Donald Trump y Xi Jinping: deconstruyendo la forma y el fondo

El presidente de Estados Unidos Donald Trump se reúne con el presidente de China Xi Jinping el 6 y 7 de abril. En esta nota analizamos tanto la forma como el fondo del encuentro, pues creemos que para un presidente de EE.UU. tan mediático como el actual ambos son importantes para entender los objetivos y anticipar algunos de los resultados.

En relación a la forma, hay al menos dos aspectos relevantes: la fecha de la reunión y el lugar.

El encuentro bilateral ocurre antes de lo habitual. Los anteriores presidentes de EE.UU., con algunas excepciones puntuales, prefirieron no acelerar la reunión con su contraparte china.

El haber elegido una fecha tan temprana para un encuentro tan relevante podría indicar que el principal objetivo Trump no es plantear propuestas concretas sino conocer de cerca a quien será su contraparte más importante durante su mandato.

Esto le permitiría ganar tiempo y recopilar información sobre la visión de Xi Jinping en relación a los principales temas en la agenda de ambos países y el papel de China en el escenario internacional.

Un planteamiento diferente, enfocado en propuestas concretas, en particular en cuanto a política comercial, tendría alto riesgo para Trump: algunos analistas consideran que la nueva administración no llega lo suficientemente preparada, con una estrategia para Asia todavía en fase de definición.

El lugar escogido también es significativo: la reunión tendrá lugar en el club Mar-a-Lago en Palm Beach (Florida), un lugar sin la formalidad de Washington o Camp David, los lugares tradicionalmente utilizados para estos encuentros.

El hecho de que la reunión tenga lugar en Mar-a-Lago otorga al encuentro un carácter personal que invita a pensar en un interés por parte de Donald Trump en crear un vínculo personal con el presidente de China. Es importante destacar también que Xi Jinping va a ser uno de los primeros mandatarios en visitarlo, tan solo por detrás del primer ministro japonés Shinzo Abe.Esto refuerza el carácter personal que Trump podría querer imprimir a la reunión.

Por último, el hecho de que Xi Jinping haya aceptado una reunión con Donald Trump en Florida, sin una cumbre internacional con la que combinarla y en un contexto de duros mensajes públicos hacia China, presenta un riesgo que el presidente chino ha decidido asumir, mostrando su intención de entablar una relación constructiva con EE.UU. en esta nueva etapa.

En conclusión, la forma del encuentro hace prever una reunión constructiva entre ambos mandatarios.

Respecto al fondo, la reunión la marcarán dos temas, uno político y otro económico.

Corea del Norte es uno de los principales focos de inestabilidad no solo en la región sino globalmente. La dificultad para predecir el comportamiento de su líder Kim Jing Un y el posible uso de su arsenal nuclear son una gran fuente de preocupación en EE.UU además de Corea y Japón, sus principales aliados en la región. En los últimos meses, el régimen de Pyongyang ha llevado a cabo tres lanzamientos de misiles –el último ayer– y se ha visto envuelto en el supuesto asesinato del hermano del actual líder en Malasia.

Tras el segundo ensayo en marzo, Trump tomó la decisión más trascendental en cuanto a política internacional desde su llegada a la presidencia: el inicio de la instalación del sistema de protección antimisiles Thermal High Altitude Area Device (THAAD) en Corea del Sur, diseñado para proteger a este país y a Japón de un ataque de misiles de Corea del Norte.

Con esta decisión, Trump ha enviado un mensaje claro: su intención de responder con mayor dureza que la anterior administración a la amenaza que representa Corea del Norte.

El inicio de la instalación del THAAD obtuvo una respuesta contundente de China, que ve este sistema como una amenaza para su propio sistema de defensa. De hecho, la medida ha supuesto una de la mayores crisis entre dos países de la región –China y Corea del Sur– en tiempos recientes, demostrada a través de la imposición por parte de China de diversas medidas económicas que pueden tener un gran impacto en Corea. Es interesante observar que China no ha tomado ninguna decisión en contra de EE.UU. respecto a este tema.

Pese a esta reacción de China en contra de Corea del Sur, en el contexto actual Xi Jinping va a encontrar pocas excusas para no comprometerse a una respuesta más contundente frente al peligro que representa Corea del Norte. Hay un consenso internacional en cuanto al riesgo que implica no tomar decisiones que muestren al régimen norcoreano la necesidad de restringir su estrategia armamentística. Siendo China el destino del 90% de las exportaciones norcoreanas y su principal –si no única– fuente de divisas, es evidente que China puede jugar un papel fundamental.

Aquí podría encontrarse uno de los logros más relevantes de Trump: un compromiso por parte de Xi Jinping para colaborar en imponer sanciones de mayor calado a Corea del Norte, en forma de sanciones económicas y de presión política para mitigar el riesgo de conflicto militar en la región.

El segundo gran tema de la reunión será la relación comercial bilateral. Bajo el lema America First, Donald Trump ha dejado clara su intención de frenar el déficit comercial de EE.UU. Si bien tras las elecciones sus declaraciones han eliminado referencias específicas a China y el reciente estudio encargado para analizar el déficit comercial no menciona a este país de forma concreta, en días recientes, y a través de Twitter, el presidente ha informado de su intención de ser duro en las negociaciones con la que quiere plantear la reunión en relación al déficit comercial que Estados Unidos soporta con China.

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Sin embargo, la política comercial de EE.UU. está todavía en proceso de definición. A los anuncios de medidas proteccionistas urgentes, les ha seguido el pragmatismo y las presiones de aquellas empresas para las que China constituye una parte fundamental de su cadena de producción o es uno de sus principales mercados. Las divisiones entre los miembros de la administración continúan, con dos bandos muy marcados y representados por los partidarios de una política comercial internacional Gary Cohn (Asesor Económico Principal del Presidente y director del Consejo Económico Nacional) y Steve Mnuchin (Secretario del Tesoro) y los proteccionistas Steve Bannon (Asistente del Presidente y Jefe de Estrategia de la Casa Blanca) y Peter Navarro (director del Consejo Nacional de Comercio).

La existente división en la administración Trump y la disponibilidad de Xi JinPing para apoyar medidas que faciliten a Trump exhibir como una victoria su potencial podría facilitar un escenario en el que el debate sobre posibles barreras comerciales se torne en uno donde se hable tanto de comercio como de inversión internacional. Por ejemplo, escenarios bajo los que se acuerde explorar a futuro medidas concretas destinadas a favorecer la inversión bilateral son factibles. Esto sería un gran logro para Trump y es un área en la que Beijing todavía tiene margen de actuación, debido a las significativas restricciones que las compañías norteamericanas siguen encontrando en China.

Como conclusión, la relevancia de este encuentro exige un análisis tanto de la forma como del contenido.

El conjunto de ambos nos lleva a ser moderadamente optimistas sobre el resultado del encuentro, algo que analizando únicamente el contenido de la agenda parecería un escenario de baja probabilidad.

Como se ha mencionado, la forma envía mensajes importantes sobre la disposición de Trump a establecer una buena relación con Xi Jinping y la intención de este último de encontrar áreas de diálogo con el nuevo presidente norteamericano que permitan a ambos dirigentes progresar en sus agendas políticas y económicas.

El fondo contiene dos temas de gran calado sobre los que ambos líderes tienen por el momento una flexibilidad limitada pero sobre los que podrían estar dispuestos a colaborar; en particular, un compromiso de China para reducir el riesgo representado por Corea del Norte y un acuerdo para explorar a futuro medidas para favorecer la inversión internacional (en lugar de únicamente enfocarse en las exportaciones e importaciones), son posibles resultados de la reunión. Este escenario permitiría a Trump cumplir con sus promesas electorales y a Xi Jinping continuar fortaleciendo su perfil internacional, algo que considera muy relevante de cara a al congreso del Partido Comunista de China en octubre.

En definitiva, un encuentro importante que podría marcar el desarrollo de las relaciones bilaterales a futuro la evolución del contexto político y económico internacional durante los próximos años.

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