Desmontando la falacia de la igualdad en las universidades

La universidad constituye el ejemplo paradigmático de la falacia de la igualdad, como demuestran los casos de acoso sexual y por razón de género que afectan a mujeres de todos los colectivos de la comunidad universitaria. La potencia de tal falacia reside principalmente en la supuesta neutralidad del conocimiento científico y el acceso aparentemente meritocrático a la carrera científica, un imaginario que no encuentra soporte empírico. A pesar de que, a nivel agregado, las mujeres son mayoría entre el alumnado de grado y representan una proporción similar a los hombres entre el alumnado de doctorado, la evolución de la carrera académica de unos y de otras presenta la forma de un gráfico de tijeras (Gráfico 1). Las mujeres constituyen casi la mitad del profesorado ayudante o contratado doctor (aunque se observan diferencias importantes entre las diferentes disciplinas académicas) pero su probabilidad de acceder a la titularidad y especialmente a la cátedra son ostensiblemente menores.

Numerosos estudios nacionales e internacionales demuestran que en la evaluación de méritos, capacidad y desempeño profesional subyacen diferentes sesgos de género. A misma edad, antigüedad como doctores y productividad académica, las profesoras titulares tienen una probabilidad 2.5 veces inferior que los hombres de ser promocionadas a catedráticas – si tienen hijos/as la probabilidad es 4 veces inferior. Asimismo, las mujeres obtienen peor valoración de sus méritos que los hombres cuando en el CV aparece el nombre completo frente a cuando sólo consta la inicial (véase el Libro Blanco elaborado por la Unidad de Mujeres y Ciencia, pp. 12-14). El sesgo de género afecta también el volumen de citaciones recibidas, lo que determina el impacto de las publicaciones – los hombres recurren con mayor frecuencia a la auto-citación y sus trabajos tienden a incorporar referencias mayoritariamente de otros autores (Hakanson 2005; Mansbridge, 2013; Maliniak et al., 2013; Lake, 2013).

Estas dinámicas transmiten al alumnado la idea que la autoridad científica es básicamente masculina. Hay menos profesoras, los hombres copan las categorías más prestigiosas de la carrera profesional (así como los cargos de mayor responsabilidad en departamentos, facultades y órganos de gobierno universitarios) y los planes docentes incluyen escasas referencias de autoras. El resultado es que las mujeres son peor valoradas no sólo como científicas sino también como profesoras (Marcotte, 2014; Martin, 2013). La invisibilización de las mujeres y sus contribuciones, que se extiende a lo largo y ancho de un currículum educativo fundamentalmente ciego al género y a su intersección con otros ejes de desigualdad, va de la mano de la infravaloración de las áreas de investigación asociadas a los estudios de género.

Los desequilibrios no se corrigen por sí mismos con el paso del tiempo (Gráfico 2). La supuesta neutralidad y objetividad de las universidades oculta que son instituciones edificadas sobre los valores y trayectorias vitales de los hombres. La mera incorporación de las mujeres no basta para erradicar los roles y estereotipos sociales de género. Es por ello que las políticas de igualdad de oportunidades son insuficientes sin una estrategia complementaria para el cambio cultural y organizativo de las universidades. Ya está inventada: la perspectiva de género es de carácter obligatorio, aunque las universidades se resistan a su implementación con la connivencia de las autoridades gubernamentales responsables de la política universitaria

Gráfico 1

image00ISCED 5A: Alumnado de grado; ISCDE 6: Alumnado de doctorado; GRADO A: Catedráticos/as de universidad y profesorado emérito; GRADO B: Catedráticos/as de escuela universitaria, titulares y profesorado visitante; GRADO C: Ayudantes doctores/as y contratados/as doctores/as.

Fuente: Unidad de Mujeres y Ciencia, Científicas en Cifras 2013 (Ministerio de Economía y Competitividad, 2014).


Gráfico 2

image01Fuente: Unidad de Mujeres y Ciencia, Científicas en Cifras 2013 (Ministerio de Economía y Competitividad, 2014).

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