Del fascismo al neopopulismo

La Gran Recesión de 2008-2009 ha inspirado muchos debates sobre el paralelismo histórico con la era de la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, especialmente en lo que tiene que ver con las reacciones políticas extremistas. El fascismo a menudo se ha comparado con el surgimiento de los movimientos y partidos de la ola nacional-populista de extrema derecha contemporánea, el fenómeno político de mayor trascendencia en los últimos 30 años.

Aunque la crisis económica actual difiere de la Gran Depresión tanto en profundidad como en contexto, y es necesario apuntar que no siempre existe un vínculo efectivo entre fascismo y neopopulismo (especialmente en lo que se refiere a sus orígenes, genealogía o extracción de cuadros), una vez que entramos a analizar las bases conceptuales e ideológicas las fronteras se diluyen y es posible identificar algunas continuidades del fascismo en los idearios de extrema derecha.

En este punto es necesario apuntar que estos idearios están metabolizados y adaptados a las nuevas problemáticas sociales: la extrema derecha que avanza por Europa asume parte del legado ideológico del nazismo y fascismo tradicionales, pero ha modernizado su discurso, y lo que es más importante: se ha integrado en el parlamentarismo. ¿Qué elementos de los idearios con base fascista son capaces de seducir a grandes masas en las sociedades europeas?

El primer elemento es el democrático: en ambos periodos, la extrema derecha se presenta a sí misma como capaz de traer soluciones a una esfera política cerrada, ampliamente consensual y totalmente adherida a un determinado modelo económico y social de base liberal. El componente populista ha formado parte del fascismo desde sus orígenes, ya que estos fueron los continuadores de todas las fuerzas políticas que desde la Revolución Francesa se habían opuesto al parlamentarismo, que consideraban una estafa oligárquica al servicio del gran capital internacional. Actualmente, los partidos de extrema derecha populista se presentan como algo distinto de los partidos tradicionales, una forma de protesta reaccionaria en contra de los alineamientos de la izquierda y la derecha tradicional y una crítica furibunda a la globalización neoliberal.

De esta manera, tanto los fascismos de los años 30 como los movimientos y partidos de la extrema derecha contemporánea han sabido detectar las angustias de la ciudadanía europea. Para el fascismo fue importante la incorporación de las masas en política (prometían una auténtica democracia de masas conducida por un gran líder carismático), cuyo correlato encontramos hoy en día en la apelación de la extrema derecha a la gente “ordinaria”, recurriendo a una identificación del partido con la ciudadanía trabajadora. Se presentan como partidos nacionales capaces de capitalizar el descontento antisistema, hasta lograr aparecer como una solución al caos existente.

Así, la distinción entre lo puro y lo impuro sigue siendo una parte esencial de la cosmovisión de estos movimientos y partidos. Hoy en día, para los partidos de extrema derecha, Europa y la civilización occidental están en declive a causa de la llegada de extranjeros. Así, el éxito de la extrema derecha en ambos periodos surge de la idea de que es necesario regenerar la nación para recuperar las esencias tradicionales necesarias para acabar con el país asediado e invadido (primero por la guerra, después por inmigrantes).

Sin embargo, existen diferencias sustanciales en los discursos y soluciones de ambos periodos. Debido a la existencia de leyes y tabúes antirracistas, las afirmaciones basadas en criterios raciales y genéticos han sido sacadas del cuerpo ideológico de la extrema derecha, enmarcando esta diferenciación en términos culturales y no raciales.

El argumento central es que los inmigrantes (especialmente de origen musulmán) constituyen una inminente y enorme amenaza para la identidad del propio país y su supervivencia, ya que su cultura y costumbres son incompatibles con la identidad del país tradicional. A partir de este elemento se fomenta y articula la identidad (se perfila un nosotros y un ellos particular) y se justifica la adopción de medidas radicales que solo el partido es capaz de adoptar frente a la ineficacia de los partidos tradicionales.

El chovinismo del bienestar o sistema de preferencia nacional (y no el Holocausto) se perfila como la solución para acabar con la decadencia en la que está inmersa Europa.

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