Desiderata para el 22-D

Una desiderata puede ser trivial o sustancial; arbitraria o razonable; utópica o realista. Su materialización, probable o improbable. La que pretendo formular la creo muy conveniente, aunque desafortunadamente bastante improbable.

Pretende ser una aproximación al Govern deseable que surja de las próximas elecciones prenavideñas. Deseable no tanto por su composición como por su actitud y -más allá de su gestión ordinaria- por sus principales objetivos, escalonados temporalmente en tres fases a lo largo de su mandato.   

Para verla realizada es necesario que -votos mediante- ninguno de los dos supuestos bloques o frentes en liza obtenga mayoría absoluta de escaños; es decir, que tiene que haber por lo menos una candidatura no encuadrada en ningún bloque. También sería posible si, como Berta Barbet apuntaba con acierto recientemente, los bloques en lugar de dos fueran tres. O mejor aún, sin bloques, con preeminencia de la declaración de intenciones comprensible y sincera de cada una de las candidaturas. Pero en los tiempos que corren quizás esto sea pedir demasiado, incluso como desiderata.

Insisto en lo de la no mayoría de escaños. Como es sabido, la regla d’Hondt y la distorsión derivada de que también votan los kilómetros cuadrados de territorio, suponen que no se produzca necesariamente la correlación de resultados en votos y escaños. Ya ocurrió en 2015 y dio origen al reiteradamente invocado “mandato para la independencia”, respaldado por menos del 50% de los votos emitidos y tan solo por un 35,68% del censo electoral.

Partiré de la descripción de tres bloques, aunque no determinados en función de las siete candidaturas con representación asegurada y muy probablemente exclusiva, sino determinados a partir del supuesto teórico de que los catalanes con derecho a voto pudieran elegir entre tres opciones, tres actitudes, tres propósitos y formas de gobernar Cataluña en esta nueva etapa poselectoral:

El bloque de los que solo aceptan la independencia como opción satisfactoria, aunque no sea ya la independencia exprés prometida, curiosamente también (ahora lo sabemos) en forma de desiderata (en adelante, bloque A).

El de los que creen adecuado el statu quo autonómico, con o sin algún eventual retoque constitucional que modifique algún parámetro menor del actual modelo. En este bloque podemos incluir la minoría de los partidarios de una involución centralizadora; e incluso los movidos por cierto espíritu de revanchismo o humillación del independentismo (en adelante, bloque B).

Y finalmente el de los que creen -creemos, no pretendo parecer neutral- que la independencia no es ni la única ni la mejor solución. Ni tampoco la más fácil o probable. Se trata de un bloque que incluye votantes que contemplan distintas preferencias: un referéndum legal y pactado (entre los cuales, sin duda, hay independentistas); una reforma constitucional de matriz federal; o un pacto estatutario que clarifique y mejore el autogobierno con cualquiera de las posibles variantes de tercera vía, algunas de ellas tal vez con un cierto componente expreso o implícito de bilateralidad. Un bloque, pues, más difuso y heterogéneo que los otros dos, pero con un rasgo que aporta una característica común suficiente: un alto grado de moderación, cuando menos comparativamente con el A y el B (en adelante, bloque C).

Me parece del todo evidente que no es exigible ni posible que los electores incluyan -incluyamos- nítidamente cada una de las candidaturas en uno de los tres bloques descritos. Con mayor motivo siendo tan poco probable que algunas, bastantes o incluso todas ellas, hicieran ofertas programáticas muy concretas y transparentes. Aunque quizás hubiera sido recomendable hacerlas, después de la avalancha de confusión y arrebatos vivida. Tal vez los electores opinen que la claridad y la concreción merecen premio.

Sin embargo, no creo descartable que el desarrollo de la campaña esté emitiendo indicaciones que ayuden, en alguna medida, a detectar tendencias de aproximación de las siete opciones a alguno de los tres bloques, influyendo así en la decisión de voto que -intuitivamente, soy lego en politología- se me antoja todavía muy volátil en este momento. Es más, diría que ya se ha emitido alguna indicación haya sido emitida y que existen espacios de ambigüedad que pueden decantarse por la moderación si la entendemos en sentido amplio. Incluso se puede especular con que, ante la necesidad de ofrecer expectativas de futuro, todas las opciones en liza reflexionen y acaben emitiendo también señales de dicha revisión.

Después de ese inevitable preámbulo, pasemos, pues, a la concreción de la desiderata anunciada.

Las premisas

La primera condición necesaria es que ni las candidaturas colectivamente ni los diputados elegidos individualmente encuadrables en los bloques A o B puedan formar gobierno. Para darle cumplimiento, existen dos posibilidades: a) que ni uno ni otro dispongan de apoyos suficientes para una investidura; o b) que, aun teniéndolos, alguna candidatura o suficientes diputados elegidos pertenecientes a uno de los dos bloques no acepten a otras candidaturas o diputados miembros del mismo bloque ni para formar Gobierno ni para que éste se vea demasiado condicionado permanentemente (por ejemplo, por excesiva radicalidad antisistema o por excesivo espíritu revanchista). Cumpliéndose esta premisa, las candidaturas o diputados del bloque C tendrían capacidad decisoria para formar un Gobierno tendente a la moderación si, como parece razonable, damos por supuesto que sería prácticamente imposible que los componentes de los bloques A y B llegaran a un acuerdo.  

La segunda condición necesaria es que esta capacidad de decisión de los miembros del bloque C no se use tan solo para completar la mayoría de uno u otro bloque y conseguir así la máxima moderación posible. Se debería usar con mayor ambición: participar -presidiéndolo o no- en la composición de un Govern híbrido, moderado y proclive a los parámetros básicos de la desiderata; es decir, priorizar determinados objetivos inmediatos en las dos primeras fases y posponer para una etapa más avanzada de su mandato un -asimismo- imprescindible objetivo. La desiderata no solo contempla los objetivos en función de su importancia, sino que los temporaliza por razones de oportunidad y urgencia. Y pasemos, ahora sí, al núcleo duro de la desiderata.

Primera fase: restañar heridas

Primera prioridad: activar mecanismos tendentes a generar un clima favorable a la recuperación de la convivencia a partir de la sincera vocación de ser el Govern de todos los catalanes. Capaz de recoser, zurcir y si hace falta bordar los espacios con roturas o que hayan sufrido síntomas o riesgo tangible de ruptura convivencial. Defender por encima de todo el patrimonio irrenunciable de la pluralidad. Conseguir que arraigue la idea de que nunca más se invoque el ‘bien’ contra el ‘mal’ en el debate político. Dar ejemplo en el Parlament de diálogo y respeto a las fuerzas políticas de la oposición, al margen, tanto como sea posible, de apriorismos derivados de las siglas partidistas y de las manifiestamente excesivas tensiones recientes. Es la prioridad más urgente porque, en última instancia, estas elecciones también se podrían plantear en términos de sociedad dual vs. pluralidad en la unidad civil.

Segunda prioridad: instrumentar, con la máxima solvencia técnica y política posibles, el objetivo de minimizar los ya inevitables efectos inmediatos del deterioro de nuestra estructura económica. Y de forma muy especial, por ser infinitamente más importante, focalizar el esfuerzo en los objetivos a medio plazo para evitar que los daños de este deterioro afecten a las futuras generaciones, cosa por desgracia todavía no descartable. Desterrar la subvaloración frívola de la magnitud, causas y efectos de las decisiones de los bancos y empresas que han trasladado fuera de Cataluña -de momento- sus sedes sociales y fiscales. Evitar nuevos daños colaterales relacionados con la desincentivación actual de inversiones y flujos como el turístico, la pérdida de oportunidades y los riesgos para captar o mantener grandes eventos periódicos o puntuales de importante impacto económico. Es una prioridad también urgente ya que, en última instancia, estas elecciones también se podrían plantear en términos de riesgo de autarquía/decadencia económica vs. continuidad y mejora de 40 años de notable progreso en la creación de riqueza.

Segunda fase: recuperar prestigio y vocación de sociedad abierta

Acreditar en todos los ámbitos, y muy especialmente ante el resto de España y la UE, el retorno de Cataluña a su esencia de sociedad abierta, plural y cosmopolita. Asimilar y ser consecuente con esta necesidad tanto si algún día hay independencia como si no la hay.

Para ello, el Govern debería ser taxativo contra todos los brotes de supremacismo y de repliegue endogámico. Y por supuesto, evitar ridículos.

Y debería entender dos importantes cosas más: a) que un país gobernado por personas a las que les gustaría que todos los catalanes fueran independentistas, o que solo se sintieran españoles, o de la misma religión o del mismo club de fútbol, sería un país gobernado desde la antesala del totalitarismo. Y b) que la forma eficaz de contribuir a cambiar y mejorar de forma permanente España consiste en mejorar permanentemente Cataluña y abandonar la pretenciosa idea de dar ‘pedagógicamente’ lecciones a España. A España se la mejora participando directamente en su gobernación, justo lo contrario de lo que hizo el president Pujol: ofrecer estabilidad a cambio de poco pescado y vetando que se incorporaran al Gobierno español dirigentes de CiU que tenían suficiente prestigio personal para poder elegir ministerio.

En cuanto a la UE, volver a la senda del europeísmo sincero y entusiasta. Pero de verdad, sin retórica vacía. Con un inequívoco sentido de formar parte de Europa y compartir rasgos y valores comunes y compatibles con su rica diversidad cultural e histórica. Profundizar internamente en la difusión de que la construcción de la Europa política es el marco real de la interdependencia posible, de la soberanía compartida que, afortunada e inevitablemente, comporta un creciente grado de dilución de los estados miembros. Asumir como propias las palabras (aproximadas, perdón por las traducciones) de tres líderes europeos: de Matteo Renzi en 2014: Es preciso construir en el menor tiempo posible una Europa política que nos represente en un mundo inexorablemente global en el que ni tan siquiera Alemania -sola- tendría ningún peso”. Las más recientes de Angela Merkel, que dijo después de su primera reunión con Donald Trump: Hemos de ver el actual presidente de los EEUU no solo, ni principalmente, como una posible fuente de problemas, sino como una ventana de oportunidad: ahora ya sabemos que no podemos esperar que desde fuera de Europa nos resuelvan nuestras debilidades; ahora ya sabemos que los europeos -unidos- las tendremos que resolver por nuestra cuenta”. Y también las lúcidas palabras de Emmanuel Macron, pronunciadas precisamente en Alemania el pasado día 26 de setiembre:Solo Europa, y ya no ninguno de sus estados miembros, está hoy en condiciones de garantizar a sus ciudadanos la soberanía. Solo estando protegidos por una Europa unida, capaz de hacer valer su fuerza, los ciudadanos europeos podrán defender sus intereses y valores comunes en un mundo global caótico”.

Tercera fase: recobrar la plena normalidad con el impulso del ‘Govern’ al debate político sobre el futuro de Cataluña

Sin duda, los eventuales lectores habrán detectado dos implícitos en el texto:

Por una parte, la insistente mención no solo a las candidaturas, sino también a los diputados a la hora de formar Gobierno. Tal vez sea un buen momento para apelar a la responsabilidad individual de los representantes electos más allá de la disciplina partidaria y a menudo tendente al sectarismo.

Por otra, que la priorización temporal de objetivos asignados a las dos primeras fases supone una invitación, solo como un elemento más de la desiderata, a un cierto stand by temporal, por parte del Govern, en el debate sobre las alternativas sobre la relación -o si se prefiere, el conflicto- Cataluña/España. Por supuesto que no se trata de ningún veto o tabú. Los partidos políticos, tanto los que apoyen el Govern como los de la oposición, dirán -o no- en todo momento lo que crean conveniente en todos los foros posibles (incluidos los trabajos en las Cortes Generales españolas si efectivamente se inicia un proceso de reflexión y posterior propuesta de reforma constitucional).

Obviamente, el debate sobre el futuro de Cataluña es imprescindible. La periodificación de prioridades tan solo quiere indicar que sería preferible impulsarlo desde el Govern después de haber conseguido avances significativos en los objetivos de las dos primeras fases. E impulsarlo en un contexto político más distendido y apto para la reflexión. Un debate sobre las distintas alternativas de futuro que, por razones que no creo necesario recordar, ha sido imposible substanciar con rigor durante el llamado procés.

Un debate, pues, sobre la idoneidad, ventajas e inconvenientes de las diversas propuestas para resolver el encaje o no encaje de Cataluña en España. Un debate sobre su grado de viabilidad en el marco legal vigente. Sobre las hojas de ruta propuestas y su verosimilitud para conseguir lo que proponen. Y en última instancia, si alguna de las propuestas consiste explícitamente en conseguir la independencia por una vía unilateral o revolucionaria, que el debate gire alrededor de las posibilidades reales de éxito y en términos de costes y disponibilidad de los ciudadanos para asumirlos, no vaya a terminar todo en otro desenlace tan grotesco y desastroso, o quizás más aún, que el incubado durante años y concretado recientemente.

Y sería conveniente impulsarlo desde el Govern básicamente por dos razones:  la primera, para intentar conseguir que se produzca en unas aceptables condiciones de rigor y racionalidad, sin eufemismos ni astucias, sin mentiras ni medias verdades, sin promesas infundadas, sin amenazas catastrofistas, sin propaganda ni directa ni subliminal, sin que nadie se atreva a hablar en nombre del pueblo de Cataluña, sin representaciones de opereta en el Parlament. La segunda, dado que desde el propio Govern -plural, híbrido- se defenderían opciones diferenciadas, poder dar ejemplo de cómo se debe desarrollar un debate realmente democrático, un ejemplo para dejar la situación encauzada hacia la normalidad cuando lleguen los siguientes comicios.

Si cada elector vota a partir del criterio de favorecer un Govern con un talante relativamente parecido al dibujado en esta desiderata, tal vez la misma no resulte tan improbable como parece. Ojalá. Sería un gran alivio para todos los catalanes, además de un consuelo para la inmensa mayoría que, precisamente el día 22-D, nos quedaremos sin premio en la lotería de Navidad.

Autoría

2 Comentarios

  1. Carlos López
    Carlos López 12-20-2017

    Creo que es obvio que desea la opción del tripartito de izquierdas (ERC-independetistas, Podem-autedeterminación, PSC-federealistas). En mi opinión la que está presente en ERC desde el incio del procés: “El Procés: la trama al desnudo” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/11/el-proces-la-trama-al-desnudo.html
    Pero a mi modo de ver parte de un diagnóstico erróneo. No sufrimos un enfrentamiento entre Cataluña y España sino entre catalanes nacionalistas y… el resto: “El relato no nacionalista” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/el-relato-no-nacionalista.html
    Lo que le lleva a caer en la equidistancia: “Equidistancia y prejuicios” http://pajobvios.blogspot.fr/2017/12/equidistancia-y-prejuicios.html

    • Arseni Gibert
      Arseni Gibert 12-22-2017

      Carlos López, gracias por el comentario. Al escribir el artículo es posible que más o menos conscientemente estuviera pensando en una determinada formación de gobierno aunque si así fuera no seria exactamente la que me atribuye. Recuerdo que apelaba a la autonomia de los representantes electos por encima de la disciplina, sobretodo cuando las circunstancias són extraaordinàrias i lo requieren. Conocido el resultado me consuela haber escrito que mi desiderata era improbable. Leeré con atención los links que me facilita. Saludos cordiales.

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.