El “Gatopardo” Electoral Español

España celebrará hoy elecciones legislativas – justamente 6 meses después de las últimas generales. Como ya predije el día después de las de diciembre, los principales partidos (PP, Podemos, PSOE, Ciudadanos) fueron incapaces de formar gobierno, aunque algunos (principalmente los 2 últimos) lo intentaran hasta el final.

Desde entonces todos nos hacemos la siguiente pregunta: ¿perdemos el tiempo y malgastamos el dinero público con esta repetición electoral? A fin de dar una respuesta más o menos científica, examinaré aquí algunos precedentes históricos, no ya sólo en nuestro país, sino también en otras democracias de nuestro entorno.

1. Turquía: esperar lo inesperado.

Como en España, Turquía celebró en 2015 dos elecciones en menos de medio año. Las elecciones de junio dejaron al partido gobernante, el conservador AKP, muy cerca de la mayoría absoluta. Acompañaron en el parlamento a AKP otros tres partidos ideológicamente muy diferentes: el pro-kurdo HDP, el socialista CHP y el nacionalista MHP. Dada la incapacidad de éstos para formar gobierno, en noviembre se celebraron nuevas elecciones. AKP ganó nuevamente y formó su cuarto gobierno mayoritario desde 2002.

2. España: una historia no tan lejana de parálisis y quiebra

Para encontrar un precedente similar en nuestro país debemos remontarnos todo un siglo. Así, entre febrero de 1918 y diciembre de 1920 los españoles fueron llamados a las urnas cada año. Los paralelismos con la situación política actual son sorprendentes.

Las elecciones de 1918 también dejaron un parlamento fragmentado. Del mismo modo, esas elecciones pusieron fin al bipartidismo entre conservadores y liberales que había caracterizado buena parte de la Restauración. Igualmente, la formación de un gobierno estable resultó poco más que imposible.

A fin de acabar con la inestabilidad reinante en junio de 1919 se celebraron nuevas elecciones. La fragmentación parlamentaria aumentó y el gobierno conservador sólo fue capaz de gobernar en unidad nacional o –muy brevemente – en minoría.

Como ahora Mariano Rajoy, el líder conservador Eduardo Dato pensó que podría incrementar su apoyo con nuevas elecciones. Sin embargo el resultado electoral en diciembre de 1920 no logró cambiar el panorama, y aunque los conservadores incrementaron sus escaños, la fragmentación política y la inestabilidad gubernamental continuaron a la orden del día. Sólo tres años después el golpe de Primo de Rivera pondría fin a la democracia.

3. Votantes: sin tiempo para cambiar.

Junto a Turquía, entre 1848 y 2015 se celebraron 2 elecciones generales en seis meses (o menos) en otros siete países europeos: cuatro veces en Grecia, dos en Dinamarca, y una en Alemania, Irlanda, Moldavia, Portugal y el Reino Unido. En la mayoría la volatilidad electoral se redujo con la repetición electoral. Es más, y principalmente debido a la falta de suficiente tiempo entre elecciones, en 10 de 13 el porcentaje de electores que cambiaron sus preferencias no superó el 9 por ciento.

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4. Los partidos juegan al ajedrez

Del mismo modo, y con las excepciones de Alemania (1932), Moldavia (2010) y Grecia (2015), el número de partidos se redujo. Por si fuera poco en 7 elecciones de 13 la identidad de esos partidos resultó ser idéntica. En las otras 5 el número de nuevos partidos no llegó a 3.

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Conscientes de la gran estabilidad electoral y de las posibles celadas impuestas por el sistema electoral, los partidos – cual ajedrecistas – interarán maximizar su apoyo forjando alianzas que le permitan mejorar sus resultados. La reciente coalición entre Podemos e IU es prueba fehaciente.

5. Políticos: cambiar para seguir igual

Una mirada a los niveles de estabilidad en materia de formación de gobierno nos lleva a pensar que la continuidad es la norma: en 9 de 13 repeticiones electorales el ganador fue el mismo. Todavía más interesante, en caso de victoria gubernamental en las primeras elecciones, la oposición venció en la repetición (Dinamarca en 1953 o Moldavia en 2010). Cuando venció la oposición, volvió a repetir victoria (Reino Unido en 1974, Grecia en 2015). La únicas excepciones son Irlanda, dado el dominio de la Sociedad de los Irlandeses (CnaG) entre 1923 y 1932, y Portugal, donde siempre venció la oposición.

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5. ¿Qué podemos esperar hoy?

Aunque resulta ciertamente difícil predecir el futuro, un análisis histórico de la repetición de elecciones en Europa en el último siglo y medio puede ayudarnos a entender sucederá este domingo. Y la respuesta es: “no mucho”.

Primero, no se darán cambios importantes en las preferencias electorales. Más allá de culpar a uno u otro partido por impedir la formación de gobierno, los votantes no tienen razones suficientes para cambiar su voto. Segundo, un cambio en el número e identidad de los principales partidos en aún menos probable. El sistema de partidos seguirá representado por cuatro fuerzas políticas. La distribución de tales fuerzas en dos bloques, uno a derecha (PP y Ciudadanos) y otro a izquierda (PSOE y la coalición Podemos-IU), dependerá del famoso “sorpasso”. Finalmente, y teniendo en cuenta el caso turco y el hecho de que si el partido del gobierno ha estado sólo una legislatura retendrá el poder, una victoria de la oposición resultaría verdaderamente sorprendente.

Teniendo en cuenta que en 168 años de historia democrática europea sólo 6 países (Dinamarca, Grecia, Irlanda, Moldavia, España y Reino Unido) han celebrado 3 elecciones en 3 años, la celebración de unas nuevas elecciones en 2017 es ciertamente improbable. Por eso pienso que esta vez sí habrá nuevo gobierno. Cuánto tardará en formarse o quién lo liderará ya es otro cantar.

Nota: Una primera versión se publicó en inglés bajo el título “Seis meses después de las últimas elecciones, España repite” en The Monkey Cage en The Washington Post el 22 de junio de 2016.

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