar fiscal, como también entre deducciones específicas dentro de cada comunidad. A grandes rasgos, y aunque en ninguna comunidad las deducciones tienen un impacto global favorable a las rentas más bajas, los datos permiten diferenciar entre aquellas comunidades que concentran más el gasto en las decilas de renta media (Andalucía, Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Extremadura, La Rioja y Madrid) y las que lo dirigen primordialmente hacia las decilas más altas (Aragón, Canarias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, Murcia y la Comunidad Valenciana). Esta tendencia en la distribución de un creciente volumen de bienestar fiscal permite sospechar que algunos gobiernos autonómicos, de diferente color político, han utilizado en numerosas ocasiones las deducciones para beneficiar a los contribuyentes de rentas medias y altas.

A título de ejemplo, el 55% de la deducción por gastos escolares en la Comunidad de Madrid en 2011 acabó en manos de las decilas 9 y 10 (las más ricas), y ello en una comunidad que no destaca por seguir ese patrón en el conjunto de su gasto en bienestar fiscal. Otros casos llamativos son, por mencionar sólo algunos, las deducciones por adopción internacional, que en Baleares y Madrid se concentran en un 100% en la decila 10, y en Aragón y Asturias en las decilas 9 y 10; la deducción por donación de primera vivienda a descendientes en Canarias, también apropiada en un 100% por la decila 10; o las deducciones por ayuda doméstica en Andalucía y Extremadura, donde las decilas 9 y 10 se benefician de más del 71% del gasto.

Una panorámica más amplia puede quizá obtenerse observando los dos siguientes gráficos. En el Gráfico 2, se representa la dispersión de las CCAA en torno a dos medias: la de recursos en bienestar fiscal que se embolsan las dos decilas más ricas (eje vertical), y la de recursos que van a parar a las dos decilas más pobres (eje horizontal). El gráfico permite diferenciar a grosso modo tres tipos de CCAA: las que, como Castilla La Mancha o Aragón, han tratado relativamente mucho mejor a las rentas más altas que a las más bajas; las que, como Asturias, Madrid o Cataluña, han hecho lo inverso (siempre en relación a la media, pues el patrón proporcionalmente más favorable a las rentas más altas es general); y aquellas que, como Extremadura, Murcia o Andalucía, están por debajo de la media de recursos destinados hacia ambos grupos de contribuyentes. Notoriamente, ninguna comunidad se sitúa en el cuadrante superior derecho del gráfico, donde los recursos estarían por encima de la media tanto para los declarantes con rentas más altas como para aquellos con las más bajas.

image02

Finalmente, el Gráfico 3 nos permite comparar el gasto per cápita que las diferentes CCAA destinan a bienestar fiscal y a rentas mínimas de inserción. La comparación nos parece relevante por tratarse de dos políticas que son ambas competencia autonómica, con un gasto similar a nivel agregado (405 millones de euros en bienestar fiscal frente a 479 en rentas mínimas en 2011), y que tienen efectos distributivos opuestos, ya que las rentas mínimas son percibidas por los hogares con menos ingresos. Aunque no existe un patrón claro, nuevamente observamos que parece existir un cierto dilema entre destinar recursos a bienestar fiscal y a rentas mínimas, dado que no hay CCAA en la parte superior derecha del gráfico. Algunas CCAA como Asturias, Cantabria o Cataluña destacan por dedicar más recursos per cápita en rentas mínimas que en deducciones fiscales, mientras que otras como Canarias, Castilla y León, Madrid o la Comunidad Valenciana destacan por lo contrario.

image01

En resumen, los datos muestran que el gasto en beneficios fiscales de carácter social en el IRPF es muy elevado en España, y, aunque está concentrado en el nivel estatal, su reducción en los últimos años enmascara el notable crecimiento relativo que dicho gasto ha experimentado a nivel autonómico durante un período de crisis económica y contención presupuestaria. En general, los beneficios fiscales siguen un patrón distributivo que beneficia fundamentalmente a las decilas superiores y medias de renta, aunque con variaciones dependiendo del nivel de gobierno, del tipo de beneficio fiscal concreto de que se trate y de la comunidad autónoma. Este hecho, además de resultar muy problemático desde el punto de vista de la equidad, permanece mayormente oculto en el debate público y académico sobre el Estado del bienestar. Quizá lo uno tenga que ver con lo otro.

En este artículo también ha participado José Antonio Noguera, Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona

Autoría

4 Comentarios

  1. Luis Moreno
    Luis Moreno 09-14-2016

    Muy acertado y oportuno análisis…

  2. Adolfo
    Adolfo 09-14-2016

    En principio las deducciones se aplican en aquellos que pueden pagar impuestos (porque sus ingresos lo permiten) no se pueden aplicar deducciones a aquellos que no ganan lo suficiente para pagarlos y que son sujetos a ayudas y subsidios.

    con ese criterio resulta lógico que los que más ganan opten por las mayores deducciones, la política debería ahí buscar ( como mostráis que hacen vacías CCAA) que se concentre en las rentas medias lo más posible, en realidad el nombre del juego debería ser potenciar las rentas medias acercándolas lo más posible a los percentiles altos, eso sería un atractivo para que las rentas bajas aspiren en el tiempo a convertirse en medias.

  3. David M.
    David M. 09-14-2016

    Me ha gustado el artículo, es muy esclarecedor, de todas formas también sería muy interesante conocer el peso que soportan los deciles intermedios en comparación con las rentas altas y/o bajas, que a fin de cuentas son “los del medio” quienes han mantenido al Estado de Bienestar durante la crisis a base de freírles a impuestos y limitando las deducciones a las que tienen acceso. Gran trabajo en cualquier caso. Un saludo.

  4. munis
    munis 09-16-2016

    Me parece que sería muy interesante un estudio completo del Estado del Bienestar y a quién beneficia realmente. Por supuesto que sería un estudio más para un libro que para un artículo pues, además de datos como los publicados sobre las deducciones en el IRPF, tendría que tener en cuenta a quiénes beneficia la casi gratuidad de la enseñanza a todos los niveles, y muy especialmente los gastos universitarios, ya que los datos terminan confirmando que benefician más a las clases medias y altas y no a las más bajas, lo mismo en sanidad o en las jubilaciones, las clases medias y altas cobran una pensión mayor que no se puede justificar, o no sólo se puede justificar, por sus más elevadas cotizaciones pues sabemos que también tienen una esperanza de vida entre 5 y 10 años mayor que las clases bajas, es decir, lo cobran durante más tiempo por lo que al final reciben mucho más que lo cotizado en relación con las partes más pobres, que cobran menos y durante menos tiempo, también otras ayudas sociales desde los viajes del INSERSO a las becas ERASMUS, las subvenciones culturales, que sólo disfrutan finalmente colectivos con cierta educación que suele responder a ciertos niveles de ingreso, por ejemplo, el Teatro Real pero también otros, o los gastos sociales de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos, si no de todos por lo menos de los mayores y capitales de provincia.

    Sólo con un estudio exhaustivo se podría llegar a verdaderas conclusiones, aunque su inexistencia es signo de que las clases bajas no son las beneficiarias sino las perjudicadas por la existencia del tan exaltado Estado del Bienestar. En todo caso yo desconozco la existencia de tal estudio o de algo parecido, en caso de existir me gustaría que me informaran para conseguirlo.

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.