El futuro del euro: Sánchez y Macron frente a la Liga Hanseática

De la visita oficial de Emmanuel Macron a la Moncloa el pasado viernes para encontrarse con Pedro Sánchez se ha destacado su brevedad (parece que no se vieron más de media hora), sus acuerdos en materia de inmigración, las respuestas de Sánchez en rueda de prensa sobre asuntos domésticos (Corinna y su viaje a Benicàssim) y que Francia entregará el material que tiene sobre ETA a España; pero quizás lo más importante del encuentro fue la declaración conjunta que firmaron los dos sobre las reformas en la gobernanza del euro.

La que se podría llamar como la Declaración de Madrid se puede encontrar aquí y vale la pena leerla; por dos razones en concreto. En primer lugar, porque es mucho más ambiciosa que la Declaración de Meseberg firmada por Merkel y Macron y, en segundo lugar, porque es una visión totalmente opuesta a la que defienden los 12 países que forman la denominada Liga Hanseática, capitaneada por los Países Bajos y que incluye también a Austria, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Irlanda, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta y Suecia. Estos países pequeños se resisten con uñas y dientes a una mayor integración fiscal en la zona euro bajo la lógica de que eso desincentivaría las reformas estructurales a nivel nacional y, por lo tanto, haría la Unión todavía más débil.

Frente a esa visión centrada exclusivamente en la responsabilidad individual, Sánchez y Macron proponen una mayor integración que combine la responsabilidad con la solidaridad del y para el grupo; y aquí hay que darle la enhorabuena al equipo económico de Sánchez que, según tengo entendido, ha hecho un gran trabajo de persuasión con sus homólogos franceses para poner negro sobre blanco algunas de las frases clave que paso a analizar a continuación.

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La primera que destacar del texto es que Sánchez y Macron “comparten la visión común de que la Unión Económica y Monetaria es más que una zona monetaria única. Es la clave de bóveda de un proyecto político cuyo objetivo es acercar a los países miembros desde una perspectiva económica y social.”

Esto último va en línea con lo que he venido argumentando en los últimos años, y que está resumido por primera vez en español en el capítulo sobre la Unión Monetaria que se encuentra en el informe sobre el futuro de la UE que acabamos de publicar en el Real Instituto Elcano. Ahí escribo que “ser parte de una unión monetaria tiene enormes implicaciones políticas, sociales y hasta culturales, que van más allá de lo estrictamente económico.”

Acto seguido, Macron y Sánchez piden la puesta en marcha cuanto antes del respaldo fiscal para la Unión Bancaria y señalan que “los procesos de toma de decisiones deben ser efectivos, creíbles y rápidos para adaptarse a los tiempos de una resolución.” Además, señalan que “deben intensificarse los trabajos en el Esquema Europeo de Seguro de Depósito (EDIS, por sus siglas en inglés), que proporcionará protección europea completa a los ahorros de los ciudadanos. A este respecto, deberá acordarse una hoja de ruta en la próxima Cumbre Euro de diciembre de 2018.”

Esto no está en la Declaración, pero en la hoja de ruta al EDIS sería importante indicar cuáles son los umbrales de reducción de riesgos establecidos, para cumplirlos y así conseguir la garantía de depósitos única. Es importante, además, que esos umbrales no se cambien en el camino. Los países nórdicos tienen cierta tendencia a hacerlo, lo que demuestra poca seriedad y compromiso.

El siguiente tema que se aborda en la declaración es la necesidad de “reformar el MEDE (Mecanismo de Estabilidad Europea), desarrollando sus instrumentos precautorios y reforzando sus capacidades de análisis. Para ello, ambos líderes apoyan su integración en el marco de la UE a su debido tiempo, con pleno respeto a las competencias de la Comisión”. Aquí hay que decir que es un triunfo para el Gobierno español que el francés esté a favor de meter el MEDE en el marco comunitario (más que nada porque Francia tiene poder de veto ahora mismo y España no), pero ese a su debido tiempo es un añadido que no me gusta.

También se dice que “en el corto plazo, los instrumentos precautorios existentes deben revisarse para asegurar que el MEDE está preparado para dar una respuesta ágil cuando sea necesario para hacer frente a necesidades de liquidez, con mecanismos de despliegue basados en condicionalidad ex-ante”. Esta última frase es importante: nos dice que España y Francia ven el MEDE como fuente de liquidez en un momento de aprieto de un país soberano. Además, esa liquidez no implica un programa de rescate y está condicionada ex-ante. Es decir, si cumples con los déficits, recibirás liquidez; si no, no.

Esto último es parecido a lo que planteamos los 22 expertos españoles sobre el euro en nuestro manifiesto, pero nosotros decimos que esa liquidez condicionada ex ante la tendría que proporcionar el Banco Central Europeo (BCE). ¿Por qué? Para no tener que depender del del Bundestag, que ahora mismo tiene poder de veto en el MEDE. Otra cosa es que ese poder de veto desaparezca en el futuro. Aun así, creo que nuestra fórmula es mejor porque, aunque haya algún día en el MEDE toma de decisiones por mayoría cualificada, es muy probable que muchos gobiernos tengan que contar con la aprobación de sus parlamentos. Ése es un requerimiento legítimo cuando se aportan fondos públicos, pero en un momento de crisis, y si el país en cuestión ha cumplido con las condiciones ex-ante, el BCE, como institución federal, puede actuar de una manera más ágil y efectiva.

Seguimos con la declaración. La siguiente es seguro la frase más ambiciosa del texto. Macron y Sánchez piden “establecer desde 2021 un Presupuesto central para la ‘zona euro’ para promover la competitividad, la convergencia y la estabilización, con plena rendición de cuentas democrática“. Esto también va en línea con nuestro manifiesto, pero queda por saber cómo será esa rendición de cuentas. ¿Se hará a nivel europeo, como proponemos nosotros, o a nivel nacional, como insisten muchos países del norte?

Una mayor concreción no aparece en la Declaración, seguramente porque es un tema sensible y todavía no hay consenso, pero es importante que esa rendición de cuentas democrática se haga a nivel europeo y por representantes de la ciudadanía legitimados para hacerlo. En el manifiesto de los 22 proponemos, por ejemplo, una comisión del euro en el Parlamento Europeo. Aquí se podría discutir si esa comisión debería estar formada sólo por diputados de los países de la zona euro que formen parte del Parlamento Europeo, o también por los presidentes de las comisiones de Presupuestos de los parlamentos nacionales.

Lo interesante es que Macron y Sánchez piensan que los recursos del Presupuesto de la zona euro “podrán venir de contribuciones nacionales, asignación de ingresos tributarios, nuevos recursos europeos e importes equivalentes a los beneficios del Banco Central Europeo”. Esto último es significativo. Estamos leyendo que el Jefe de Estado francés y el Jefe de Gobierno español abren la puerta a la introducción de “impuestos europeos”. Sobre este tema recomiendo este trabajo de Miguel Poiares Maduro.

A mayores, Sánchez y Macron declaran que “la estabilización (de la zona euro) puede proveerse a través de un fondo de seguro de desempleo”. Y “se comprometen a trabajar con sus socios en propuestas conjuntas para el desarrollo de estos instrumentos.” Con relación a un seguro de desempleo europeo se abre una ventana de oportunidad. El ex ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, siempre se opuso, pero el nuevo, Olaf Scholz, lo ve como algo factible. Ojalá se pongan propuestas sobre la mesa como ésta coordinada por los eurodiputados Jonás Fernández y Jakob con Weizsäcker.

Y ahora llega la bomba de la declaración: “Ambos países consideran que, en última instancia, una eurozona completa, estable y próspera necesitará un Presupuesto común, un Tesoro europeo con capacidad de endeudamiento común, una fuerte supervisión política y plena rendición de cuentas democrática”. Esto creo que es histórico. No recuerdo una declaración tan contundente -negro sobre blanco- de líderes políticos europeos sobre la necesitad de una unión política para la zona euro desde Helmut Kohl.

Lógicamente, aquí hay que saber qué se entiende por supervisión política. Lo escrito es suficientemente vago para que se entienda de forma federal (la interpretación española) o intergubernamental (la perspectiva histórica francesa). ¿La supervisión política vendrá de Bruselas o de París, del Parlamento Europeo o de los parlamentos nacionales? En cualquier caso, “en diciembre, los líderes europeos deben aprovechar la oportunidad para acordar un paquete amplio de reformas que represente un paso decisivo para completar la arquitectura del área euro. El reforzamiento de la UEM no puede esperar”. En eso hay un amplio consenso en España. Por lo tanto, ¡hay trabajo por delante!

Ese trabajo debe incluir necesariamente lo social (en línea con la primera frase destacada de la Declaración, la moneda única va más allá de lo económico). Así, “España y Francia apoyan también el desarrollo de la dimensión social en la UEM, sobre la base del Pilar Europeo de Derechos Sociales”. Pero lo importante es conseguir aliados para la agenda aquí propuesta y ahora mismo los números no llegan. De los 12 países que integran la Liga Hanseática, 10 están en el euro. Eso quiere decir que Francia y España tienen que hacer lo posible por contar con el apoyo de Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Grecia e Italia. Sólo siete países, aunque también es verdad que entre ellos están la segunda, tercera y cuarta economías de la ‘zona euro’. Si al final se consigue ese bloque mediterráneo, todo dependerá de Merkel, como siempre (aunque al final me da que la decisión de ésta dependerá de cómo se comporte Salvini hasta diciembre).

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