El ‘Brexit’, más de cerca

La mayor parte de los estudios económicos sobre el Brexit se han conducido a nivel macro. De igual modo, los análisis de politólogos y expertos en Derecho se están centrando casi exclusivamente en las decisiones a nivel nacional o en el proceso de negociación del Gobierno del Reino Unido con la Unión Europea. Sin embargo, para entender mejor los resultados del referéndum de junio de 2016, así como cuáles son las consecuencias probables de una salida de la UE, es necesario no sólo analizar las grandes tendencias macroeconómicas y los discursos provenientes de Westminster (y Bruselas), sino también hacer un esfuerzo por observar más de cerca lo que el ‘Brexit’ significa para los ciudadanos.

Con el proyecto ‘Debating Brexit at Local Level: a mixed methods comparative study’, que coordino en la London School of Economics (LSE), estamos aportando precisamente un nuevo ángulo más micro y contextualizando las predicciones de otros estudios a nivel local.  Basándonos en criterios socio-económicos y políticos de representatividad, hemos seleccionado y analizado cinco áreas del Reino Unido: Barnet, Ceredigion, MansfieldPendle y Southampton. Los primeros resultados,  publicados recientemente, ayudan a comprender la variedad de razones que explican el voto euroescéptico y los problemas que el Brexit puede generar (y que en parte ya está generando) en las diferentes zonas.

Explicando el voto

Muchos de los expertos y ciudadanos entrevistados expresan que ha sido el sentimiento bastante generalizado de haber sido abandonados o dejados atrás (‘left-behind’) el que ha provocado en muchas zonas obreras y del interior el voto euroescéptico. Estos ciudadanos sintieron que sus preocupaciones no eran escuchadas o tenidas en cuenta por los dirigentes políticos y que la globalización, que en cierta medida es lo que la UE representa para ellos, no les beneficia. Perciben que con el Brexit recuperarían parte de la soberanía perdida y el control de su futuro (take back control).

Aunque los euroescépticos tienden a referirse a la inmigración como motivación fundamental, ésta no parece ser un predictor claro del voto leave. De hecho, las dos zonas estudiadas con mayor voto euroescéptico, Mansfield y Pendle, tienen un porcentaje de población inmigrante inferior a la media del Reino Unido. Hay que distinguir entre inmigración (real) y las percepciones sobre ella que puedan tener los ciudadanos y que sí que parecen influir el voto.

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Las identidades colectivas parecen también desempeñar un importante papel. En parte, la inmigración y la globalización se ven como amenazas a la identidad, y muchos analistas asocian el euroescepticismo al nacionalismo inglés. En Ceredigion (Gales), observamos que el voto remain estaba correlacionado con el sentimiento nacionalista galés.

Finalmente, hay que destacar que los factores estructurales económicos y geográficos también son necesarios para comprender los resultados del referéndum. Por ejemplo, en Southampton se piensa que, gracias a su importantísimo puerto, la ciudad podría evitar muchos de los efectos negativos del Brexit. En Mansfield y Pendle, áreas mal comunicadas que han sufrido una reconversión industrial tras el abandono de la minería e industria textil, se han expandido modelos de negocio basados en la mano de obra poco cualificada y suelo barato. Muchos perciben el Brexit como una oportunidad para romper esa inercia económica.

Impactos

Una de los principales resultados de nuestra investigación ha sido constatar que el ‘Brexit’ generará unos impactos muy asimétricos a lo largo del Reino Unido. La mayoría de los estudios económicos, como los que ha coordinado el Centre for Economic Performance de la London School of Economics (LSE), predicen la salida de la Union Europea será globalmente negativa, y más aún si se produce un Brexit duro. Pero, en cualquiera de los escenarios contemplados, parece que algunas regiones y localidades sufrirán bastante más que otras. Otro estudio económico, coordinado por la Universidad de Birmingham, estima que el Reino Unido y sus regiones están muchísimo más expuestas (unas 4,6 veces más) a los riesgos comerciales asociados al Brexit que las regiones del resto de la UE (a excepción de Irlanda). De acuerdo con este estudio, la vulnerabilidad de ciertas regiones del centro y norte de Inglaterra sería aún mayor. Por ejemplo, un 15% del Producto Interior Bruto del condado de Lancashire, donde se encuentra Pendle, se podría ver afectado.  

Parte de esta asimetría se debe a que la disrupción en los flujos de importaciones y exportaciones afectará en especial a sectores con cadenas logísticas complejas, como los de la industria aeronáutica o del automóvil, que requieren componentes de otros países de Europa y luego exportan parte de su producción al continente. Airbus, que emplea a 14.000 personas en el Reino Unido, ha advertido que podría sacar toda su actividad del Reino Unido si no hay un acuerdo transitorio para el Brexit. Rolls Royce, uno de los mayores empleadores en Pendle, también anunció que considerará re-localizar parte de la actividad si el acuerdo con la UE no es satisfactorio. La Asociación de Fabricantes y Comerciantes del Automóvil del Reino Unido (SMMT), sector que emplea a unas 300.000 personas, ya ha avisado varias veces de los riesgos del Brexit. Algunos estudios estiman que la producción automovilística podría caer en torno a un 12% y los costes para el consumidor británico subir un 2,55%. En ciertas áreas, como Sunderland, donde la fábrica de Nissan emplea a cerca de 8.000 personas directamente y a unas 10.000 indirectamente, el Brexit podría tener nefastas consecuencias. La marca nipona ya ha informado en repetidas ocasiones del riesgo que supone para su viabilidad.

Las dificultades para conseguir mano de obra cualificada es otro de los problemas que se espera que agrave el Brexit y se encontró en todas las zonas estudiadas, tanto las que votaron salir de la UE como seguir. Por ejemplo, en Pendle y Mansfield se prevén problemas para encontrar trabajadores para las empresas de ingeniería, muchos de cuyos empleados son europeos. Ya se advirtió de que la falta de personal en el sistema de sanidad público, NHS, será uno de los mayores impactos en los estudios en Barnet y Southampton, ambas con hospitales importantes.

Las dificultades para reclutar y retener profesorado surgió en el trabajo de campo en Ceredigion y Southampton, cada una de las cuales alberga dos universidades. El sector educativo parece especialmente reticente al Brexit. Profesores y gestores de universidades están preocupados por que las limitaciones al movimiento de profesores y estudiantes afecten a la calidad educativa y reduzcan el atractivo de sus instituciones para atraer tanto a unos como a otros. Este problema puede ser particularmente importante en el caso de las universidades que, como la de Aberystwyth (Ceredigion), están localizadas en zonas de baja densidad de población y carecen de una posición muy destacada en los rankings. En la citada Universidad, el 15% de los estudiantes proviene de otros países de la UE. Con el Brexit, estos estudiantes pasarían a pagar tasas internacionales, mucho más altas que las domésticas (home/EU fees) que se pagan hoy, y probablemente tendrían que cumplir con los requisitos legales para vivir en el Reino Unido. Informes internos de universidades como la de Aberystwyth o la de Southampton muestran los riesgos financieros que el Brexit les está generando.

Investigadores universitarios y empresarios del sector tecnológico denuncian que la pérdida de fondos de I+D provenientes de la Unión Europea, como los del programa Horizon 2020, es ya una realidad. Hay fondos para proyectos de larga duración que no se están renovando y muchas instituciones británicas están dejando de competir por nuevos al estar convencidas de que serán descartados o que los proyectos se cancelarían en el momento en que se saliese de la UE. Aunque las autoridades británicas anuncian que los fondos perdidos serán compensados con fondos de investigación nacionales, estas fuentes alternativas no se han materializado y no hay mucha visibilidad sobre ellas.

Un problema similar se observa en los fondos estructurales y de inversión europeos. Existen muchos programas, como el North Nottinghamshire Leader Programme, que se financia gracias a fondos Feader de la UE, que apoyan a pequeños empresarios cuya viabilidad está amenazada. Éstos han contribuido en gran medida a la regeneración de áreas como Mansfield tras la dura reconversión industrial. Además, existen dudas sobre la capacidad del Gobierno central para poner en marcha políticas regionales y locales efectivas y coherentes; en parte por la supresión de las agencias de Desarrollo Regional (RDAs) y su sustitución por las Local Enterprise Partnerships (LEPs), pero también por la devolución de competencias a grandes urbes, que ha generado una implantación geográfica asimétrica y la superposición de funciones y responsabilidades. Además, se duda de la capacidad de las autoridades locales de influir en estas políticas, dado que no sólo han sido en gran medida excluidas de la gestión y control de las ayudas al desarrollo de la UE, sino que además, debido a la tradición centralista del Reino Unido, tienen poca libertad presupuestaria.  

Finalmente, otro de los impactos del Brexit que merece la pena analizar es el que se refiere a las ayudas a la agricultura y ganadería. A pesar de que la Política Agraria Común provee a los agricultores y granjeros británicos de muchos subsidios directos, muchos de ellos apoyan la salida de la UE, fundamentalmente con la esperanza de que se elimine parte de la regulación de seguridad alimentaria que ha impuesto Bruselas y que ellos consideran innecesariamente burocrática. Por ejemplo, en Ceredigion los granjeros galeses se quejan de la política de identificación electrónica de sus ovejas. También argumentan que la reducción de exportaciones de cordero a la UE pudiera compensarse con mayores ventas a otros países con los que el Gobierno podría establecer nuevos acuerdos bilaterales. Sin embargo, los sindicatos de granjeros y agricultores británicos son en general más pesimistas. Temen que el tiempo necesario para la sustitución de exportaciones pueda tener consecuencias catastróficas para el sector. Además, apuntan que se puede abrir un periodo caótico de transición regulatoria, y que el cálculo de nuevas cuotas para las subvenciones agrarias pueda generar frustración y sorpresas, generando nuevos ganadores y perdedores.

¿Y de ahora qué?

Debido a las turbulencias políticas en el Reino Unido y al crecimiento de la campaña People’s Vote para un segundo referéndum, es difícil hacer predicciones sobre lo que va a pasar exactamente. Sin embargo, es posible extraer algunas conclusiones de nuestro estudio.

  • La actual incertidumbre no sólo afecta negativamente a la economía, sino también a la gobernanza. Los planes para sustituir inversiones, mercados y regulación, tan necesarios para mitigar los riesgos apuntados anteriormente, no parecen ver la luz. Empresarios y ciudadanos parecen esperar respuestas y planes de contingencia de los gobiernos locales, pero éstos esperan que Westminster les aclare antes el escenario o escenarios más plausibles de salida (o permanencia) en Europa.
  • Independientemente de si se produce la salida de Reino Unido de la UE, o de cómo, en Londres y Bruselas los gobernantes y políticos debieran preocuparse un poco más por las realidades y necesidades específicas de los ciudadanos que viven más alejados de los núcleos de poder político y económico. El empoderamiento a nivel local y regional ayudaría a reducir algunas de las frustraciones observadas.
  • Muchos de los problemas que se han ‘empleado’ para justificar el voto ‘leave’ se verían en realidad amplificados con el ‘Brexit’. Los aspectos emocionales se han antepuesto a las predicciones económicas. Además, hay un gran desconocimiento de muchos de los beneficios que ha aportado la UE. La mayoría de los ciudadanos no está prestando atención a los datos proporcionados por la investigación científica. Esto se debe, en buena parte, a la importante desconfianza en los expertos, que son también acusados de ignorar a los ciudadanos de a pie y de comunicarse sólo con las élites. Si queremos que los ciudadanos y políticos basen sus preferencias y decisiones en la evidencia empírica es necesario que, como investigadores, salgamos de nuestra burbuja y establezcamos con ellos un diálogo más fluido y directo.

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