El gobierno del nuevo Gobierno

El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha publicado el Real Decreto 355/2018 de organización del nuevo Gobierno. He aquí un primer análisis sobre su estructura general y las novedades concretas en los ministerios:

  • Diecisiete departamentos no son tantos si se compara con otros países de la OCDE, pero quizá es un número alto considerando que no es un Gobierno de coalición y, sobre todo, que muchas competencias están descentralizadas. Por ejemplo, son 15 en Alemania, 13 en Bélgica y sólo siete en Suiza.
  • Desde el punto de vista de la coordinación, no parece que el nuevo Gobierno mejore al anterior. Al margen del menor perfil político y la inferior ‘expertise’ administrativa de la nueva vicepresidenta, Carmen Calvo, habrá más ministerios que coordinar y una obvia debilidad parlamentaria.
  • Presidencia recupera precisamente en el nombre la alusión a Relaciones con las Cortes. Allí estará también Igualdad como política transversal, lo que es un acierto, aunque más simbólico que real. A cambio, pierde la Política Territorial porque se crea nuevo ministerio.

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  • Política Territorial y Función Pública merece un  juicio positivo. Se vuelven a agrupar las funciones del viejo Ministerio de Administraciones Públicas, incluyendo al parecer Transparencia y con protagonismo añadido para gestionar el conflicto catalán. Sería mejor haberle llamado y de Administración Pública. Al fin y al cabo, no es un departamento sólo para la burocracia sino, en teoría, para toda la ciudadanía. Eso sí, no podrá hacer mucho por cambiar el muy mejorable modelo organizativo actual, pues muchos asuntos clave (por poner un ejemplo, la contratación pública) seguirán en Hacienda.
  • En Hacienda, que justo pierde Función Pública, no se modifica la decisión de Rajoy de separarla de Economía. Se trata de una novedad en gobiernos del PSOE, porque  González y Rodríguez Zapatero siempre tuvieron superministerios. Eso no quita que la inercia de su poder controlando el gasto sea enorme.
  • El nuevo nombre de Exteriores incluye Unión Europea. Desde 1981, no había Ministerio para Europa. Pero su capacidad coordinadora real en temas UE seguirá siendo limitada. En la Secretaría de Estado de Cooperación se mantiene la absurda alusión al Caribe junto a Iberoamérica.
  • Economía pierde las funciones de Industria, Comercio e Innovación, pero gana las de Sociedad Digital. Es un error que desaparezca del Consejo de Ministros la mención a la Agenda Digital. Se prefiere, en cambio, una alusión novedosa en su nombre a la empresa.
  • Industria, Comercio y Turismo se recupera como etiqueta ministerial para esas competencias. Es un departamento de retales y seguirá un poco desdibujado al perder ahora Energía y Agenda Digital. Quizá aquí sí podría haberse usado la etiqueta Ministerio de Empresa.
  • Transición Ecológica es un novedoso departamento que agrupará Energía con Medioambiente y Clima. Hay que elogiar su creación, aunque es una combinación que seguro resultará conflictiva. El nombre no es el más acertado. Hubiera sido mejor Transición energética.
  • Ciencia, Innovación y Universidades es el ministerio más joven del organigrama. Crearlo ha sido un acierto, aunque siempre seguirán las dudas sobre si es mejor gestionar estas competencias o bien junto a las de Educación o bien con el poder que en teoría otorga Economía.
  • Educación tiene la novedad de la afortunada mención a la Formación Profesional  en el nombre ministerial. Se le desgaja Cultura y Deporte. Al ser competencias muy descentralizadas, estas dos carteras podrían perfectamente seguir fusionadas.
  • Sin novedades organizativas relevantes en Justicia, Interior o Fomento. Y sólo las derivadas de perder algunas funciones en el caso de Agricultura y Pesca, que se queda sin Medioambiente, y de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, de donde sale Igualdad.
  • En Trabajo y Seguridad Social hay un positivo cambio de etiqueta (Trabajo es más amplio que Empleo) y, sobre todo, se recupera una acertada alusión a las Migraciones. Tampoco sería nada descabellado unirlo a Sanidad y Bienestar Social.
  • El juicio global es que el trabajo gubernamental no será fácil. La creación de nuevos ministerios y su elevado número (incluyendo las también muchas secretarías de Estado) apunta a una lógica de compartimentación. Por tanto, no habrá pauta colectiva de funcionamiento.
  • A eso se une la necesidad de adaptarse al nuevo organigrama, las esperables peleas interministeriales por competencias, las tensiones por no tener mayoría en el Congreso y el poco tiempo disponible, que incluso hará difícil que se generen alianzas y afinidades personales.
  • Por otro lado, al haber tantos departamentos se diluye el peso colegiado o individual de los/as ministros/as y gana peso el presidente. Visto el Gobierno, y pese a la brillantez de algunos nombres, no hay nadie que organizativamente le haga sombra a Pedro Sánchez.
  • El presidente del Gobierno tampoco parece que vaya a coordinar. Está por ver cómo funcionará su Oficina Económica, pero en el Gabinete (y la Secretaría de Estado de Comunicación) dominan periodistas y consultores electorales sobre conocedores de la Administración.
  • Por tanto, más que gestión gubernamental lo que puede esperarse es acción política acompañando el discurso del presidente cara a las elecciones. Es mucho menos previsible que se acometan los largamente ansiados cambios en la organización y modelo de la Administración.

Coda: En la reestructuración del Gobierno hay aspectos elogiables y otros no tanto (aunque comprensibles por las circunstancias). Sólo merece un juicio negativo lo relativo a la Seguridad Nacional, con la adscripción del Centro Nacional de Inteligencia a Defensa e inquietantes decisiones en el Departamento de Seguridad Nacional de Moncloa.

 

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