La barrera de la alcaldía para las mujeres

Es innegable que en 39 años de procesos electorales se ha avanzado, y mucho, en lo que a presencia femenina en las Cortes Generales se refiere; y es que desde que, en 2007, la Ley para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres obligase a los partidos políticos a presentar listas electorales que respetasen el equilibrio de sexos (60%-40%) en tramos de cinco, parece que se ha ido rompiendo la barrera de una cooptación patriarcal que favorecía la presencia de hombres en detrimento de las mujeres.

Sin embargo, no debemos olvidar que las mujeres constituyen más del 50% de la población española y su representación política dista todavía de alcanzar esa proporción.

La Ley ha podido derribar los techos de cristal en la configuración de las listas electorales, pero este empuje no se ha trasladado a otros espacios públicos sobre los que ésta no actúa.

Es sintomático que esa presencia de mujeres (del 41,14%) que encontramos en el Congreso disminuya hasta un 35,7% en la composición del Gobierno, donde nos encontramos con cinco mujeres frente a nueve hombres, o que la brecha se ensanche aún más cuando buscamos entre altos cargos, donde la presencia femenina es tan sólo del 28,46%.

Pero si hay un dato especialmente llamativo es el referido a las mujeres al frente de un ayuntamiento en España, donde ni siquiera llegan a ocupar dos de cada 10 alcaldías.

Fuente: Instituto de la Mujer, Congreso, Senado

De todo ello podemos concluir que la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres es necesaria, pero no suficiente, para garantizar la paridad en la representación política de las primeras, y que aún queda un largo camino por recorrer para que el principio de presencia equilibrada sea efectivo en todos los ámbitos políticos.

Necesitamos que los espacios de decisión política no sean espacios limitados a la presencia de las mujeres, desterrando prácticas, actitudes y estereotipos de género discriminatorios tan presentes aún hoy.

No obstante, no basta con presencia cuantitativa, sino que se trata de que nuestra voz se oiga en todas y cada una de las esferas y pensar el poder de otra manera, como sugiere Mary Beard en Mujeres y Poder: “Pensar en el poder como un atributo o incluso un verbo (empoderar), no como una propiedad”.

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